El juego usaba una piedra como tablero; las reglas se transmitían en forma oral, y se perdieron en el tiempo; analizando las marcas de uso en la piedra la IA encontró un conjunto de reglas posible
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Durante siglos, los arqueólogos se han enfrentado a una incógnita: cómo se jugaban a unos juegos de mesa de antiguedad milenaria, tableros de piedra con marcas misteriosas, pero de los que no sobreviven sus manuales de instrucciones. En la antigua Roma, los juegos eran una parte vital de la vida cotidiana, pero sus reglas se transmitían mayormente de forma oral, por lo que terminaron perdiéndose con el tiempo.
Sin embargo, gracias al Digital Ludeme Project, liderado por investigadores de la Universidad de Maastricht, la inteligencia artificial (IA) está logrando lo que parecía imposible: reconstruir las reglas de juegos como el Ludus Latrunculorum y el recién descubierto Ludus Coriovalli.

El proyecto se apoya en un concepto base: el ludeme, la unidad básica de un juego, un componente o regla individual, como el movimiento ortogonal de una pieza o la captura de una zona del tablero. El equipo del proyecto utiliza el sistema Ludii, una biblioteca digital que descompone miles de juegos en estos componentes básicos para analizar sus similitudes y evolución.
Para reconstruir un juego, los investigadores siguen un proceso riguroso: primero, para identificar lo conocido, al recopilar datos de textos antiguos (como los de Ovidio o Varro) y hallazgos arqueológicos; luego, llenar los vacíos con reglas basadas en juegos “cercanos” en tiempo, espacio o cultura; por último, delegar en la IA una simulación masiva con jugadores virtuales que compiten entre sí en miles de partidas utilizando las reglas propuestas.

¿Cómo sabe la IA qué regla es la correcta?
La IA no solo busca que el juego funcione, sino que sea plausible y entretenido. Utilizando algoritmos avanzados como el árbol de búsqueda de Monte Carlo (el mismo que permitió a AlphaGo vencer a campeones humanos), el sistema evalúa métricas de comportamiento: si las partidas son infinitas, si hay un equilibrio entre los jugadores o si el juego es coherente.
Un caso revolucionario fue el del tablero de Coriovallum, un trozo de piedra caliza hallado en los Países Bajos. Al no existir registros escritos, los investigadores utilizaron la IA para probar más de 100 conjuntos de reglas posibles. Lo innovador fue que compararon los movimientos simulados por la IA con los patrones de desgaste físico (abrasiones) en la piedra original: la zona donde estaba gastada la piedra debía ser, por lógica, central en la dinámica del juego. La simulación que mejor replicó el desgaste reveló que se trataba de un juego de bloqueo, empujando la existencia de este tipo de mecánicas en Europa varios siglos antes de lo que se creía.
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