
Finas terminaciones y gran performance hacen del Aston Martin Vantage una pieza admirada por los conductores más exigentes
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Parece haber un eslabón deliberadamente perdido entre el Aston Martin DB7 de seis cilindros con compresor, la coupé V8 normalmente aspirada y el irresistible prototipo V12 que ha causado tanta admiración en todos los shows internacionales en que fue presentado este año como propuesta de la marca para el 2001.
Ese vínculo insoslayable resulta, sin embargo, largamente pasado por alto, salvo en países europeos de alto poder adquisitivo como Alemania, Francia o su propia Inglaterra natal. Se trata del Vantage, y su influencia en el desarrollo del futuro modelo de Aston Martin para el nuevo milenio es tan innegable que hasta ahora tal programa, aún sin nombre definitivo, ha sido denominado interinamente Project Vantage.
A diferencia del DB7, de fabricación más industrializada, el Vantage actual es realmente hecho a mano, desde la carrocería de aluminio, pasando por un habitáculo tapizado y terminado a gusto del comprador de la unidad, hasta llegar al motor, caso en que cada ejemplar es armado y puesto a punto por un solo hombre. Tales lujos no son baratos, como tampoco los gastos de operación y mantenimiento de este legítimo Gran Turismo, pero es de elogiar que Aston haya sabido balancear sus costos como para mantenerse dentro de los parámetros económicos establecidos por Ferrari, que controla esa alta franja de precios como territorio propio.
Un espejismo
En un mundo real, los autos exóticos no existen. Están, sí, pero son apenas un fantasioso espejismo, fortalecido recientemente por la generación GT1 de automóviles de competición y sus clones invendibles.
Hoy por hoy, sólo Ferrari y Porsche tienen, cada cual en su precio, el mercado de autos sport bajo control, y Aston Martin es de las pocas marcas serias que no han perdido el rumbo frente a semejante hegemonía ofreciendo un superauto caro, sí, pero disponible sin más trámite que pagar por él en una concesionaria.
Multifacético como todo buen Aston, el Vantage es elegantísimo sin carecer de un ángulo puramente bestial en su carácter. Su motor es un V8 a 90 grados con block en aleación liviana, cuatro válvulas por cilindro y gestión electrónica integral que, con 5341 cm disponibles, daría como para saciar cualquier sed de potencia. Sin embargo, se ha optado por asistir a esta planta motriz con dos compresores que elevan las prestaciones a niveles difíciles de igualar.
Baste con decir que en lo que se refiere a potencia absoluta el Vantage cuenta con 257 caballos más que un Porsche 911, o que en materia de torque duplica la cupla máxima de una Ferrari F355.
Este terrorífico aparato, especie de Cobra de los años 90, está garantizado para superar los 300 km/h -alcanza unos 305- y, a pesar de una configuración tradicional que incluye un eje trasero tipo de Dion, se distingue por una tenida ejemplar, obtenida en parte por el efecto suelo que provoca una panza cuya sección posterior es un túnel venturi que no esta allí para efecto cosmético.
¿Por qué nadie habla un poco más de semejante máquina? Habrá seguramente motivos menores, pero el de gran peso es que el Vantage no se vende en Estados Unidos, lo que termina generando poca prensa en el nivel mundial.
Siendo que Aston Martin pertenece a Ford, la exclusión de ese mercado es, sin duda, voluntaria.
Ford está al tanto de los requerimientos que su país exige a todo auto importado, apuntados a seguridad y control de emisiones, y a ésta se suma ahora el extenso, complejo y muchas veces ambiguo sistema obligatorio OBD-2 para monitoreo electrónico de contravenciones mecánicas.
Plataforma para el futuro
No es raro entonces que Ford haya discutido con Aston el desarrollo de un modelo específicamente apuntado a Estados Unidos -el V12 hoy en estudio-, dejando el Vantage actual en Europa, donde disfruta de la libertad irrestricta de ser el hot-rod de la aristocracia, y sirviendo paralelamente como plataforma experimental para muchos de los elementos que se usarán en el próximo milenio.
En efecto, muchos clientes ya han intentado ir más lejos y disuadir a la fábrica para que instale ya en sus Vantage elementos del Aston por venir, como los discos de freno AP Racing de 14 pulgadas con calipers de seis pistones, ABS y asistencia hidráulica, o la caja Borg-Warner de seis con cambio Magneti Marelli de paleta al volante.
Eso estaba celosamente reservado para el nuevo modelo, pero la fábrica ha concedido hacer disponible un paquete llamado Driving Dynamics , conteniendo algunos de esos chiches.
Anacrónico respecto de muchas nuevas tendencias, pero con una personalidad netamente definida, el Vantage parecería destinado a desaparecer pronto y sin que muchos lo lloren.
Sin embargo, uno, queda con la inquietante sensación de estar aquí frente a un monstruo duro de matar. Si el Cobra sobrevivió a través de restauraciones y réplicas, por qué no el Vantage.
No es menos escalofriante.
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