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Solía ser Notting Hill. Solía ser Camden Town. Ahora es East London. También conocida como East End, esta zona fue históricamente relegada por el establishment británico. A medida que Londres consolidaba su papel de centro financiero, el Este industrial mutaba en una de esas áreas que toda gran ciudad busca ocultar.
Peligrosa, roída, plagada de junkies y hooligans chamullando cockney, el lunfardo inglés. Comprar una propiedad en este barrio era, décadas atrás, una ganga. Así fue que muchos artistas, fotógrafos y diseñadores comenzaron a montar sus estudios en los talleres abandonados.
Para el final de los 90, este barrio se convertía en un territorio trendy, indie, pop, fashion, arty y hasta techie porque el Silicon Roundabout ?el Silicon Valley de UK? está en East End. Todo tan, tan Londres que fue escogido para ser el epicentro de los juegos olímpicos en 2012.
Esta zona puede ser inconmensurable y pese a estar viva de lunes a lunes, los domingos son la clave. Llegar desde cualquier punto de la urbe es fácil. El único requisito es arrancar más temprano que la muchedumbre y elegir Liverpool Street Station como punto de partida. Allí, entre las construcciones georgianas y pegado a la iglesia barroca más encantadora de Londres ?Christ Church Spitalfields? yace Spitalfields Market.
Este viejo mercado cubierto, que modernizó cada detalle de su estructura, permite encontrar prendas de diseño independiente, mascotas de lana, comidas y postres artesanales, colecciones de revistas y fotos vintage. Todo organizado con cierta exquisitez y rodeado de restaurantes como Leon, Girraffe o GTK, una suerte de equilibrio entre cocina de paso y gourmet.
Treinta metros después de atravesar Comercial St., sobre Hanbury St., el suelo que debería marcar el espacio para aparcar muestra una paloma manchando un automóvil. A partir de ese punto uno ingresa al más "in" de los Estes: Brick Lane. Entre stencils a lo Banksy ?un popular artista del grafiti inglés? e instalaciones gratuitas, el arte urbano se torna omnipresente. Las tiendas, las disquerías, las librerías y hasta las agencias inmobiliarias sintonizan con una implícita estética indie.
Como puerta de entrada, el Sunday Up Market, que durante la semana funciona como un estacionamiento, alberga cientos de puestos en un ambiente poco pulido pero auténtico. La oferta es vasta: comidas, bebidas, ropas, diseños originales, juegos de mesa, masajistas... Dos ejemplos para contextualizar la feria: café tradicional etíope hecho en vasijas de barro y sacos Yves Saint Laurent reciclados.
Las mejores salidas aquí son las puertas traseras. Las del Sunday Up desembocan en Stolenspace, una galería con exhibiciones asombrosas. Rodeando la esquina hay un callejón conocido como "Dray Walk" que incluye en su lista de vecinos a Ruough Trade, The Big Chill Bar, Café 1001, una concesionaria Piaggio Vespa y un puesto de hamburguesas con terraza propia, rústica, claro, devenida en pasarela indie-arty style.
Pegada está la calle Brick Lane que tiene dos extremos: uno, plagado de restaurantes indios famosos por su oferta bring your own drink y sus platos al curry. El otro conduce al viejo mercado.
Brick Lane funde y confunde vendedores callejeros, negocios, bares, galerías y jóvenes sentados en el piso vendiendo las sobras de sus armarios por £1. Uno puede encontrar ropa, telas, baratijas, productos de limpieza, alfombras y hasta bicicletas robadas a precios ridículos. El regateo es la regla. Un imperdible en Brick Lane es Beigel Bake, una institución de la comida al paso que vende bagel ?pan de trigo con un agujero en el medio? relleno de queso crema, carne o salmón.
Cada calle lateral de este paseo constituye una verdadera aventura. Sclater St., por ejemplo, mezcla el mercado tradicional con locales de ropa vintage ?The Brick Lane Thrift Store y Sperette? donde todo el secreto es revolver canastos con olor a los 60, 70 y 80.
Dejando atrás Brick Lane por Bethnal Green encontramos Richmix, un cine café que también cobija un minimercado artesanal los fines de semana. Siguiendo por Bethnal Green casi en la intersección con Shoreditch St. hay una muestra del status del Este: Lounge Lover, un bar en el que Madonna festejó su cumpleaños.
Para el resto de los mortales, un paseo por Shoreditch St. hacia Hackney Rd. es una invitación a perderse entre los cientos de bares, pubs y clubes que ofrece el vecindario. Al final, el aburguesado Hoxton Square: allí donde están la galería White Cube) y los bares Hoxton Square Bar & Kitchen y Macondo, allí donde McQueen (el diseñador) instaló su atelier, allí donde el Este relamió su propia dejadez y la transformó en tendencia.
Cuánto cuesta viajar a Londres
En enero, las tarifas rondan los 1.300 dólares, con impuestos incluídos. Pero cada aerolínea ofrece un tramo diferente:
British Airways realiza un vuelo sin cambio de avión pero con escala en San Pablo.
Aerolíneas Argentinas, lo hace via Madrid y luego conexión con Air Europa a Londres, con cambio de avión. Lo mismo sucede con TAM, pero via San Pablo.
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Relato: Ignacio Román
Fotos: Paula Salischiker
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