
La semana última, el gobierno de la provincia de Buenos Aires anunció los llamados a licitación para transformar en autovías el tramo de la ruta 63 entre Dolores y Esquina de Crotto y el de la 74 entre General Madariaga y Pinamar.
Celebramos esta decisión del ejecutivo provincial, ya que desde esta misma columna reclamábamos, el 9 de abril último, que la ruta 63 debía ser una autopista por su peligrosidad, en especial en las cercanías de Dolores.
Basta recordar el caos que fue ese tramo de 28 kilómetros el último verano (que motivó otra de nuestras columnas, el 6 de febrero), que debió soportar el paso de unos 20.000 vehículos diarios. Demasiados para una carretera de una sola vía.
Tanto o más peligrosa, por las curvas pronunciadas, es la traza de la 74 entre Madariaga y Pinamar, por la que fluyen en la temporada estival unas 10.000 unidades por día.
Afortunadamente, en 2005 el plan contempla también la licitación de otros corredores complicados de las rutas atlánticas: General Conesa-San Clemente del Tuyú (ruta 11) y de la primera a General Madariaga (ruta 56).
Así como no dudamos en criticarlas, justo es felicitar a las autoridades de la provincia responsables de estas decisiones, que no sólo generarán mayor seguridad y confort para los automovilistas, sino también una buena cantidad de puestos de trabajo.







