
Chateamos de la misma forma en que hablamos
Mi columna del 19 de marzo último ( La tecnología que iluminó a la humanidad ) me deparó muchas y muy apasionadas cartas de personas que comparten esta bendición de leer libros y diarios.
Como advertí en esa nota, tenemos a la computadora personal e Internet sentadas en el banquillo de los acusados en la causa que se les sigue por haberles robado a los jóvenes la lectura. Esto no sólo es injusto, sino irresponsable.
Entre los principales sospechosos se menciona el chat , que -afirman los fiscales- no sólo hurta tiempo para los libros, sino que, peor aún, corrompe la escritura.
Dejando de lado que la demonización de la tecnología nunca ha servido para mejorar las cosas, con el chat ocurre un fenómeno extraño. Como leemos y escribimos en lugar de hablar, estamos convencidos de que se trata de escritura. No es exactamente así.
Una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida universitaria fue el haber sido alumno de Beatriz Lavandera, a la que se considera fundadora de la sociolingüística en América latina. De las muchas cosas que esta mujer brillante nos enseñó en sus apasionadas clases fue que el lenguaje humano, no la escritura, sino lo que hablamos, es mucho más que gramática y ortografía, es una potencia de la naturaleza, vinculada al contexto, la expresión del rostro, al cargo del que habla y del que oye, a la realidad. La escritura es una foto del bosque. El lenguaje humano es el bosque en sí.
El chat es una nueva forma de comunicación que está a medio camino entre el hablar y el escribir. De hecho, el escribir es, en el chat, una excusa. Observe.
En primer lugar, nadie escribe para que lo lean en el momento. Siempre se escribe para después. Si no, hablamos. En el chat es al revés. En el chat escribimos como hablamos, y lo hacemos para ser leídos en tiempo real, ahora. Eso es nuevo.
Segundo, aunque no somos conscientes, al hablar estamos constantemente quebrantando las reglas de la gramática (o más probablemente usando una gramática diferente), dejamos frases sin terminar, respondemos con un gesto o un guiño, pronunciamos como nos sale, cometemos lapsus linguae , nos saltamos palabras y utilizamos suspiros y bufidos.
Por eso no tiene sentido esperar que el chat contenga escritura académica. Nuestro hablar tampoco lo es. El chat está ahí para vincular, y chateamos como hablamos, disponemos de una gran variedad de abreviaturas y emoticones que reemplazan las expresiones faciales o dan la pauta sobre las condiciones del contexto ( jefe cerca , teléfono , ya vengo ).
No, no es lo mismo que hablar. Pero definitivamente no es sólo escribir.







