
El familiar mediano de la marca del rombo se destaca por su equilibrio dinámico, amplitud interior y el bajo consumo del motor diesel
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Después de los recordados 12 Break y 18 Break, Renault no volvió a ofrecer en nuestro país modelos compactos en versiones familiares. El segmento de modelos con mayor espacio, a pesar de que en otros lugares del mundo se lanzó el Mégane I familiar, estuvo cubierto solamente por el Scénic y el Laguna Nevada.
Sin embargo, con el lanzamiento del Mégane II Grand Tour, la casa del rombo vuelve a poner en los concesionarios argentinos un modelo pensado para la familia.
Fabricado en Brasil, llega a la Argentina con tres motorizaciones, dos nafteras de 1.6 litro (110 CV) y 2 litros (138 CV) y una 1.5 turbodiesel (100 CV) que es la que probamos.
A diferencia de otros station wagons, el Grand Tour no se trata de una berlina con la carrocería estirada. A primera vista se nota que desde la idea, fue concebido íntegramente como una carrocería familiar.
Armónico, tiene obviamente las modernas líneas de diseño de la familia Mégane II, pero el remate del auto es verdaderamente atractivo y con ópticas importantes.
El interior no tiene diferencias con sus hermanos de cuatro puertas. Está bien concebido, es agradable y muy luminoso. Los instrumentos son completos y de fácil lectura y el panel, en general, sin llegar a la calidad del europeo está bien terminado (algunos plásticos son mejorables).
El espacio es muy cómodo para cinco pasajeros adultos. Incluso quienes viajan atrás disponen de mayor espacio que en el Mégane II de cuatro puertas. Esto se debe a una mayor distancia entre ejes: mientras que el sedan tiene 2,625 metros, el Grand Tour tiene 2,686. Esos 6 centímetros más de largo no sólo les otorga mayor espacio a los pasajeros, sino que tienen incidencia también en el comportamiento del auto.
Otro punto destacable es el gran espacio de carga, superior incluso al del Laguna Nevada. Abriendo el portón, es muy fácil cargar las cosas porque el borde inferior es muy bajo. Además, debajo del piso del baúl está la rueda de auxilio de tamaño normal, algo muy apreciado para un auto como éste, que tiene alma de viajero.
Es cierto que a la hora de elegir un auto los gustos pueden prevalecer sobre la racionalidad.
Pero si tengo que dar un concepto para definir al Mégane II Grand Tour 1.5 Cdi, es el equilibrio y la coherencia. Es un auto concebido para el uso familiar. Personalmente, si tuviese que elegir uno de los tres motores, me quedo con el diesel.
Mecánica ideal
Este motor, con poca cilindrada, tiene un comportamiento muy bueno. Muy suave y silencioso, entrega la potencia de forma progresiva y tiene un par motor que se aprovecha al máximo desde las 1900 rpm.
En la ruta, en especial en los sobrepasos, hay que tener en cuenta de tener un régimen alto de revoluciones. Si es necesario, es mejor rebajar una marcha para no quedar por debajo de las 3400 rpm.
Por lo demás, el 1.5 le permite desarrollar una excelente velocidad de crucero y el consumo, a cualquier ritmo, es realmente bajo. La caja manual de 5 velocidades es eficiente, suave de accionar y precisa. El nivel de equipamiento es bueno, tanto en confort (aire, pack eléctrico, CD changer, control de velocidad crucero) como en seguridad (doble airbag, ABS y otros).
Todo eso se combina con un excelente confort de marcha. El auto realmente se desplaza muy bien.
Y esos seis centímetros de mayor distancia entre ejes antes mencionados no sólo aumentan la comodidad; también se perciben en el comportamiento rutero. Va mejor afirmado que el modelo de cuatro puertas, se siente más seguro y con mejor apoyo en el tren posterior. La dirección es eficiente, aunque podría ser más firme a altas velocidades.
Decir que fue concebido para viajar en familia es la mejor descripción del Mégane II Grand Tour turbodiesel, que tiene una autonomía sorprendente. Por precio está por debajo del 307 SW HDi y por encima del Marea Weekend JTD. Es cómodo, amplio, silencioso y con muy bajo consumo. Y, además, atractivo. ¿Se puede pedir más?






