
Federico B. Kirbus
1 minuto de lectura'
Da pena ver cómo algunos automovilistas lavan, o hacen lavar, su coche usando un trapo, un poco de detergente y un balde con agua. Como la rejilla se sumerge y enjuaga siempre en el mismo líquido, éste se convierte en una verdadera pasta esmeril que raya más de lo que limpia.
Para un lavado de auto a fondo y concienzudo se necesitan al menos 150 litros de agua renovable. Es cierto que en muchas partes no hay disponible tanta agua, o resulta muy cara, o simplemente su uso -por ser abuso- resulta prohibido.
Pero pronto la técnica del lavado de las carrocerías podría sufrir un cambio sustancial. Adiós rodillos, enjuague, chorros de agua y mangueras de alta presión.
En Suiza acaban de presentar un método de limpieza sin una sola gota de agua y con resultados sorprendentes. En rigor, el principio químico es conocido desde 1957, desde la invención del teflón, pero hasta ahora tuvo escasa difusión.
Una sustancia que contiene éste y otros elementos químicos se aplica rociando la carrocería hasta cubrirla, aunque también sirve para asear y abrillantar embarcaciones, motos, incluso aviones. El líquido, de aspecto lechoso, tiene diversas denominaciones comerciales según la Automobil Revue, de Berna; uno es Laser-Wash.
Pero no hay nada de rayos láser, ni tampoco de agua. La sustancia posee la virtud de envolver todas las partículas de suciedad que cubren la chapa, impidiendo así que el cuarzo que contiene la arenilla con su extraordinaria dureza raye la pintura. Los granos que forman la mugre dejan de surcar y marcar la capa y, en cambio, se deslizan suavemente envueltos por la película del producto rociado.
Con una franela se quita luego la mezcla de la superficie del auto, que si es en un usado queda reluciente como la de un cero kilómetro. Es como lustrar los muebles.
El autor es periodista y escritorde numerosos libros de arqueología y viajes






