
Dos leyendas que se enfrentan desde hace más de 50 años con las mismas armas: estética musculosa, rugientes motores V8 y, en especial, la pasión y el fanatismo por el moño o por el óvalo
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Son las dos caras de la misma moneda: la de los poderosos muscle cars americanos. Las historias de ambos (seis generaciones por bando) se entrelazan porque, en el fondo, la rivalidad hace que no puedan ser leyendas uno sin el otro. El Ford Mustang y el Chevrolet Camaro.
Son los protagonistas de un antagonismo que, en realidad, es la prolongación del que históricamente han sostenido por más de cien años Ford y Chevrolet desde sus lejanas fundaciones a principios del siglo pasado. Un superclásico que, además, nos toca de cerca, porque trascendió hace mucho tiempo las fronteras de Norteamérica y en ninguna otra parte del mundo (quizás ni siquiera en Estados Unidos), se manifiesta y expresa tanto como en la Argentina, con el Ford T y el Chevrolet 4 en línea, con las cupés de los años ’30, con el Turismo Carretera, con los Hermanos Gálvez de un lado y Juan Manuel Fangio del otro, con la pickup F100 y la Apache, con el Falcon y la Chevy.
No en vano somos pasionales y en este superclásico no hubo ni hay medias tintas, incluso hasta por mandato familiar. Entonces, ¿Cómo no va a haber fieles hinchadas del óvalo y del moño? ¿Cómo no van a flamear las banderas de cada marca en las tribunas del TC? ¿Cómo no rogar por una aceleradita de un Mustang o un Camaro en un semáforo para oír el rugir del V8 de sus sueños?
El pony pionero

Luego de algunos prototipos entre 1961 y 1963, el 17 de abril de 1964, en la Feria Mundial de Nueva York, Ford presentó el Mustang. No sabía que estaba creando una nueva categoría de autos sport: los Pony Cars. Se discute por qué se llamó Mustang al modelo. Unos dicen que fue porque el diseñador del primer prototipo en 1961, John Najjar, era fanático del famoso caza de combate North American P-51 “Mustang” (también apodado el “Cadillac del aire”). Otros afirman que fue Robert J. Eggert, director de marketing, el que pensó el nombre debido a su afición por los caballos.
“No queremos el mejor deportivo, sino el más barato”, sentenció Lee Iacocca, el famoso gurú de la industria automotriz, que por aquellos años manejaba los destinos de Ford. El profeta acertó: el Mustang tuvo en 1965 un éxito de ventas que sólo quedó en la historia detrás del Ford A. Con su carrocería Fastback 2+2, utilizaba el chasis, la suspensión y otros elementos de los Ford Falcon y Fairlane de principios de los ’60, por lo que costaba sólo US$ 2368. Ford pensaba vender unos 100.000 ese primer año y terminaron con 418.000 unidades comercializadas. Éxito total.
¡Epa! ¿Cómo es esto?
¿Qué el Mustang vendió casi medio millón de autos en un año? ¿Qué esperamos para sacar nuestro Pony Car? La reacción de General Motors no se hizo esperar ante el fulminante éxito del deportivo económico de su archirrival.
Ya en abril de 1965, la prensa hacía trascender que GM estaba preparando el contraataque con el codename Panther. Pero, el nombre real de un deportivo tenía que seguir la tradición de empezar con C (Corvair, Chevy II, Corvette) y el 28 de junio de 1966 anunciaron, en una conferencia de prensa en Detroit, que además por primera vez en la historia conectaba 14 ciudades en tiempo real vía línea telefónica, que el nombre era Camaro. Cuando la prensa le preguntó a los managers de GM ¿qué es un Camaro? Éstos dijeron “que se trataba de un pequeño, pero vicioso animal que comía Mustangs”. La guerra estaba declarada.
El 26 de septiembre de 1966, finalmente el Chevrolet Camaro fue presentado oficialmente y se puso a la venta como modelo 1967. Aquella coupé 2+2 se presentó con un par de motores bien conocidos en la Argentina, los 6 cilindros en línea 230 pulgadas cúbicas (3.8 L) y 250 (4.1 L) y cuatro V8 de 5.0 L, 5.4 L, 5.7 L y 6.5 L, más varias versiones (Estándar, Super Sport, Rally Sport y Z/28).
Más generaciones

GM no esperó demasiado para lanzar la segunda generación del Camaro, que no sólo era más largo, ancho y bajo que su predecesor, también tenía una estética mucho más agresiva, deportiva y musculosa. Para demostrarlo, la versión Z/28, contaba con un V8 de alta compresión y 360 HP de potencia, lo que era bestial para la época.
En cambio, la segunda generación del Mustang llegó en 1974, en plena crisis del petróleo. Por lo tanto, Lee Iacocca, presidente de Ford desde 1970, exigió un Mustang más pequeño y eficiente. Así, los motores decrecieron drásticamente en su potencia y el Mustang II se presentó con un propulsor 4 en línea 2.3 L de 88 HP y un V6 2.8 de 105 HP. Recién en 1977, la gama sumó el clásico V8, aunque con modestos 134 HP.
Por el relativo respaldo del público, el óvalo no tardó en lanzar la tercera generación, en 1979, basada en la plataforma Fox (originalmente desarrollada para los modelos Ford Fairmont y Mercury Zephyr), con las que se buscaba más espacio para los pasajeros traseros. Lo bueno de esta generación fue que después de 13 años, en 1982, volvió a fabricarse la versión Mustang GT, que hoy, en su sexta generación, tenemos en la Argentina.
Ese mismo año, GM lanzó la tercera generación del Camaro, con una carrocería en forma de cuña, ópticas dentro de la trompa y motores más ecológicos, aunque tuvo una versión turbo de 560 HP.
Las cuartas generaciones de ambos modelos se enfrentaron casi al mismo tiempo: 1993 para el Camaro, que insistió en el estilo en cuña y un V8 5.7 L de 275 HP como máximo exponente mecánico, y 1994 para el Pony de Ford, que siguió con su diseño alargado y poco musculoso, pero agregó motores más potentes, entre ellos un Cobra de 390 HP.
Con el nuevo siglo, pareció que ambos muscle cars eran piezas de museo que nadie quería. Sin embargo, las nuevas tendencias de diseño y de tecnología los hicieron revivir. En 2005, Ford lanzó su desafío con el Mustang V, un regreso a las fuentes para un público más exclusivo: puro músculo, gran equipamiento y motores poderosos como el V8 5.4 Supercharged de 550 HP del Shelby GT500.
Tras discontinuarlo en 2002, la respuesta de Chevrolet llegó en 2010 con una fórmula parecida: regreso a la estética de las primeras generaciones, diseño musculoso y súper motores V8 como el 6.2 L Supercharged del ZL1 de 580 HP.
La saga continúa (en nuestra tierra)
Aquí estamos, hoy, con la sexta generación de ambos modelos. La del Ford, de 2015, y la del Chevrolet, de 2016. Lo bueno es que ahora los tenemos aquí: por un lado el Ford Mustang GT (que llegó en 2016) y por el otro el Chevrolet Camaro SS coupé (lanzado hace pocos meses).
Ambos despiertan pasión y sacan a relucir la rivalidad entre los hinchas de una marca y otra. Los V8 rugen y nunca pasan inadvertidos.
El Mustang GT está equipado con un motor de 4951 cc, con doble árbol de levas a la cabeza, 4 válvulas por cilindro e inyección directa de combustible, que entrega una potencia de 421 CV a 6500 rpm y un torque de 55,3 kgm a 4250 vueltas. Este V8 se combina con una caja automática de 6 marchas y, como mandan los libros, tiene tracción trasera. Pesa 1690 kg.
La fórmula del Camaro es más clásica: el V8 tiene un desplazamiento de 6162 cc, cuenta con un único árbol de levas a la cabeza y 2 válvulas por cilindro; eso sí, cuenta con distribución variable de las válvulas. Así, la potencia es de 461 CV a 6000 rpm con un par de 63 kgm a 4400 vueltas. La otra diferencia con el Mustang es que la caja automática es de 8 marchas; también tiene tracción trasera, mientras que el peso es de 1705 kg.
¿Las prestaciones? Muy similares. 0-100 km/h; 5 s para el Mustang, 4,7 para el Camaro; 0-400 m, 13,2 s para el Ford contra 12,9 del Chevrolet; 80-120 km/h, 3 s para el Mustang y 2,6 para el Camaro. Hasta el consumo es parecido: poco más o menos 19 L/100 km para ambos modelos en el tránsito urbano. ¿Precios? Los dos valen 95.000 dólares.Por algo son la dos caras de una misma moneda.






