
En marzo último se cumplieron 100 años de la muerte de Gottlieb Daimler, uno de los más importantes pioneros de la historia del automóvil. Su adaptación del motor naftero de combustión ligera ayudó a poner el mundo en movimiento.
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"Lo mejor, o nada." Esa máxima, grabada en piedra y que aún puede leerse en su casa de Bad Cannstatt, Alemania, muy cerca de Stuttgart, lo define como pocas. La frase salió de boca de Gottlieb Wilhelm Daimler, el gran innovador con el primer motor de explosión ligero alimentado por nafta, uno de los pioneros de la industria automotriz.
Con su muerte, el 6 de marzo de 1900, no sólo desapareció el hombre que perfeccionó el propulsor atmosférico de Nikolaus August Otto (otro auténtico revolucionario de la mecánica), sino también el creador de la primera motocicleta y del primer taxi y uno de los padres de Mercedes-Benz.
Gottlieb (o Teófilo, para los que aman castellanizar los nombres) Daimler nació el 17 de marzo de 1834 en Schorndorf. Su padre, Johannes, casado con Wilhelmina Friedrika Finsterer, era panadero, igual que sus ancestros.
A nuestros ojos, podría parecernos que 4000 habitantes transformaban a su ciudad natal en un pequeño pueblo. Todo lo contrario: junto con Stuttgart, Tübingen y Urach era una de las principales del condado de Würtemberg, en la región oriental de Alemania.
Desde pequeño, Gottlieb brilló por su inteligencia. Por eso sus padres se esforzaron por mandarlo a la escuela, con el apoyo económico de otros miembros de la familia.
Tanto sacrificio rindió sus frutos: a los 11 años, el niño asistía simultáneamente a la reconocida Schorndorf Latin School y, tiempo después, entró en la escuela de arte de la ciudad donde perfeccionó su don natural para el dibujo.
La Revolución Industrial
Daimler nació en un siglo revolucionario.
Las máquinas comenzaban a ganar espacio, y los motores de vapor y de gas transformaban al medio de transporte por antonomasia, el tren.
A los 18 años, el joven Gottlieb no era ajeno al mundo cambiante que lo rodeaba. El paso lógico era mudarse de su ciudad a la más pujante Stuttgart, donde funcionaba la Royal School for the Industrial Arts, uno de los mejores colegios industriales germanos.
Su curiosidad y su manifiesto interés por las máquinas atrajo la atención del industrial Ferdinand Steinbeis, que le consiguió una beca escolar en una empresa proveedora de la industria ferroviaria, Graffenstaden, en Estrasburgo, en la Alsacia francesa. El 20 de enero de 1853, Gottlieb visitó por primera vez su uniforme de operario.
Sin embargo, Gottlieb quería crecer, y no solamente fabricar locomotoras en la línea de montaje. Abandonó su trabajo, regresó a Alemania y entró en el colegio politécnico de Stuttgart, donde, entre otras materias, estudió física, química e ingeniería mecánica.
Regresó a Graffenstaden en 1859, pero por pocos meses. Siempre bajo la tutela de Steinbeis, viajó a París y a Gran Bretaña para estudiar, aunque siempre solventó sus gastos trabajando de manera paralela.
Un encuentro crucial
En 1863, Steinbeis lo contactó con el industrial Emil Kessler, que, a su vez, le presentó al ex párroco Gustav Albert Werner, fundador de la organización Reutlingen House of Brothers, una pequeña fábrica que daba trabajo a huérfanos y en la que Gottlieb encontró empleo.
Allí trabajó cinco años y conoció a dos de las personas más importantes de su vida. Una le conmovió el corazón: Emma Pauline Kurz, con quien se casó en 1867; la otra le movilizó la mente: Wilhelm Maybach, un joven huérfano 12 años menor que Gottlieb.
En tanto, otro inventor de renombre, Nikolaus August Otto, creador del propulsor atmosférico de gas, trabajaba junto con el ingeniero Gustav Langen en la fábrica de motores Deutz. En 1872, contrataron a Maybach como jefe del área diseño e ingeniería, y al tiempo incorporaron a Gottlieb. Cuatro años después, Daimler había mejorado la invención de Otto, pero la relación entre ambos, quizás, por celos profesionales, se deterioró.
En 1882, Gottlieb y Maybach dejaron Deutz y se mudaron a Cannstatt. Allí, juntos, desarrollaron lo que sería el puntapié para el desarrollo de la industria automotriz: el primer motor de explosión ligero alimentado por nafta (ver aparte).
El 10 de noviembre de 1885, Maybach, entonces de 39 años, comandó la moto con la que cubrió, sin ningún inconveniente mecánico, los tres kilómetros que separaban Cannstatt de Untertürkheim, y así, ambos entraron en la historia como los inventores del primer vehículo de dos ruedas motorizado.
Meses después, adaptó el propulsor a una lancha. Su invento ganó muchos adeptos en Hamburgo, donde consiguió vender varios motores.
Fue el primer paso. Después, su carrera siguió en continuo ascenso: la creación, siempre con Maybach, del motor de dos cilindros, que fue montado en un auto diseñado por éste en 1889 y que se vio en el Salón de París de ese año; la creación de la fábrica de motores Daimler-Motoren-Gesellschaft (DMG), el 28 de noviembre de 1890. Pese a su separación de su mano derecha, Maybach (que dejó DMG en 1891), inventó el primer taxi, en 1893; la ampliación de la planta para producir vehículos, en 1895...
El 6 de marzo de 1900, a los 65 años y después de una larga enfermedad, Gottlieb murió en su casa de Bad Cannstatt, en brazos de su segunda mujer, Lina Hartmann.
Un invento revolucionario
En 1883, Gottlieb Daimler creó lo que sería el primer motor naftero del mundo, con un cilindro horizontal, de 60 kg enfriado por aire que giraba 700 veces por minuto y entregaba una potencia de 0,5 CV. El sistema de encendido era creación de Wilhelm Maybach: a diferencia de los existentes, que se encendían por la apertura del distribuidor, éste lo hacía por medio de una lumbrera ubicada dentro del cilindro.
Dos años después, lo instaló en lo que denominó un "coche de montar". En realidad, se trató de la primera motocicleta.
En 1886, cambió los caballos de un carruaje por su propulsor (el primero de poco peso y alto régimen), y lo convirtió en uno de los primeros autos del mundo. Uno, y no el primero, porque ese mismo año otro alemán, Karl Benz, creó otro automóvil dotado de encendido eléctrico (por medio de una bobina de inducción) que probó ser muy superior a su invento.






