Mitos, leyendas y hechos sobre el poder oculto de los memes

Dos sociólogos analizan estos populares subproductos de las redes sociales; en la foto, el biólogo y etólogo inglés Richard Dawkins, que acuñó el término "meme"
Dos sociólogos analizan estos populares subproductos de las redes sociales; en la foto, el biólogo y etólogo inglés Richard Dawkins, que acuñó el término "meme" Crédito: SHUTTERSTOCK
Débora Slotnisky
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8 de febrero de 2020  • 00:34

El resultado de un encuentro deportivo, los discursos de los políticos y hasta la declaración de una persona famosa son motivo de proliferación de memes (palabra acuñada por el biólogo Richard Dawkins), esas imágenes editadas que se viralizan rápidamente por los canales digitales y provocan la risa de los usuarios que las reciben.

Pero detrás de las carcajadas es importante entender que no estamos ante meras piezas de humor. "Al igual que el chiste, que devela algo sobre lo que produce, el meme siempre tiene una carga ideológica. Por eso, ante un mismo hecho puede haber dos memes que presentan el tema de una forma totalmente contrapuesta. En resumen, estamos ante un fenómeno similar al del chiste, pero en épocas de redes sociales. Además, puede ser producido por cualquiera", detalla Pablo Alabarces, doctor en Sociología, profesor de la UBA e investigador del Conicet.

Pedro Damián Orden, licenciado en Sociología, especialista en tecnología y presidente del Colegio de Sociólogos de la provincia de Buenos Aires, coincide en la construcción que está detrás del meme, por lo cual no estamos ante una imagen trivial.

Entre otras características, estas piezas circulan por el mundo online sin que, en general, nadie sepa quién es su autor. Además, es exponencialmente replicable y tiene la posibilidad de ser a su vez transformado. "También juega con la idea de que cualquiera de nosotros podría crear uno con un herramienta simple de edición de imágenes", observa Alabarces.

"La cuestión del anonimato es crucial ya que esto tiene la capacidad de estimular la emergencia de conductas que pueden no ser socialmente aceptadas. Los memes son de todos y no son de nadie. Es decir que su inmaterialidad y replicabilidad con costos cercanos a cero favorecen su carácter viral", agrega Orden.

Mucho más que una imagen

Dada que los memes llegan a un público extremadamente masivo, su carga humorística depende de quién los interpreta. "En definitiva, son creados para interpelar a un colectivo, por lo que hay que pensarlo como un formato de comunicación orientado a generar una toma de posición, independientemente de su contenido. Desde esta línea argumentativa, y respecto al punto específico respecto de si hay intereses ocultos detrás de determinados memes, evidentemente es muy probable que una parte de los memes sean creados con objetivos poco nobles, pero eso no es ni más ni menos que lo ocurre también en los diversos intersticios del campo cultural", opina Orden.

Si bien a priori se trata de una imagen con o sin palabras, los memes son y han sido utilizados para estimular a quienes los consumen.

"En procesos de convulsión social tales como las revueltas ocurridas en el último tiempo en Europa y América latina, los memes juegan un papel preponderante en la acentuación de las denominadas "grietas" sociales o en el ataque o reforzamiento de personajes o hechos públicos", acota el presidente del Colegio de Sociólogos de la Provincia de Buenos Aires.

De todos modos, Alabarces aclara que no tienen poder para manipular a la audiencia. "Si bien cualquier contenido produce un efecto en la audiencia, no es capaz de manipularla. De hecho, la teoría de la manipulación ya ha sido refutada aunque últimamente se vuelva a insistir con ella. En resumen, el meme no manipula, pero resulta útil para reforzar determinados pensamientos. Por ejemplo, si el meme dice A, reforzará la opinión de lo que piensan así y generará rechazo entre los que piensan B".

La explicación de este sociólogo está en línea con ciertas investigaciones sobre el uso de redes sociales, según las cuales, lejos de ser plataformas en las que uno accede a una pluralidad de opiniones sobre diversos temas, se conecta con aquellos que piensan de la misma manera, excepto que el usuario tenga ganas de discutir con otros. De esta manera, el objetivo no es convencer ni debatir, sino, simplemente, pelear.

Mirada atenta

En conclusión, si bien no existe información probatoria suficiente acerca de la existencia de grupos políticos o actores sociales organizados que generen contenido para desestabilizar regiones, gobiernos o personas, y -siguiendo los planteos de los entrevistados- tampoco es cierto que los memes logren incidir directamente en el comportamiento sociopolítico de las personas, de todos modos resulta fundamental que accedamos a ellos sin una mirada ingenua. Es decir, a sabiendas de que detrás de estos contenidos hay una intencionalidad.

Por eso es que el consejo de los sociólogos es concreto. Consumamos memes para reírnos y disfrutarlos, pero manteniendo siempre una postura crítica que nos permita interpretar, dentro de nuestras posibilidades, los intereses que anidan en una creación. "En caso de creer que su contenido es tóxico, simplemente hay que desestimarlo y desecharlo", aconseja Orden.

Evidentemente, los memes, aunque muchas veces logren tener varios días de fama y hasta lleguen a ser tema de los noticieros televisivos, en realidad son como las mariposas, tienen un ciclo de vida muy corto, y su impacto se detiene cuando deja de ser compartido, atendido y reconocido por los otros. Son, además, sumamente reciclables.

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