
Conocida y respetada desde hace dos siglos, es fácil evitar el contacto con ella
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La orografía submarina en los alrededores de Colonia del Sacramento, en el Uruguay, es verdaderamente compleja. Predomina la piedra, pero hay sectores de tosca y, llenando los fondos de las vaguadas, en ciertos lugares muy profundas, de arena y fango, a veces una u otro, y a veces mezclados.
En una nota anterior ya hemos tomado nota de un desprendimiento rocoso de la Punta Negra, algo así como una pequeña dorsal sumergida, y en esta y otras dos notas posteriores nos referiremos a las inmediaciones del puerto deportivo de Colonia, más precisamente frente al mismo, en donde sobresalen tres afloramientos pedregosos, los que son de verdadero peligro para el navegante inexperto, ya que las aguas opacas y marrones no permiten siquiera adivinar su ominosa presencia.
Hoy nos ocuparemos de uno de ellos, la célebre Roca Anita. Cualquier marino que frecuente la zona puede dar testimonio de la cantidad de naufragios o, por lo menos, temibles golpes que esta piedra ha ocasionado -y sigue haciéndolo- a los que no toman sus precauciones.
En realidad, la Roca Anita viene haciendo estragos desde los albores del siglo pasado, y seguirá haciéndolo porque nunca falta un navegante distraído que ingresa en el selecto club de los visitantes de la piedra.
Una roca histórica
Se trata de un bajo fondo de menos de 80 metros de diámetro, situado a unos 1200 metros al sudoeste de la farola de la escollera del puerto deportivo que, cuando hay suerte y no se lo llevó la intensa corriente que impera en el área está marcado por un boyarín rojo ciego, muy cerca del mismo.
Si desde la costanera de Colonia se atisba al río, la isla San Gabriel emerge claramente en las cercanías, apenas a unos 2700 metros de ella, pero la roca en cuestión, de piedra muy dura, está escondida allí mismo, más o menos a un tercio de la distancia entre ambas costas, medido desde Colonia, o sea muy cerca de la costa.
Paradójicamente, entre Anita y la Costanera el canal es muy profundo, con 10, 11 y hasta 12 metros de agua, si el nivel se encuentra en cero.
No hay mejor manera de toparse con ella que ir derecho desde el puerto hacia la isla. Por lo tanto, el desvío necesario para esquivarla conduce por dos caminos: al Norte, arrumbando desde la boya Nº 6, verde, o por el Sur, usando a la boya, también verde, Nº 3.
Con tan sencillas reglas de seguridad, preguntarse por qué, cada tanto, alguno que otro barco tiene que emitir llamados de auxilio cuando sus tripulantes descubren que, ellos también, han estrechado dudosos vínculos -claro está, nada amistosos- con el bajo fondo en cuestión.






