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Tren de lujo por Sudáfrica: de Pretoria a Cape Town

Rossana Acquasanta
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13 de mayo de 2018  • 22:09

Un recorrido de 1.595 km que arranca en el noreste del antiguo reino zulú y concluye en el suroeste del país que supo reunificar Nelson Mandela, a bordo del lujoso tren Pride of Africa. Tres días de buena vida con dos paradas que enriquecen la travesía.

La sonrisa de dentadura perfecta de Anjalee Oudbier llena todo el umbral del Delagoa, uno de los 40 camarotes que forman parte del largo, larguísimo tren Pride of Africa, de la compañía Rovos Rail. Anjalee es, además de joven, una rubia muy bonita de intachable uniforme y, cada gesto suyo, cada palabra es una demostración de profesionalidad sin grietas. No será la única integrante del staff que pondrá de manifiesto la misma cualidad a la hora de asistir a los pasajeros, pero ella será, en los días sucesivos y a cualquier hora, nuestro ángel de la guarda.

Habíamos llegado a la estación privada que tiene Rovos en Pretoria a la hora convenida (14.30); supervisora de punta en blanco y papeles en mano había salido a nuestro encuentro, al tiempo que tres maleteros hacían lo propio para ocuparse del equipaje. Chequeados los nombres, fuimos invitadas a visitar el museo del ferrocarril, distante unos cien metros, antes de integrarnos al grupo de pasajeros presentes. La mayoría ya estaba instalada en la sala de espera de la estación hacía rato, dando cuenta de tragos y picoteos varios que entre parejas y varias mujeres solas de diferentes partes del globo, sumamos 49.

Encargados del equipaje del Rovos Rail, en la entrada de la estación de Capital Park, Pretoria.
Encargados del equipaje del Rovos Rail, en la entrada de la estación de Capital Park, Pretoria. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

Una reluciente locomotora a vapor hizo su aparición con un fuerte pitido, echando mucho humo, y unos cuantos nos preguntamos si no sería la que nos iba a traccionar... Muy pintoresca, de colección diríase, pero poco convincente. Así fue. Sólo se trató de un buen golpe de efecto escenográfico, un homenaje a esa maravillosa maquinaria inventada en el siglo XIX (1825) por el inglés George Stephenson.

Rovos Rail por dentro

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PRIDE OF AFRICA SE MUEVE

En Pretoria hay unos 70.000 jacarandás, y cuando florecen le otorgan a la sede administrativa y diplomática de Sudáfrica su atuendo más resplandeciente. Pero todavía falta para que despunten en tupida floración azul violeta; es pleno otoño y están como los de Buenos Aires, absolutamente desnudos, invisibles a los ojos de los que ignoran su existencia. Sin el colorido rumboso de la Jacaranda mimosifolia, no hay mucho más. La gente, en general, es amable y bien predispuesta, pero no siempre alcanza, y un extranjero despistado, o cándido, puede ser pasto de los cazadores-recolectores urbanos que la nocturnidad ampara. Pretoria es una ciudad difícil.

Pride of Africa parte de su estación de Capital Park en dirección al sur, vía Johanesburgo (la urbe más grande del continente subsahariano) y Germiston, a través de los territorios del oro de Witwatersrand. Ambas localidades son parte de Gauteng, la más pequeña y rica de las nueve regiones formales de Sudáfrica. Gauteng es, en lengua sotho, una deformación fonética del término afrikáans goud, a su vez derivado de gold, oro.

Deluxe suite con cama doble que también puede ser twin.
Deluxe suite con cama doble que también puede ser twin. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

El tren se mueve y nos movemos suave, como sin apuro, y así será hasta que las ciudades se vayan alejando de nuestra cápsula de fantasía. Pride of Africa no es un tren bala, es un tren lúdico. Más ocupadas en reconocer cada recoveco de nuestro camarote que en mirar por la ventanilla (ya habrá tiempo para la contemplación), decidimos quién va a dormir dónde, investigamos el baño (un chiche), hurgamos en el interior del placard donde descubrimos dos necessaires colmados de vanidades, probamos la mesita que está entre las dos amplias ventanas y valoramos ese espacio mínimo en el que caben la compu, los celus, la cámara de fotos, la Moleskine. Probamos las persianas, las ventanas. Las camas twin son anchas, están gordas de buen colchón, capas de mantas (una térmica) y sábanas amables al tacto; sólo nos falta saltar encima como en la más tierna infancia.

El anteúltimo vagón es zona sagrada: lounge con barra libre y una amplia variedad de bocados para alimentar el primer recreo de la travesía. El vagón que le sigue es el mirador del tren, el deck, codiciada conclusión de techo cubierto y laterales libres, con sus asientos comunitarios contra las barandas. Mucho más adelante, el lounge de lectura y relax es el opuesto; muy contenedor, con sillones que envuelven a quien los usa. Y tiene sus adeptos. Pero ahora, en el primer día de este viaje inusual que conecta Pretoria con Cape Town, el bar es el punto convocante. Suena Strauss en el hilo musical, para que no queden dudas del ambiente de fábula que nos rodea.

El bar entra en acción. Tragos, espumosos y vinos tranquilos del país, el tintineo del whisky on the rocks. No falta ni el Laphroaig, ese soberbio single malt escocés que opaca a tantos de su estirpe. Por momentos, voces y carcajadas anulan los acordes del vals vienés, que nos transportan lejos del extremo sur del continente africano. Pero Strauss insiste y al final vence.

Contemplando el paisaje desde el mirador, camino a Cape Town.
Contemplando el paisaje desde el mirador, camino a Cape Town. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

En el mirador, una pareja juega a reencontrarse. Cada tanto ella se libera del abrazo y saca fotos, hace videítos. Mira, imperturbable, ese rosario de caseríos donde tiene lugar la vida de los otros, la alternancia de focos de extrema pobreza con breves áreas de casas clase media-media y muy pocas que quieren ser ostentosas. Mira y registra. El hombre sólo tiene ojos para ella.

LA PRIMERA NOCHE, EL DÍA DESPUÉS

Linda es una americana altísima y luce radiante dentro de un vestido rojo y largo, sin mangas, mucho escote. Habla y gesticula de una manera muy teatral. Se dedica a pasarla muy bien todo lo que puede. A este viaje se anotó porque un grupo de mujeres dejó una vacante y se la ofrecieron: dio el sí de inmediato. Linda usa el pelo corto, muy canchero, y su piel está llena del sol de California, su lugar en el mundo. Nos saludamos y seguimos, cada una su camino.

En pareja, en grupo, vamos apareciendo en el salón comedor de estilo victoriano; la atmósfera retro, cálidamente lograda para que nos sintamos los elegidos de una ceremonia especial, nos envuelve. Mujeres muy producidas y empilchadas como prescribe el reglamento; muchas pasamos por alto la interdicción del pantalón y tampoco desentonamos; algunos hombres no visten de etiqueta y sin embargo se sienten deslumbrantes. Cuestión de actitud. Las mesas lucen otros preciosismos, esos que atañen a la vajilla, a la cristalería, a las telas de fina textura. La impecabilidad del personal completa el momento. La cena, espléndida en su sencillez. Cada plato con su vino y cada vino con su explicación necesaria. Vieiras asadas con salsa holandesa perfumada con limón. Cordero de braseado lento, servido deshuesado con puré de papas, tomates cherry y hongos. Queso estilo camembert con melón en conserva, panecillo perfumado de cebollín y romero. Brandy pudding con crema de canela. En las copas: Chenin Blanc Pecan Stream. Meerlust Rubicon. Más del mismo tinto. Joostenberg Nobile cosecha tardía. Para sellar el rito, selección de tés y café de Kenia.

El momento de la cena a bordo del Pride of Africa.
El momento de la cena a bordo del Pride of Africa. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

La noche se anuncia muy fría y el camino al camarote se nos antoja más largo. Las sábanas están que levitan de abrigadas, al amor de la manta térmica. Son las once y cuarto y a ninguna de las dos se nos ocurre leer, ni escribir, ni bajar fotos a la compu. Sólo queremos lo que necesitamos: nuestras camas y dormirnos con el monocorde arrullo del quetrén-quetrén. Buenas noches Estrella, buenas noches Rossana.

El mismo escenario victoriano de hace unas horas tiene ahora la transparencia de la mañana, que recompone la escena de las mesas vestidas de blanco con el detalle floral, los aromas tibios del desayuno, la turgencia de las frutas frescas, el jugo de naranja fresco. Otro festín, que en este caso nos convoca en ropa informal y zapatillas, o similar. Salvo a Rosenilda -la espectacular brasileña casada con Andrew, el rugbier neocelandés- que, es evidente, se resiste a bajarse de los estilettos.

Rosenilda está exultante: hoy nos detendremos en Kimberley, la gran mina de diamantes que fue ese tremendo agujero llamado Big Hole precisamente, de 215 metros de profundidad. Para mantener abierta tamaña boca terrenal se llegaron a extraer más de 22 millones de toneladas de tierra. El rédito, tres toneladas de diamantes. A Rosenilda le fascinan estas piedras y está bien enterada.

Personal del Rovos Rail en un alto en el trabajo.
Personal del Rovos Rail en un alto en el trabajo. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

Estamos a minutos de llegar. La monotonía del paisaje árido se ve interrumpida por la visión colorida de los flamencos Lesser ( Phoeniconaias minor), una especie enana de flamenco muy común en África, que llega a la adultez con menos de tres kilos de peso. Acá suelen reunirse hasta 23.000 ejemplares que rastrillan el fondo de un lago en procura de su alimento, la Spirulina, cianobacteria que sólo se da en aguas lacustres muy alcalinas.

Kimberley, a 1.184 msnm, se define próxima al río Orange, y es la capital de la provincia Northem Cape. Fue fundada en 1873, dos años después de que fuera hallada una veta de kimberlita en el flanco del cerro que ahora muestra el Gran Agujero lleno de agua, el más grande del mundo que se conozca hecho a pulmón. Se lo aprecia en perspectiva desde el mirador del Museo de la Mina, al que se accede por andariveles en un escenario que reproduce a la perfección, con máquinas e instrumentos reales, el arduo trabajo que aquí tenía lugar.

El gran agujero de la mina de diamantes, y atrás, la ciudad de Kimberley.
El gran agujero de la mina de diamantes, y atrás, la ciudad de Kimberley. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

El trazado de las vías férreas sigue su rumbo sur. De a poco irá torciéndose hacia el oeste para internarse en la sequedad absoluta de Karoo, inmensa meseta a 1.220 msnm, cuyo nombre, en lengua khoi, significa "tierra de la gran aridez". Buena parte de la travesía sucederá durante la noche, mientras estemos durmiendo; es decir que no veremos el paisaje estepario de Karoo hasta el amanecer, cuando lleguemos a Matjiesfontein. El tren se detendrá antes, en Whitehill Siding, para quienes tengan ganas de llegar al mencionado poblado a pie, una caminata de cinco kilómetros a la que Estrella y yo nos apuntamos.

Mientras tanto, la relajada vida de tren continúa. Estrella le hace fotos a Jackie; están en el mirador, y la mujer se deja, parece gustarle eso de posar, ensayar sonrisas. Jackie es de Cape Town y ahora está sola porque su marido no se siente bien: mal de pecho, necesita oxígeno… Cuando lleguen a destino le darán, me cuenta. El hombre está en el camarote, acostado, quizás dormido, quizás entregado a sus propias tribulaciones existenciales aún en sueños. Jackie lo sabe y esconde su propio miedo en la charla que nos lleva a echar parrafadas sobre vinos, lo que hacemos, la familia, los orígenes (su padre es indonés, de Java, y su madre, inglesa), los viajes y los motivos de este, que habían hecho en sentido contrario y también de vuelta a casa porque "es más relajado hacerlo así, sin depender del auto".

Relax en el mirador, el último de los vagones que componen la larga formación del Pride of Africa.
Relax en el mirador, el último de los vagones que componen la larga formación del Pride of Africa. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

El bar está vacío. Sólo las dos y una copa de vino cada una. Trato de tomarle cariño al Pinotage, cepa insignia de Sudáfrica. En breve comeremos a la luz de las velas, romanticismo para el que muchos ya se están aprontando. Y Jackie está segura de que se presentará sola a la velada paqueta.

LA SEGUNDA NOCHE, EL TERCER DÍA

La tenue iluminación, lejos de desmerecer el carácter victoriano del salón comedor, lo ennoblece. La vocinglería de sus asistentes es, esta noche, apaciguada, acorde al ambiente de media luz. Detectamos a Jackie en una mesa de mujeres y se la ve sonriente. La única persona que viaja sola está, en efecto, sola en una mesa de dos. Y la invitamos a la nuestra. Salimá es belga, profesora terciaria de física; es conversadora, tiene chispa, tres hijas: una vive en Johannesburgo, con la que se encontrará en Cape Town. Mientras damos cuenta de la sopa de batatas y lichis con crema de maní, de la langosta grillada con chauchas en bisque y vegetales mediterráneos, del brie con setas, higos frescos, hojas de rúcula y tostada melba, y del fondant de chocolate negro con berries de estación y helado de vainilla natural, hablamos hasta por los codos y nos vamos entendiendo de maravilla. La charla la sostenemos con un Sauvignon Blanc de la bahía Walker, fácil de beber y tan discreto que acompaña el menú sin perturbarlo.

Es el tercer día y decidí pasar las últimas horas en el camarote. Mientras escribo, pasan matorrales de calas, viñedos pelados, campos muy verdes y otros ondulados, matorrales de flores color naranja intenso y de otras flores; pasan ovejas y vacas sin enterarse a la velocidad que van; pasa un horizonte de montañas redondeadas, gastadas, y sólo algunas crestas son picudas. Más y más viñedos. Desde la hora del almuerzo hasta este momento, con el sol a punto de esconderse, la viña viene marcando tendencia en el paisaje. El tren se detiene. Un cricrí de grillos se deja oír muy cerca.

Desayuno en el salón comedor, de ambientación victoriana.
Desayuno en el salón comedor, de ambientación victoriana. Fuente: Lugares - Crédito: Estrella Herrera

La caminata prevista de esta mañana hasta el pueblito de Matjiesfontein fue suspendida. Pensamos que había sido por el frío (-1 °C) y por ese nublado que preludia la nieve. Lo celebré para mis adentros, porque estaba con déficit de sueño y me volví a meter bajo las sábanas con regocijo infantil, ajena a la única razón que torció los planes. El señor Rodger Lassen, marido de Jackie Isaacs, había partido de este mundo. En el viaje a su casa, el viaje definitivo.

El tren siguió a Matjiesfontein, pueblito-maqueta que nació con el ferrocarril y que se conserva tal cual. Durante la guerra anglo-boer (1899) sirvió de base a 12.000 soldados ingleses, y el hotel, que entonces ya existía, se convirtió en hospital militar. En los 90 minutos disponibles para pastorear por sus calles, se puede visitar el museo Mary Rawdon, apellido exitoso de la época, la oficina postal convertida en gift shop, hacer tiempo en el café del hotel, y paremos de contar. Antaño se había corrido la voz de que el aire seco de Karoo curaba la tuberculosis y el asma, una afección que empujó a Olive Schreiner a instalarse aquí. Esta escritora sudafricana y feminista militante (1855-1920), que en sus tiempos se atrevió a plantear reivindicaciones de justicia social y que suscitaron no pocas controversias, encontró en Matjiensfontein su lugar. Con Salimá habíamos recorrido algunas calles y nos tentó seguir más allá del pueblito, pisar la desolación de Karoo como solía hacer la autora de Historia de una granja africana, pero la hora y media se había agotado entre charla y caminata.

Ya en la recta final, rumbo a Cape Town, al final del almuerzo, la cocina hizo su aparición en el comedor. Hubo aplausos efusivos y vivas para Ilse Eeckhout, Andries Eeckhout y Joyce Baloyi, el trío de chefs que tantos buenos mimos palatales nos prodigaron.

Lo que del viaje quedaba y hasta la despedida del equipo de Rovos Rail en la estación de Cape Town, no dejó más lugar que para los agradecimientos y las recomendaciones, los intercambios de contactos y el adiós adiós hasta nunca más ver. Nada para reprochar, mucho para recordar.

Si pensás viajar…

South African Airways

T: (011) 5032-7850

Vuelos diarios San Pablo-Cape Town vía Johannesburgo, ida y vuelta. En baja desde u$s 734. En alta desde u$s 864. San Pablo-Johannesburgo ida y vuelta. En baja desde u$s 650, en alta desde u$s 780. En todas las tarifas hay que sumar impuestos y tasas de aeropuerto.

* Se puede adquirir el ticket Buenos Aires-Johannesburgo incluido el tramo Buenos Aires-San Pablo operado por otra compañía asociada ( Latam, GOL, Aerolíneas Argentinas, Qatar Airways y Turkish Airlines). El equipaje se despacha directo a Johannesburgo.

LATAM

T: 0810-999-9526

Buenos Aires-San Pablo ida y vuelta, desde u$s 484 precio final. Frecuencias diarias: desde Ezeiza, 4 de ida y 5 de vuelta. Desde Aeroparque, 2 de ida y 1 de vuelta.

Rovos Rail

En Buenos Aires, Essential Travel. T: (011) 4321-1080. Agencia operadora de los principales trenes turísticos del mundo. El viaje Pretoria-Capetown en el Pride of Africa, 3 días (2 noches), en cabina categoría Pullman –la más económica– cuesta u$s 1.765 por persona en base doble sin impuestos. Incluye todas las comidas y bebidas alcohólicas a bordo, servicio de mucama las 24 horas, todas las excursiones con guía en inglés y entradas a sitios de interés. Tarifa válida para 2018. El tren tiene salidas fijas durante todo el año.

Rovos Rail propone otras rutas cortas (Cape Town-Pretoria. Pretoria-Victoria Falls o viceversa, 4 días 3 noches: todo el año. Pretoria-Durban o viceversa, 3 días 2 noches: de septiembre a abril) y rutas anuales largas (Cape Town-Dar es Salaam, Tanzania, 15 días 14 noches: enero, febrero/marzo, junio/julio, agosto, septiembre y octubre. Pretoria-Namibia o viceversa, 9 días 8 noches: abril/mayo), que también incluyen programas temáticos de golf.

Nota publicada en revista Lugares n° 265.

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