
El Fiat Fiorino GNC rinde muchos kilómetros a un costo operativo muy bajo
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El Fiat Fiorino tiene un blasón que nada ni nadie le va a poder sacar jamás: es el modelo que inauguró el segmento de los utilitarios derivados de automóviles en la Argentina.
Así, este versátil vehículo se estableció como un parámetro a seguir en materia de distribución ciudadana de cargas, transporte de pequeños volúmenes y varias tareas más por el estilo.
Desde su lanzamiento en el país hasta hoy han surgido varios modelos para competir con él, pero el Fiorino se ha mantenido como una de las opciones más económicas del mercado.
Esto, aunado a la suba estrepitosa del gasoil y a la experiencia de Fiat en el desarrollo de vehículos equipados con GNC directamente de fábrica (desde el pionero Duna de principios de 1999), hizo que la marca italiana lanzara este modelo muy oportunamente dada la coyuntura económica.
Mecánica. Para equipar esta versión con gas natural comprimido, Fiat eligió el batallador propulsor naftero de 1.3 litro de cilindrada que utilizaron antes varios de sus modelos.
Claro que está modernizado con la incorporación de un sistema de inyección multipunto, obviamente electrónico (Marelli MPI 1G7), que trabaja en combinación con el equipamiento de encendido (de la misma marca), para variar automáticamente el avance al pasar de nafta a GNC y viceversa. Esto evita problemas de confiabilidad y funcionamiento, ya que para operar bien con GNC el avance de encendido debe ser entre 6° y 10° más que con nafta.
Esta correcta puesta a punto del encendido y de la alimentación hace que el Fiorino GNC, sin olvidar que se trata de un vehículo de trabajo, se mueva con más soltura que la que puede suponerse a priori, en especial en su hábitat natural: el tránsito urbano. En esto cabe mencionar la ayuda que le proporciona un correcto escalonamiento general de la caja, que evita que el motor caiga mucho de vueltas entre cambios. Esto es bueno, ya que el máximo torque lo alcanza a las 2750 rpm.
En ruta su elasticidad es menor: le cuesta mucho recuperar sin bajar cambios.
De más está decir que el uso del GNC, gracias a su precio, redunda en una economía imposible de lograr hoy con una unidad con gasoil (de la nafta ni hablar). Concretamente, con alrededor de 9 pesos se llenan los dos tubos que acumulan 25 m3 (50 litros de volumen hidráulico cada uno) de GNC.
Claro está, la autonomía es más limitada que con un gasolero o un naftero puro, aunque con ambos tubos a full se puede recorrer en ciudad unos 270 kilómetros.
Otra buena virtud de esta planta motriz es su bajo nivel de rumorosidad.
Comportamiento dinámico. Por estar basado en una plataforma de automóvil (estructura autoportante, suspensión delantera McPherson), y más allá de las características propias de un utilitario (mayor sección frontal, distinta geometría de suspensión trasera -eje rígido-, más altura), el Fiorino tiene un correcto comportamiento dinámico, tanto en rectas como en curvas, por lo que resulta fácil de manejar. En esto, aunque carece de asistencia, la dirección ayuda por su blandura y cerrado diámetro de giro (9,4 metros).
La suspensión posterior por eje rígido hace que atrás rebote bastante (aunque sin descontrolarse), situación que se nota auditivamente con el intenso traqueteo que proporcionan, debido a los desniveles del camino, las hojas simétricas del portón trasero.
Como es lógico, con carga la situación cambia. Vale mencionar que la capacidad máxima nominal de este modelo con GNC es de 500 kilogramos, unos 50 kilogramos inferior a la versión gasolera, debido al peso extra de los tubos de GNC.
Seguridad. Como con las suspensiones, los frenos responden a las características del Duna original. Esto es, un sistema delantero con discos ventilados y el trasero de tambor, y zapatas autorregulables. Nada nuevo bajo el sol, por supuesto, pero resultan perfectamente eficaces para detener al Fiorino, con o sin carga, en distancias normales.
Dentro del habitáculo, la seguridad se limita a los obligatorios cinturones (eso sí, inerciales) y los correspondientes apoyacabezas para cada butaca.
Este Fiorino incorpora, además, una sólida reja que separa el habitáculo del furgón, poniendo a salvo la integridad del conductor en el caso que algún paquete o elemento salga disparado hacia delante por una frenada brusca.
Sin embargo, la reja (y los parantes de las hojas simétricas del portón) limita mucho la visión hacia atrás por el espejo central, debiéndose recurrir invariablemente a los laterales.
Confort y equipamiento. En este rubro no cabe duda de que el Fiorino es un vehículo de trabajo económico. ¿Qué quiere decir esto? Que la austeridad es extrema: sólo cuenta con los elementos necesarios para conducir el vehículo: un tablero escueto con velocímetro, medidor de combustible (el mismo tanto para nafta como para GNC) y reloj de temperatura de agua; un climatizador mínimo para ventilar el habitáculo o desempañar, y nada más.
La posición de manejo es correcta, siempre y cuando el conductor no sea muy alto, porque la regulación de la butaca en extensión es muy limitada, al igual que la capacidad para rebatir el respaldo.
En materia de transporte, el volumen del furgón es de 3,2 m3 y está relativamente restringido por los tubos de GNC, ubicados inmediatamente detrás de la reja separadora entre el habitáculo y el furgón. El portón trasero es amplio, pero la falta de una puerta lateral lo pone en inferioridad de condiciones frente a otros modelos más actualizados.
Conclusión. El del Fiorino es un diseño que siente el peso de los años, pero el factor económico es vital para tenerlo en cuenta. Tanto por su precio de 5300 dólares (unos 19.000 pesos) como por su bajo costo operativo.






