
Mostramos las diferencias de consumo y de tiempo logradas con un mismo auto en idéntico recorrido, con un maejo tranquilo y otro extremo.
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¿Influye la forma de manejar en el consumo y el desgaste del vehículo? ¿Se llega más rápido a desino conduciendo como si nos persiguiese el mismísimo Lucifer? ¿Que pasa con nuestros nervios? Estas preguntas fueron el origen de esta prueba: con el mismo automóvil, sobre idéntico recorrido y en condiciones horarias y climáticas similares, realizar el trayecto con diferentes estilos de conducción.
El manejo del primer día tenía las consignas de hacer los cambios sin sobrepasar las 300rpm, respetar carriles de circulación en las autopistas (no pasar por la derecha, por ejemplo) y las velocidades reglamentarias en cada punto del trayecto.
El segundo día, la idea era otra: sin violar las norams de tránsito, picar el auto en los semáforos e imitar el manejo anárquico de muchos conductores.
Para eso se seleccionaron un automóvil estándar en nuestro mercado, Volkswagen naftero de 1.6 litro, y un trayecto combinado, que alternara calles y avenidas de Capital Federal, autopistas como la avenida Genertal Paz y la colectora de Panamericana, y vías de tránsito internas del Gran Buenos Aires.
El mismo trayecto
En concreto, el recorrido fue de 51,6 kilómetros de extensión partiendo de Av. Madero, Libertador, Figueroa Alcorta, Intendente Cantilo, General Paz, Panamericana, la bajada de avenida Fondo de la Legua y Av. de Mayo hasta la estación Villa Adelina.
El regreso fue similar, excepto que al salir de General Paz se siguió por Lugones, autopista Arturo Illia, Presidente R. Castillo, Antártida Argentina, Retiro, Madero, Tucumán, Leandro N. Alem, la vuelta a la Plaza de Mayo, y nuevamente Av. Madero hasta el punto final.
El horario de partida fue prácticamente similar (12.42 el primer día y 12.39 el segundo) y los resultados entregaron rápidamente una primera conclusión: se gasta menos dinero respetando el límite de las 3000rpm al pasar los cambios.
El consumo en esas condiciones fue de 4,093 litros, mientras que la conducción más alegre gastó casi 1 litro más (4,905 litros). si consideramos esta ruta como un viaje ida y vueltadesde el hogar al trabajo y, por lo tanto, tomamos 22 días hábiles por mes, el ahorro es de 17,9 litros. Traducido en dinero (a $ 1,129 por litro de nafta especial de 97 octanos) es algo más de 20 pesos. En un año, la economía es de 242 pesos (equivalente a 214 litros de ockmbustible).
Si bien la fluidez del tránsito no es exactamente igual todos los días en el mismo horario (de hecj¿ho en los días de pruebas no lo fue), la conducción teóricamente más rápida y ágil (1h6m50s) sólo logró reducir en tres minutos con 34 segundos el tiempo logrado sin castigar al auto, que fue de 1h10m24s. Realmente, muy poco margen para cruzar las bocacalles encomendándose a Dios.
Escasa disimilitud
Los motivos de esta escasa diferencia fueron varios. Los semáforos no siempre están coordinados ni tienen una regulación de tiempo homogénea. En autopistas como Cantilo o Lugones muchos camiones y micros ocupan los carriles más rápidos a menor velocidad que la máxima permitida (lo que obliga, en algunas oportunidades, a pasarlos por la derecha o quedarse detrás pacientemente). También, como es lógico, hay lugares de circulación muy lenta por el intenso tránsito, como Plaza de Mayo o Retiro.
Por último, está el stress. Los nervios y la tensión se incrementan considerablemente al manejar apurados y con poco margen de error. Esta situación, claro está, no es precisamente saludable.






