
Cada año, en Carmel se celebra la gran fiesta mundial de automóviles clásicos.
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CALIFORNIA.- Cada año, el tercer fin de semana de agosto es una fecha clave en el mundo de los autos de colección. A los alrededores de Monterrey, uno de los lugares más fascinantes de California, llegan entusiastas de todo el mundo para participar, durante cuatro jornadas, del encuentro internacional más importante de automóviles clásicos.
Es tan grande el fanatismo, que las rutas de acceso y los propios estacionamientos públicos se transforman en verdaderas exposiciones, ya que la gente llega al volante de sus propios modelos de colección.
Aunque todas las actividades son atractivas, algunas se imponen por su espectacularidad, como el Concurso de Elegancia que se realiza en el famoso campo de golf de Pebble Beach, en los alrededores de Carmel, cuyo ganador fue un Delahye 135. Este año, además, se festejaron los 50 años del concurso. Desde las 7, junto a la clásica bruma del Pacífico, se estacionaron, sobre el mismo campo de golf, 100 autos cuidadosamente seleccionados durante un año por los organizadores.
El jurado, integrado por especialistas, inspeccionó cuidadosamente cada unidad, verificando su funcionamiento, su historia y su originalidad. Su trabajo finalizó a las 17, momento en que se anunció el Best of the show, un equivalente al gran campeón de Rural.
La mayoría de los modelos expuestos tiene carrocerías que en su época fueron de gran avanzada y su estado de presentación es inmaculado.
En este megaencuentro de los clásicos participaron tres coleccionistas argentinos. Daniel Sielecki con un Napier de 1904, Carlos Sielecki con una Maserati A6CGS de 1954 y Luis Gold con un Vauxhall 30/98 1928. En sus respectivas categorías, el Napier recibió un segundo premio y la Maserati resultó tercera. Eso significó que por primera vez fueran premiados expositores sudamericanos.
Vértigo y subastas
A unos veinte kilómetros de Pebble Beach, en medio de una geografía muy árida, casi desértica, está el espectacular trazado del circuito de Laguna Seca, donde hace un año tuvo su desgraciado accidente el corredor uruguayo Gonchi Rodríguez en la Fórmula Cart.
Allí, durante tres días, más de 300 automóviles deportivos participaron de distintas carreras de velocidad.
Vimos en acción magníficas unidades. Corrieron catogerías de preguerra; de autos sport como Aston Martin DB3s, Maserati 300s o Ferrari Testarrosa, y monopostos, incluyendo una Maserati 250F como la que Fangio llevó a la gloria.
El broche final fue una carrera impresionante de F1 históricos hasta 1983. Treinta y dos autos estuvieron en la largada, 10 más que en una carrera de F1 actual. Entre ellos, dos que fueron corridos por Lole Reutemann (Brabham BT44 y Ferrari 312T), además del Tyrrell, del Williams de Keke Rosberg o el Lotus 78 con efecto suelo . Al volante estuvieron figuras como Stirling Moss y Jack Brabham, entre otros.
El otro gran punto de reunión fueron los remates. Christie´s, Brooks y RM fueron las firmas responables de vender, en tres noches de fiesta, más de 600 autos. Y hubo de todo. Se pagaron desde 5000 dólares por un simple Ford A hasta US$ 3.000.000 por un Alfa Romeo 2900A.
Por último, es para destacar el concurso italiano que se realizó sobre otro magnífico campo de golf tapizado de autos, este año dedicado a Maserati. En el concurso de elegancia italiano hubo más de 400 unidades de todas las épocas entre Ferrari, Maserati , Lamborghini y otras marcas.
Para los amantes de los autos clásicos, ésta de California es una cita imperdible. Así lo sienten también directores de museos europeos y organizadores de encuentros mundiales y toda la gente ligada a esta actividad.
Una buena prueba de eso es que el lunes posterior al cierre, al dejar sus hoteles, los pasajeros reservaron sus cuartos para el año próximo, porque esa es la única manera de tener lugar. Así lo hicimos los argentinos que soñamos con volver en el 2001 para participar representando al país, tanto en el concurso de Elegancia como en las carreras, como ya lo hacemos en las Mille Miglia de Italia y, en menor medida, en la Targa Florio y el Tour de France.
El entusiasmo por los autos clásicos en la Argentina volvió a crecer, especialmente en los últimos diez años, lo que confirma que los modelos de colección no sólo son un medio de transporte, sino un símbolo cultural de algo que pasó y que hoy es admirado, añorado y atesorado.






