
El izado de dos velámenes en paralelo en la proa, denominado aparejo cutter, ha dado tan buenos resultados que se lo emplea profusamente
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Un velero recibe todo su impulso del velamen, especialmente si navega oblicuamente en contra del viento, o sea en lo que se denomina ceñida. Si, en cambio, el viento comienza a franqueársele, que es cuando entra con ángulos de unos 55 o más grados desde una banda, medidos a partir de la proa, una parte de su aparejo también contribuye a su propulsión, aunque de manera muy poco redituable.
El efecto máximo de esta ayuda que recibe el velamen se logra cuando se navega con el viento desde la popa, con todos los cables, cabos y perchas, incluso tripulantes, obrando como velas.
Pero no todas las velas tienen igual participación en la torta del rendimiento. La cenicienta, la que menos produce, es, paradójicamente, la que se denomina mayor.
El término proviene de siglos atrás, cuando la vela más grande -y presumiblemente más poderosa- estaba enarbolada en el mástil principal y sujeta en la parte inferior por una fuerte botavara.
Tuvieron que llegar los aerodinamicistas para aguarles la fiesta a los diseñadores, cuando les dijeron que, por grande que fuera la mayor, su contribución a la fuerza propulsiva total no era, justamente, la mayor, valga el juego de palabras.
El mástil, un inconveniente
El mástil, y adicionalmente todos los cables o jarcia rígida que ayudan a sostenerlo en pie, es el culpable de que la vela más grande no desarrolle toda la potencia que aparenta tener.
Aunque se le dé un perfil aerodinámico, inevitablemente el mástil tiene un espesor que, al estar por delante de la entrada del viento en la vela, especialmente en la ceñida, termina por entregarle a la vela remolinos en vez de una vena fluida, y ellos se encargan de consumir, para formarse y mantenerse, una buena porción del viento puro y claro que llega al mástil.
Como resultado, a la vela mayor no le damos nafta súper, ni siquiera común, sino querosén, y entonces aparenta dar potencia, pero se queda sólo en eso, porque es portadora de un confuso e invisible panorama de aire en movimiento turbulento, dilapidando, en forma irremisible, energía.
Es por eso que más y más diseños actuales dan prioridad a las velas de proa, como genoas o foques, dado que éstas reciben al viento con apenas una mínima distorsión, debido a que solamente tropieza con un delgado cable, el stay proel.
La idea de duplicar los foques de proa, por medio de dos stays en paralelo, uno adelante y otro más atrás, no es nueva, y en su momento fue bautizada como cutter.
Dos velas tiran más que tres
El aparejo cutter está siendo utilizado profusamente, en especial en los veleros que se chartean en el Caribe, las Bahamas o el Egeo, y es posible ver allí qué bien se comportan los barcos que, además de la tradicional vela mayor (que ya ni siquiera es verdaderamente mayor que las otras, en términos de superficie), pueden izar simultáneamente una vela grande a proa, usualmente denomina yankee, y otra un poco más a popa de ella, denominada trinquetilla.
Quien haya navegado con tal aparejo podrá dar fe de que la yunta de velas de proa, aunque estuvieran solas, tira mucho más que la vela mayor, al punto de que ésta, especialmente en los rumbos muy francos como por la aleta, y más aún si son ventosos, puede llegar a ser arriada del todo, con el sorprendente resultado de que dos velas (las de proa) tiran, efectivamente, más que tres.





