
Las computadoras tienen razones que la razón no entiende
Problemas extraños con soluciones aún más extrañas
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En estos días hemos recibido una gran cantidad de mensajes de los lectores consultando sobre fallas de sus sistemas. El espectro es muy amplio. Desde monitores que no exhiben ninguna imagen hasta tarjetas de audio que impiden una conexión a la Internet. Amplio y, en algunos casos, de lo más exótico.
Como siempre, hacemos lo posible por indicar una o más soluciones, si esto es posible con los datos aportados por nuestros lectores; si no es así, solicitamos información adicional. Sin embargo, en la urgencia por hallar una respuesta uno suele dejar de lado la reflexión sobre la naturaleza de las fallas digitales.
Es un hecho que la industria no ha sabido ofrecerles a sus clientes una plataforma equivalente a la de los autos o los aviones. Basta imaginar lo complicado que sería llegar a destino en coche o lo fatídico de volar a Europa, si el transporte exhibiera los bugs , caprichos e incompatibilidades de la informática personal.
Pero también es un hecho que, fuera de premiar a las empresas más responsables al elegirlas y esperar que con esto y un poco de tiempo el negocio se vaya depurando, algo que, con lentitud exasperante, ha venido ocurriendo en los últimos veinte años, no hay mucho más por hacer. Excepto, claro, intentar entender las peculiaridades de la combinación de hardware que hemos llevado a casa.
La dimensión desconocida
Anécdotas, para graficar esto, abundan. Recuerdo, por ejemplo, un disco duro Seagate que no aceptaba ser esclavo de un Maxtor, muy a pesar de que las conexiones y los jumpers estaban bien. Al revés, sin embargo, todo marchaba bien, lo mismo que si ponía otro Seagate como maestro. Increíble.
Hace poco instalé una SoundBlaster Live! en una PC con Windows 2000. Elegí la ranura ( slot , en la jerga) más alejada de la AGP, donde hay una potente tarjeta de video que, por cierto, calienta bastante. Para permitir una mejor circulación de aire entre ambas, puse la Live! en el último slot PCI. Tras iniciar el equipo y usarlo cinco minutos, apareció la pantalla celeste de Windows 2000 con un error de hardware. El sistema se había detenido.
Le di al asunto unas cuantas vueltas y probé la tarjeta en la misma máquina bajo Windows 98 y Linux, sin problemas. Muy raro. A problemas raros, soluciones raras. Cambié la tarjeta de slot, subiéndola un escalón. Los cuelgues seguían, produciéndose a veces cuando enchufaba o desenchufaba los parlantes.
Había visto cosas extravagantes en mis experimentos informáticos, pero ésta era realmente de otro mundo. Estaba quitando la tarjeta para poder usar la computadora cuando recordé la época en que las placas debían enchufarse en cierto orden específico en las ranuras Local Bus . ¿Qué pasaba si usaba la que estaba junto al slot AGP, etiquetada como 1?
El problema quedaba resuelto, eso pasaba. Desde ese cambio, realizado ya hace cuatro o cinco meses, la máquina funciona día y noche, sin apagarse nunca, y la uso para probar juegos, conectarme a la Red, escribir y hasta como contestador telefónico. El cuelgue desapareció por completo.
Manuel H. Castrillón, del suplemento Informática, intentó esta semana instalar el Go Live 5.0 de Adobe en su computadora de la Redacción, una de las varias plataformas donde tenía que probarlo para escribir el artículo que aparece en esta edición (página 12). En otras computadoras, el software se instaló en un santiamén. Aquí, sin embargo, se quedaba colgado al preguntar si aceptaba la Licencia de Uso. Intentó en otra PC de la Redacción de Informática. Lo mismo. Me lo pasó y también en mi equipo se congeló en ese cuadro de diálogo.
Tras consultar con el soporte técnico de Adobe (un 0800 que lo comunicó con una oficina en Costa Rica), le sugirieron arrancar la máquina en el Modo a prueba de fallos de Windows antes de instalar el GoLive . Y funcionó. Seguramente los drivers de red (el único factor común entre los equipos de Redacción que no están presentes en las otras máquinas donde Manuel había instalado el software) se estaban llevando mal con el instalador. Un bug, claro, pero bien disparatado, aunque aleccionador.
Sigamos: con dos tarjetas de audio es posible conectar dos joystick a una computadora. La pregunta es, ¿para qué puede querer alguien dos joystick? Simple: muchos juegos viejos no reconocen las palancas digitales más nuevas, así que conviene tener siempre un modelo analógico (o con opción analógica, como el Sidewinder 3D Pro de Microsoft) para tales casos.
En estos días volví al venerable y excepcional EuroFighter 2000 de Digital Image Design, una compañía que hoy pertenece a Rage. Al EF2000 no le gustan los joystick digitales, así que desempolvé el rudimentario Sidewinder 3D Pro y lo conecté al enchufe libre.
Luego fui al Panel de control e intenté agregar otro dispositivo de juegos. Problema: la detección automática de los Sidewinder de Microsoft decide por sí misma qué puerto de juegos usar, no importa lo que usted elija en el cuadro de diálogo. Y siempre elige el primer puerto.
Como ya hay otro Sidewinder en el puerto 1 (un Force Feedback), Windows 2000 no añadía el segundo mando; solamente actualizaba el Force Feedback. Probé varias cosas obvias, como quitar ambos y agregarlos en diferente orden, sin éxito.
Solución: evitar la detección automática de los Sidewinder por parte de Windows, ingresando el 3D Pro como un joystick de 6 botones, 3 ejes, con acelerador y control de punto de vista (POV, en la jerga, por Point of View ). Ahora sí, tenía el segundo control instalado.
Segundo problema. El EF2000 no permite elegir entre varios joystick, como los juegos más nuevos, y simplemente elige el que está conectado al puerto 1. ¿Apagar la máquina y cambiar los cables de lugar? No me gusta apagar computadoras, y mucho menos esperar hasta que terminen de bootear. Así que volví al Panel de control y cambié la asignación de puertos. Funcionó.
En resumidas cuentas: la cantidad de componentes individuales de hardware que interactúan para que una PC funcione son varios cientos de miles (dejando de lado los transistores de un microprocesador), y pueden llegar a varios millones si discriminamos cada una de las líneas de código que constituyen el software de sistema, aplicaciones y drivers. En un universo así, las leyes del caos rigen con todo vigor.
Las soluciones a muchos problemas realmente suenan a dislate, pero funcionan. Como aquella tarjeta de video que sólo pasaba al modo SuperVGA de Windows si uno apagaba y volvía a encender el monitor. Naturalmente, hay razones técnicas para que estos extraños trucos sirvan; y muchas de esa razones tienen que ver con errores de programación.
La cuestión es encontrar un atajo y hacer andar la máquina, aunque de entrada no sepamos qué ocurre. Por eso, si se le ocurre algo extravagante para resolver un conflicto estrafalario, adelante.






