
País raro el nuestro. Si usted no hubiese leído o escuchado que en 2002, año en el que la economía de la Argentina hizo crac, se vendieron la friolera de 609.545 autos usados, ¿lo creería?
Sin duda, eso marcó una tendencia que se vio reflejada en los números finales de venta durante el año último, cercanos a las 870.000 unidades.
¿Se puede explicar las causas de este fenómeno? En parte. Veamos. No quedan dudas de que somos un país consumista.
En plena crisis, con inseguridad laboral y con muy poca financiación, llegar al número de ventas mencionado, ¿merece algún otro comentario?
Porque decir que, cuando a la gente le incautaron y pesificaron de forma deliberada sus ahorros, salieron a resguardar lo poco que le quedaba comprando autos usados no tiene mucha lógica.
Lo que sí tiene lógica es que mucha gente, por razones de seguridad y por cuestiones sociales, decidió comprar un auto usado antes que un 0 km.
Para este año somos muy optimistas, porque las ventas se mantendrán en los mismos niveles con que terminó el año último y, si aparece en toda su magnitud el crédito, la explosión del mercado de autos usados sería total.
No sería descabellado hablar de un mercado de 1.000.000 de unidades. Este país todo lo puede. Por eso es tan raro e imprevisible. O a lo mejor es mucho más previsible de lo que pensamos y no nos damos cuenta.
Por último un consejo. En la Cámara de Comercio Automotor nos enteramos de muchos casos de ventas de usados que terminan siendo una estafa. Por eso hay que buscarlos en empresas establecidas y evitar los de venta clandestina, sin ningún tipo de garantías sobre los papeles ni los vicios ocultos, que sólo pueden ofrecerlas los comercios correctamente instalados.
El autor es presidente de la Cámara de Comercio Automotor





