¿Y el Riachuelo?

Javier Navia
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11 de abril de 2006  

Tienen en común los ya endémicos cortes de sus puentes, tolerados por la pasividad activa del Gobierno. También comparten la alarma de los ecologistas; uno, por lo que podría llegar a ocurrir en poco tiempo, otro, por lo que ocurre desde hace casi dos siglos. Ambos desembocan en el Río de la Plata y, por ahora, las coincidencias terminan ahí.

Son el río Uruguay y el Riachuelo, y la comparación es hoy más valiosa que nunca, no sólo por la oscura y siniestra señal de alarma que representa el segundo para el primero, sino porque conviene analizar las diferentes actitudes de las autoridades para con ellos.

Sobre la polémica construcción de dos plantas de celulosa en la banda oriental del río Uruguay se lee y escucha mucho todos los días. Además de la movilización de los vecinos de Gualeguaychú, el caso ha despertado la conciencia ecologista de las principales figuras del Gobierno, que cada día contribuyen a avivar la disputa diplomática con Uruguay. La última de ellas fue la del ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien sostuvo que el presidente uruguayo "carece de poder" para frenar la construcción de las papeleras.

El Riachuelo, en cambio, hace rato que ha dejado de estar presente en las agendas oficiales y muy atrás quedó aquella frase de los "mil días". Hoy, la mayoría de los argentinos ni siquiera sabe quién es el secretario de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable de la Nación, y las aguas que pintó Quinquela siguen tan quietas y negras como en el siglo XIX, cuando desde los vertederos de curtiembres y mataderos comenzó su contaminación.

Si se ha dicho que sobre la construcción de las papeleras falta la realización de un informe que evalúe su impacto ambiental, del Riachuelo no puede decirse lo mismo. La semana pasada, la Auditoría General de la Nación difundió un preocupante informe sobre las peligrosísimas consecuencias sanitarias del actual estado de la cuenca Matanza-Riachuelo, donde viven 4 millones de personas.

Los datos son elocuentes: en el curso inferior de la cuenca existen 13 villas de emergencia de alta sensibilidad ambiental; el curso de ¿agua? recibe efluentes cloacales de los arroyos Unamuno, del Rey y Santa Catalina, lo que "convierte a la cuenca en una cloaca a cielo abierto"; en el área de Dock Sud hay cerca de 50 (!!!) establecimientos industriales, entre ellos dos refinerías de petróleo, ocho plantas de recepción y almacenaje de petróleo y sus derivados, cuatro plantas que almacenan productos químicos y una central eléctrica.

Al menos 35 dependencias oficiales de varios distritos tienen injerencia sobre el Riachuelo. Al jefe del gobierno porteño, Jorge Telerman, le preocupa el tema, pero piensa que es mejor trabajar que hacer anuncios; las autoridades provinciales -gobernador e intendentes- parecen tener menos poder que Tabaré Vázquez para hacer algo; y, si no hay marchas de vecinos transmitidas por TV, a la Nación el tema parece no importarle demasiado.

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