Una computadora se hizo pasar por un chico y superó por primera vez el test de Turing

En una conversación de chat logró hacerle creer a los jueces que se trataba de un adolescente de 13 años; el test, creado en 1950 por el matemático Alan Turing, es una forma de medir la inteligencia artificial
Javier Salas
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9 de junio de 2014  • 13:29

Este fin de semana, en la sede de la Royal Society de Londres, ha tenido lugar un logro relevante que ha alcanzado grandes titulares en la prensa tecnológica y generalista. Finalmente, y tras varias ocasiones en las que se estuvo a punto de lograrlo, una máquina ha sido capaz de superar el celebérrimo test de Turing . Una prueba que, en la idea original del matemático Alan Turing , permitiría señalar que una computadora es "inteligente". ¿Es un hito? Sí, sobre todo por la relevancia histórica de la propuesta de Turing. ¿Quiere esto decir que hoy son más inteligentes los ordenadores que hace una semana? En absoluto.

Quien ha logrado superar el reto es un robot conversacional llamado Eugene Goostman, que finge ser un niño de origen ucraniano de 13 años, y que ha sido desarrollado por tres informáticos rusos. No es la supercomputadora más lista del mundo, ni un ordenador de última generación capaz de comerle todos los peones a Magnus Carlsen. Es un simple programa, una simulación creada para que parezca que hay algo inteligente al otro lado: no es inteligente, sino que sus desarrolladores han sido capaces de que logre imitar a una persona.

E imitan a una persona que no es especialmente inteligente, y ahí está el truco: es un niño cuya lengua nativa no es el inglés. Por tanto, no se puede esperar que sepa gran cosa, ni que se exprese especialmente bien. Con que dé el pego con frases muy humanas es suficiente. "Pasamos mucho tiempo desarrollando un personaje con una personalidad creíble. Nuestra idea principal era que pueda asegurar que sabe algo, pero por su edad también es perfectamente razonable que él no lo sepa todo", aseguró Vladimir Veselov, s egún recoge una nota de la Universidad de Reading, organizadora del evento.

Eugene superó el test de Turing tras confundir al 33% de un jurado compuesto por expertos en inteligencia artificial y personas sin formación específica en la materia, durante conversaciones de chat de cinco minutos. El mínimo requerido para superar la prueba es confundir al 30% de los jurados y, con este objetivo, se desarrollaron este y otros programas que habían estado a punto de lograrlo antes. El propio Eugene se quedó en el 29% hace un par de años y en 2010 Suzette había conseguido engañar, por primera vez, a uno de los jueces, alzándose con el Premio Loebner, que organiza un concurso de test de Turing anualmente.

"Este año hemos mejorado el controlador de diálogo, que hace que la conversación sea mucho más parecida a la de los humanos en comparación con los programas que simplemente sirven para responder a las preguntas", explica Veselov, uno de los creadores del programa y especialista en codificación semántica de Amazon. Este tipo de chatterbots, como se denomina en inglés, es el tipo de software que se usa en webs comerciales para ayudar a los clientes con sus compras.

Repercusión mediática

Manuel de León, director de Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT-CSIC), explica que la trascendencia real del logro es muy escasa. Según explica a Materia, Turing creía que si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe de ser inteligente . "Sin embargo, el desarrollo de la inteligencia artificial ya no se mueve por ese camino", explica. Cuando El matemático británico escribió su texto Computing Machinery and Intelligence en 1950 fue como poner el asfalto de la primera gran carretera hacia la inteligencia artificial. 64 años después, se han construido autopistas y autovías mucho más sofisticadas, y el test de Turing es una vía muerta hacia el desarrollo de estas tecnologías.

"Esta victoria no supone ningún avance, no va a cambiar las cosas. Es más la parte icónica, sobre todo ahora que hemos celebrado el año de Turing, la repercusión social y mediática", resalta De León, para terminar recordando que en su entorno no ha causado el más mínimo revuelo: "Soy miembro del comité ejecutivo de la Unión Matemática Internacional, y cada vez que ocurre algo interesante no tardamos nada en cruzarnos comentarios. Esto sucedió el sábado y nadie ha comentado nada", zanja.

La importancia no está, por tanto, en que se haya logrado un avance en el terreno de la inteligencia artificial sino en lo simbólico: la frontera entre lo humano y lo robótico cada vez es más complicada de dibujar en un mundo en el que ya triunfa Siri, el asistente de los dispositivos de Apple, y Watson, un superordenador capaz de derrotar a las personas en concursos de la tele usando la ironía. También se había superado el test de Turing en otros ámbitos, como en el de los videojuegos, consiguiendo que bots parecieran jugadores humanos . Para mayor simbolismo, Eugene logró su hazaña el 7 de junio, justo seis décadas después de la muerte de Turing .

El profesor de cibernética de la Universidad de Reading y responsable del histórico evento del sábado, Kevin Warnick, asegura que "por supuesto, la prueba tiene implicaciones para la sociedad hoy en día. Tener un ordenador capaz de engañar a alguien haciéndole creer que es una persona de confianza es toda una llamada de atención sobre los delitos informáticos". "El test de Turing es una herramienta vital para luchar contra esa amenaza", defiende. Pero, como dice el experto Ramón López de Mántaras, "la inteligencia artificial ya está en todas partes" y tratar de imitar la humana "es absurdo".

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