Un lugar llamado Raco

(0)
17 de julio de 2015  • 00:00

Durante décadas, sólo los Paz Posse, los Ruiz de Huidobro, los Colombres y un puñado de familias tucumanas visitaban estas colinas casi selváticas surcadas por ríos y arroyos para escapar del calor intenso de la ciudad. Los años trajeron nuevos loteos, otras casas cubrieron el valle y los apellidos se multiplicaron, pero Raco no perdió su carácter de refugio íntimo, casi oculto. Y así piensa seguir. Con su única calle asfaltada ?la ruta 341?, su señal de teléfono intermitente, su par de almacenes y un bar que abre cuando quiere, los chicos andando a caballo, las casas sin número y de puertas abiertas. Con su aire campestre, su brisa fresca de la tarde y sus noches estrelladas.

Los que vienen por el verano o en plan de escapada son tan fanáticos que lo consideran el mejor lugar del mundo, sin parangón. Los enamorados de Raco, además, tienen una simpática pica con los que veranean en Tafí del Valle, que es "la" urbe al lado de Raco, con un centro de servicios y todas las posibilidades de consumo que acá brillan por su ausencia.

"Para la vida social está Tafí, acá la gente hace vida de casa", explica Alcira Cosio desde la galería de su casona jesuítica del siglo XIX en la estancia Sauce Yaco. Descubrió Raco cuando se casó con Ramón Paz Posse, les transmitió el apego a esta tierra a sus hijos y nietos, y se convirtió en una especie de mecenas local. Fue quien tuvo la iniciativa de crear la ruta de la Virgen, un camino de 22 ermitas dedicadas a distintas vírgenes que se extiende a lo largo de la ruta, entre Tapia y El Siambón. Algunas tienen rejas o escaleras de piedra y otra imagen está apoyada sobre la corteza de un palo borracho. Varias fueron donadas y adornadas por los pobladores. Comienza con la patrona de Tucumán, La Merced, y termina con la Virgen de Guadalupe, que fue traída desde México.

También Alcira y su marido mandaron a construir el monumento de piedra en homenaje a Atahualpa Yupanqui, que está al lado de la estación de servicio Refinor y es uno de los hitos turísticos del lugar. Las suaves ondulaciones y el clima benigno sedujeron a Don Ata durante su exilio en Tucumán y lo inspiraron a componer varias de sus zambas más famosas. No se sabe cuántos años vivió aquí y si lo hizo realmente o fue sólo de a ratos, pero se dice que fue muy raqueño, que tuvo un rancho y que anduvo un buen tiempo por estos pagos. Todas las calles de la villa llevan nombres de sus canciones, como Lunita Tucumana, La Andariega, El Arriero, La Pobrecita, La Añera y La Viajerita.

Durante el año viven unas dos mil personas entre Raco y El Siambón, el pueblo lindero. Ocho de los estables son los monjes benedictinos del Monasterio de Cristo Rey. Se despiertan a las cinco de la mañana, rezan, trabajan y a las 18.40 hacen una misa abierta al público. Totalmente construido en piedra y madera, el templo es tan austero como bello. Tiene un altar de una sola pieza de roca extraída del río Grande, a 8 kilómetros de la abadía. Les llevó quince horas removerla y trasladarla hasta el interior. Sobre la pared de piedra, el artista Ballester Peña realizó el mural de Cristo Rey resucitado.

Ver a los monjes con sus hábitos negros entonando cantos gregorianos dentro de ese recinto con aire medieval tiene algo de volver al pasado, pero estos religiosos son promotores del progreso de la zona desde que se instalaron, en 1956. Los primeros tuvieron que hacer un poco de todo: construyeron caminos, trajeron la energía eléctrica y le dieron trabajo a la comunidad. Hoy son apicultores y producen unos dulces buenísimos de naranja, membrillo y el típico dulce de cayote. Al terminar la misa, le pregunto a uno de ellos sobre su rutina y me responde "fíjate en nuestra página web o en el Google, que ahí está todo".



Un nuevo hotel y mucho para hacer

Una casona de los años 50 cuidadosamente reciclada, con un parque en desnivel que abunda en tipas, frutales, cedros, jacarandás, ceibos y laureles, es la base del nuevo hotel boutique La Pedrera, abierto hace apenas un año. Tiene seis habitaciones con balcón, para preservar el clima hogareño, y un living-comedor muy cálido, decorado con aguayos norteños, pinturas y objetos traídos por los dueños de distintas partes del mundo. Puertas afuera está la galería amplia, con cómodos sillones para admirar el entorno y escuchar a los grillos y los pájaros, y una pileta que se vuelve irresistible los días calurosos, aunque en Raco hace por lo menos diez grados menos que en la ciudad.

Su anfitrión es Marco Avellaneda, un abogado tucumano que está cumpliendo el sueño de muchos de sus amigos y parientes: instalarse casi de tiempo completo en Raco, donde veranea desde la infancia. Reconoce que administrar el hotel fue la excusa que le faltaba para abandonar el traje y vivir a otro ritmo entre estos cerros. Lo acompaña el "Corcho" Rez Masud, cocinero simpático y eximio guitarrista que  es capaz de animar la sobremesa con un repertorio que incluye zambas y clásicos del rock. De su cocina salen deliciosos y abundantes platos, nada sofisticado, como ñoquis con salsa de quesos regionales o pollo al disco con verduras grilladas.

Desde La Pedrera se organizan cabalgatas por los cerros cercanos, travesías en 4x4 y trekkings guiados de varios días, trepando cuestas y durmiendo en puestos de montaña. Marco trabaja junto con Nicolás Paz Posse en Cabra Horco Expediciones, expertos en los cerros tucumanos que se encargan de coordinar todos  los programas. Uno de los más populares es la subida a Las Queñuas, una reserva privada a 2.200 metros de altura donde hay una posada, que lleva unos tres días a pie o a caballo. Otras opciones son jugar al golf en el campo de El Siambón o practicar parapente en San Javier.

Como Raco no es evidente, también andando se descubre que hay muchas manos talentosas en el valle. Así aparece, cerca del vivero La Gazania, Carmen Candelaria Díaz, una tejedora que hace unas alfombras y peleros para monturas tan buenos que se los sacan de las manos. O el carpintero Armando García, que trabaja con maderas locales como el nogal, el cedro y el laurel, y se especializa en los sillones con tientos de cuero. A sus 91 años, sigue trabajando en su taller de El Siambón con envidiable energía y revela su secreto de longevidad: "no desvelarse y comer temprano".

El circuito de artesanos también comprende a Santos "El Zurdo" Arjona, el herrero. Es un maestro en el arte de fabricar herraduras, un bien muy demandado por estos pagos, como estribos y detalles de plata para los látigos. Además, el Zurdo es un fiel exponente raqueño, a cargo de la Agrupación Gaucha que recorre los caminos de Atahualpa al canto de alguna de sus zambas, como " Adiós, mi pago querido, mi rancho de Raco, mi lindo sauzal. Cuando te cante en mi zamba, quién sabe tu gaucho, por dónde andará?"





DATOS ÚTILES

DÓNDE DORMIR


La Pedrera

Calle Atahualpa Yupanqui S/N (al lado de Villa Elvira).

C: (0381) 15 517-9486.

info@hotelraco.com.ar

www.lapedrerahotel.com.ar

Las actividades son aparte de la tarifa y están a cargo de Cabra Horco Expediciones.





DÓNDE COMER

Restaurante del Monasterio

Al pie del monasterio.

C: (0381) 15 547-9515.

Es el único que abre todo el año. Comidas sencillas como empanadas, humitas, tamales, milanesas y pastas. Lunes a viernes de 10 a 16. Sábados, domingos y feriados, de 9 a 20. Tiene camping, con parrilla y baños. Derecho de acampe.

 

 

Por Cintia Colángelo. Nota publicada en julio de 2015.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.