
Se lo llamaba el mataperros . El creador, Manuel Iglesias, lo construyó íntegramente con sus manos
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El próximo domingo se conmemorará el Día del Automóvil Argentino, fecha instituida por ley 8501 de la provincia de Buenos Aires del 2 de octubre de 1975, cuyos artículos establecen:
1°: "Institúyase el último domingo de noviembre, en territorio de la provincia de Buenos Aires, el Día del Automóvil Argentino.
2°: Desígnase a la ciudad de Campana, provincia de Buenos Aires, cuna del automóvil argentino.
Manuel Iglesias, creador del primer automóvil argentino, era un inmigrante español oriundo de Cavia, provincia de Pontevedra, región de Galicia, España. Llegó a nuestras tierras en 1884, con los anhelos de cumplir un sueño y una carta prendida en su solapa para un paisano que vivía en San Martín. Fue allí donde aprendió el oficio de carpintero y entró como empleado del Ferrocarril Central Argentino, en el que permaneció hasta su jubilación, en 1924.
Con el comienzo del siglo XX, en 1903, Iglesias pidió el traslado a la ciudad de Campana seducido por el desarrollo y avance tecnológico de ésta. Comenzó, así, su nueva aventura. Durante cuatro años, robándole horas al descanso, concretó su sueño: un automóvil construido tornillo por tornillo, y engranaje por engranaje, con sus manos.
Para poder sacarlo de su casa, tuvo que pedirle ayuda a su vecino, Francisco Castronuovo, que accedió a derribar parte de un tapial para lograrlo. Eso ocurrió el 20 de noviembre de 1907. El vehículo recibió el apodo de mataperros , por haber propinado más de un revolcón a uno de los tantos perros que se espantaban a su paso.
Manuel Iglesias murió ignorando la trascendencia de su obra, a pesar de que ésta había sido requerida por el Museo de la ciudad de Luján, lo que rehusó por no considerarse digno de tal honor. Fue su hijo, Juan Carlos Iglesias, el responsable de conservar el automóvil en excelentes condiciones, y el ingeniero Arnoldo Lucius el que fue su guía en la investigación que culminó con su reconocimiento.
Características técnicas
Todas las piezas fueron realizadas por Manuel Iglesias. El rodado no tenía rulemanes y todos los puntos de fricción eran absorbidos por bujes de bronce. La carrocería estaba constituida por un asiento de madera con capacidad para dos personas, el arranque del motor era por medio de una manivela, no tenía acelerador, el regulador de revoluciones por minuto (rpm) mantenía un régimen constante de 400 vueltas y la velocidad que alcanzaba era de 12 km/h, aproximadamente.
Tributo: hermanamiento de Campana con Villa de Cruces
El alcalde de Villa de Cruces, Jesús Otero Varela, narró que en su viaje a Buenos Aires tomó conocimiento de la obra de Manuel Iglesias por uno de sus nietos, Juan Carlos Iglesias Pelliza, y la asociación de Carbia. Por este motivo consideró que hermanarse con Campana era un justo homenaje, destacando el esfuerzo de todos los gallegos que se dispersaron por el mundo en busca de un destino mejor.
Como gestor inicial del hermanamiento, el profesor Juan Carlos Iglesias Pelliza ofrendó el acto en memoria de su padre Juan Carlos, por haber dedicado su vida a difundir la existencia del primer automóvil argentino, y ser el responsable de que se conservara funcionando hasta nuestros días.
También el intendente de Campana, Jorge Rubén Varela, explicó cómo el primer automóvil estaba incorporado al quehacer cotidiano de los ciudadanos de Campana mediante la presencia de su monumento en la plaza Eduardo Costa, la principal de la ciudad.
El nieto de Manuel Iglesias expreso su sentir manifestando que "por más que 10.000 kilómetros separen Campana de Villa Cruces, y que hay también un océano de por medio, hoy el automóvil lo ha cruzado."






