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Sobre el mat no está Daiana, sino Lisandro, su bebé de cinco meses. Mientras ella hace el guerrero con un pie sobre la colchoneta, su hijo sonríe buscando su mirada. Entonces el yoga resulta un bálsamo, las exigencias de la crianza se disipan y el post parto cobra un nuevo sentido. "La clase con los bebés favorece la conexión emocional y permite el fortalecimiento del vínculo", asegura Clara Varela Ricotti, creadora de Omana Bienestar, un equipo de instructores de yoga que trabaja en Zona Norte. Y aclara que en su espacio no sólo hay mujeres, sino que también papás que asisten con sus hijos.
Entonces, mientras un grupo de padres participa de una clase en Olivos, la instructora asegura que los archiconocidos beneficios del yoga se multiplican cuando la actividad se continúa después del parto. "Aprender a relajarse ayuda a afrontar la crianza. Los papás que mantienen una actitud distendida educan sin tensiones, de manera feliz y equilibrada. La búsqueda del bienestar físico y emocional siempre es fundamental. Pero lo es sobre todo durante el primer año de vida del bebé", explica Clara, que es licenciada en Recursos Humanos y hace diez años se volcó a esta actividad.
"Gracias al yoga pude reconocerme en este nuevo cuerpo, que es tan mío como aquel que tenía antes de la llegada de mi hijo", asegura Daiana Alonso, que tiene 32 años y asiste a clase en Omana con Lisandro, su bebé. "Además, cuando hago los ejercicios se me van los dolores corporales y no necesito analgésicos. Eso es clave mientras estoy dando la teta. Y como si fuera poco, llevar la respiración al abdomen me ayuda durante el puerperio, que a veces viene acompañado de angustia", apunta Daiana.

En la misma clase, Daniela D’ Amico, que empezó a practicarlo cuando su hija, Filipa, tenía un mes, asegura: "El yoga me enseñó a manejar otros tiempos que son fundamentales durante la maternidad". Y Diana Pinzón Ibáñez, de 35 años, que es mamá de Antonia, de diez meses, coincide: "A mi me alivia el estrés y la ansiedad. Una mamá feliz y tranquila equivale a un bebé feliz y tranquilo".
Por su parte, Mariela Villar, fundadora de Embarazo Activo, destaca que la presencia de los bebés en la clase de yoga post parto es sana desde todos los puntos de vista. "La diada entre madre e hijo es muy fuerte en los primeros meses de vida del niño. Por eso les cuesta tanto desprenderse", apunta la especialista, pionera en la práctica de ejercicio físico asociado a la maternidad.
En su centro, que tiene sedes en Recoleta y Belgrano, el yoga post parto está centrado en la mamá, que es quien lo practica, pero hay ejercicios que se hacen con el bebé. "Antes dábamos las clases individuales, pero desde el año pasado lo hacemos de manera grupal. Ser parte de una tribu ayuda mucho en este momento de la vida", apunta Villar, que de todas maneras procura que sean clases reducidas, con no más de siete mujeres con sus hijos por turno.

"Creemos en el trabajo psicofísico. Por eso entendemos que venir a clase con el bebé hace a una mejor recuperación post parto. Si los niños no estuvieran permitidos en clase, muchas mamás dejarían de asistir porque no tendrían con quien dejarlos. Una mamá que falta a clase es una mamá que no logra los resultados esperados", asegura Mariela, que es conocedora de las dinámicas maternales de las primerizas.
Apunta, además, que si bien los bebés pueden ser integrados en algunos ejercicios, también tienen una plaza blanda de juegos en el mismo salón, dónde son cuidados por especialistas. Y mientras habla, una de las instructoras le indica a una alumna cómo hacer la fuerza para que la postura salga bien. Entonces Villar señala: "Acá nada es automático. Una mujer informada sobre lo que está haciendo, ya sea durante el embarazo o en el post parto, es una mamá empoderada".
Catalina Maschietto es mamá de Francesca, de tres meses, y empezó a hacer yoga en Embarazo Activo durante la gestación, destaca que su útero va volviendo a su lugar gracias a la respiración y los ejercicios específicos para esta etapa de su vida. "Si uno no hace nada, el cuerpo se va poniendo rígido", asevera. Similar es el caso de Ana Grunbaum, que tiene a Francisca, de tres meses y medio, y acaba de participar de la meditación en la sala. "A mí me disminuye las contracturas, me ayuda a estar más ágil, con más energía y capacidad de concentración", asegura.

Por su parte, María Paula Aguer, que es mamá de Amalia, de tres meses y medio, agrega: "El yoga me cambió la vida en todo sentido. Desde lo espiritual hasta en relación al manejo de la ansiedad. Lo practiqué hasta la última semana de embarazo, seis veces por semana, y volví después de tener a mi hija. Por eso, cuando Amalia escucha la música que escuchaba desde la panza, me mira y sonríe. Es una beba de un carácter hermoso. Y eso tiene que ver con que su mamá siempre estuvo enfocada en el aquí y ahora".
Por otro lado, en Omana Bienestar cuentan que muchas mamás dudan en llevar a su hijo a clase por miedo a que llore y complique la dinámica. "Nosotros les explicamos que en el post parto los bebés siempre son bienvenidos. Se los puede amamantar, cambiar el pañal o hacer lo que haga falta si lloran. Es una clase pensada para mamás que están atravesando las mismas condiciones. Por eso hay clima de soporte, dónde incluso las más experimentadas ayudan a las primerizas", asegura Clara y especifica que es lógico que los bebés necesiten un período de adaptación.
Con el alta del obstetra
En relación a cuándo una mujer puede empezar a asistir a clase de yoga post parto con su bebé, Mariela Villar señala que sólo después de que tiene el alta de su médico obstetra. "Esto suele ser al mes o los cuarenta días, si el parto fue vaginal. Y a partir de los dos meses, aproximadamente, si fue una cesárea", explica. Pero además, Mariela tiene un límite en función de la edad de los niños para participar de las clases. "Diría que hasta los seis meses de vida, más o menos, dependiendo de cada bebé. Porque un chico que gatea y se mueve por todo el espacio ya no puede ser parte de la clase", asegura. Y Clara coincide plenamente en relación a los tiempos.

La clase en Omana dura una hora y cuarto y la dinámica suele empezar con "un ejercicio de toma de conciencia de la presencia del bebé en la sala", porque todo estará adaptado a él. "Les contamos que vamos a hacer yoga con ellos. Y sólo después de entrar en clima, se hacen las primeras posturas, respiraciones y sonidos, siempre intercalando los movimientos con masaje Shantala al bebé", apunta Clara.
Señala que en su clase se practican asanas específicas para el post parto; que la meditación es de Hatha yoga; y que el masaje consiste en una suave estimulación sensorial con caricias. Y después de la relajación, que sirve para consolidar el trabajo realizado, la instructora invita a terminar con "una visualización hacia el bebé, que permite calmar la mente y desarrollar la intuición".
En lo que respecta al trabajo físico del post parto, Mariela Villar es contundente. "Tenemos muy buenos resultados en la recuperación del tono de la zona abdominal y del suelo pélvico. Además, proponemos ejercicios para mejorar la postura, que después del embarazo y durante la lactancia son muy necesarios", asegura. Pronto aclara: "En el yoga post parto los abdominales tradicionales están desterrados porque presionan el suelo pélvico y eso puede provocar una diastasis abdominal (separación de los músculos)".
Entonces Clara coincide en que este tipo de yoga permite contrarrestar las molestias en la espalda producidas por malas posturas asociadas a la lactancia. "Brinda flexibilidad en la columna vertebral, control del suelo pélvico y ayuda a recuperar progresivamente el tono de la musculatura abdominal. Además, mejora las articulaciones y la liberación de toxinas del cuerpo, facilitando la circulación de la sangre", detalla la líder de Omana.
Sin embargo, como el yoga es una actividad netamente integral, se preocupa por volver a aquellas ventajas emocionales de esta actividad que en el mundo suma cada vez más adeptos. "El yoga contribuye al control de nuestras emociones, mejora el humor y la empatía. Además, fortalece el sistema inmunológico, reduce los niveles de cortisol –causante del estrés– y facilita el sueño", detalla Clara. Y en voz alta y de manera retórica, se pregunta: "¿Cómo no va a ser fundamental hacer yoga en este momento de la vida?".





