
El exitoso modelo de General Motors llega ahora con un motor turbodiesel de 101 CV. Así, a sus conocidas virtudes de equipamiento y seguridad les suma ahora gran performance con bajo consumo. Hay versiones de cuatro y cinco puertas
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Cuando evaluamos un auto analizamos, esencialmente, diseño, comportamiento dinámico, motorización, habitabilidad, nivel de equipamiento y seguridad. Pero es la combinación de todos esos factores lo que permite tener la opinión final. En ese sentido, el Chevrolet Astra está entre los modelos más destacados de nuestro mercado.
Desde su llegada a la Argentina, en 1998, manejamos todas las versiones. Siempre se mostró como un vehículo cuyo conjunto de chasis y suspensiones le otorgaba el andar y el comportamiento de un segmento superior, y demostró tener los méritos suficientes para convertirse en una buena opción a la hora de elegir un automóvil.
Ahora, General Motors de Argentina lanzó el nuevo Astra diesel, equipado con un motor gasolero de última generación de 101 CV de potencia máxima.
Esta vez nos pusimos al volante de una versión de cinco puertas y de máximo nivel de equipamiento (GLS).
Por lo general es más sencillo probar primero una versión más dócil y luego una más potente. Pero lamentablemente para este nuevo diesel, nuestra anterior prueba de un Astra había sido en noviembre último con la versión naftera de 136 CV, por lo que no le sería tan fácil revalidar sus pergaminos. Este gasolero mantiene las líneas de diseño, aunque renovó ópticas delanteras y traseras, paragolpes y llantas.
El acceso es bueno a todas las plazas y es fácil alcanzar una buena posición de manejo gracias a la regulación en altura de la butaca y de la columna de dirección. El interior es agradable, con comandos de fácil lectura y bien dispuestos, aunque no abundan los espacios portaobjetos y el espacio de la guantera se ve muy disminuido por el CD changer allí instalado.
Conserva, como en las otras versiones, volante de buen grip y selectora de cambios de recorrido corto y preciso. El nivel de equipamiento y seguridad es muy bueno y el baúl es apropiado, aunque quienes buscan más espacio pueden encontrarlo en la versión de cuatro puertas.
Pero, por supuesto, nuestro principal interés era respecto de su comportamiento dinámico.
Razón y pasión
El chasis mantiene la misma firmeza que se le reconoce a la familia Astra. El auto va siempre bien apoyado y no pierde adherencia. La dureza de las suspensiones es la justa para ser cómodo en la ciudad y marchar bien aplomado en la ruta.
Lo exigimos en curvas de distinto radio y siempre respondió muy bien; hay que llevarlo muy al límite para que empiece a derivar de trompa. Los frenos son sumamente eficientes, con pedal firme y no muestran fatiga prematura.
Pero la mejor sorpresa es el nuevo impulsor diesel de inyección directa. Apenas lo requiere el acelerador, el turbo entra en acción y el auto sale empujado hacia adelante, alcanzando una performance excelente.
Las cifras de aceleración hacen fácil el sobrepaso de camiones en la ruta y, por su bajo nivel de ruido y vibraciones, el viaje es realmente placentero.
Además, el bajo consumo permite andar muchos kilómetros antes de tener que parar en una estación de servicio. El nuevo motor de 101 CV le cae de maravillas a un modelo ya exitoso como el Astra. La versión GL cuesta 46.700 pesos y la GLS, como la probada, 55.200.
Creo, en definitiva, que es un auto que reúne todos los argumentos necesarios para efectuar una compra inteligente, racional. ¿La cuota de pasión? La pone su andar, muy deportivo para un gasolero, y la marca Chevrolet que, como queda demostrado en cada prueba del automovilismo, está grabada a fuego en el corazón de varias generaciones de argentinos.






