Las automotrices chinas pusieron el foco en la tecnología y aseguran haber cambiado un paradigma
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La industria automotriz china avanzó a pasos agigantados en el mundo durante los últimos años. En paralelo, tanto las marcas de ese origen como sus modelos comenzaron a llegar con más fuerza a la Argentina, impulsados por una mayor apertura del mercado y por beneficios tributarios, como el que permite el ingreso anual de hasta 50.000 vehículos sin pagar el arancel extrazona del 35%.
En este contexto, una de las principales preguntas que surge es cómo hicieron las automotrices chinas para ganar protagonismo, liderar ventas y avanzar sobre mercados donde históricamente predominaban marcas de otros orígenes.
La respuesta se apoya en varios pilares: un fuerte salto tecnológico, la alta competitividad y una eficiencia productiva que, en muchos casos, permite ofrecer vehículos más accesibles, incluso dentro del segmento electrificado.
Más allá de estos factores, especialistas del sector coinciden en que la industria china logró algo más profundo: cambiar el paradigma del automóvil y la forma en que los usuarios lo perciben e interpretan.

“Hace 10 años, la industria automotriz china contrató a los mejores diseñadores del mundo, y eso no es un dato menor. Hoy llegan autos de China a la Argentina con un nivel de modernidad muy alto, en un mercado que durante años estuvo rezagado y muy enfocado en Brasil. Son vehículos que demandan menos divisas y, al mismo tiempo, ofrecen más tecnología”, señaló Hugo Belcastro, expresidente de la Cámara de Importadores de Autos (CIDOA) y titular del importador Grupo Belcastro.
En la misma línea, remarcó: “Hay una enorme vocación por la eficiencia. Buscan hacer autos más modernos, con más equipamiento y con innovación constante. Hoy producen 30 millones de vehículos al año, más que Europa y Estados Unidos juntos”.
Uno de los puntos donde China logró diferenciarse con mayor claridad es en la electrificación. Un caso emblemático es el de BYD, que se posiciona como la automotriz con mayor volumen de ventas a nivel global en vehículos eléctricos (EV) e híbridos enchufables (PHEV).
“Tenemos más de 120.000 ingenieros trabajando en investigación y desarrollo. Somos más una empresa de tecnología que una automotriz tradicional”, explicó Christian González, gerente de producto de BYD, una automotriz que llegó como filial a la Argentina.

De hecho, BYD cuenta con buques propios para transportar sus vehículos a distintos mercados. Una lógica similar se observa en Geely, que no se limita al desarrollo de automóviles, sino que apuesta a un ecosistema tecnológico más amplio: entre otras iniciativas, dispone de una red propia de satélites, denominada Geespace.
El auto como el nuevo celular
La tecnología es, justamente, uno de los grandes pilares del éxito de las marcas chinas. Pero no se trata únicamente de pantallas o sistemas multimedia, sino de una concepción integral del vehículo.
“Antes, las asistencias a la conducción estaban reservadas exclusivamente para los autos premium. Hoy, un SUV de entrada de gama ya las incorpora”, explicó Juan Azamendia, director de Autos Sustentables del Sur —nuevo representante de Geely en la Argentina—, quien además destacó el peso del diseño: “En China hay una enorme cantidad de centros de diseño y se le da muchísima importancia a ese aspecto”.

La fuerte apuesta por la electrificación, la innovación constante, la eficiencia en los procesos y el diseño permitió que estas automotrices alcancen un objetivo que hasta hace pocos años parecía impensado: transformar al auto en un dispositivo tecnológico cada vez más cercano a un celular.
“En la actualidad, BYD tarda menos de dos años en lanzar un nuevo modelo para adaptarse a las nuevas tecnologías, algo similar a lo que ocurre con los celulares. Entonces sucede que los clientes cambian sus autos cuando aparece una nueva generación, tal como pasa con los smartphones. Pero esto no significa que la durabilidad de los vehículos sea baja, sino todo lo contrario: está respaldada por el trabajo de más de 120.000 ingenieros de la firma”, analizó González.
Sobre este mismo concepto también se refirió Azamendia: “El auto chino es un smartphone, ya que se lanzan modelos nuevos todos los años, mientras que el resto de las marcas tarda hasta seis años”. Asimismo, como los procesos son más rápidos, incluso el reemplazo de baterías o las cargas se realizan con gran rapidez. En China, por ejemplo, se observa que en apenas tres minutos pueden cambiar la batería de un auto, o cargarla en unos 15 minutos, según Azamendia.
La tecnología aplicada al producto
En lo que respecta al vehículo en sí, más allá del diseño (al que se le presta especial atención), de la seguridad (con buenas calificaciones en Euro NCAP y Latin NCAP) y del tamaño de las pantallas, la calidad de los materiales y las terminaciones es uno de los aspectos que más llama la atención, según el gerente de producto de BYD.
A esto se suma la electrificación, uno de los principales factores por los que la industria automotriz china se destaca. Esta tecnología permite reducir las emisiones, bajar los consumos e incluso disminuir los costos de mantenimiento.
Un ejemplo de esto es lo que informan desde BYD: sus vehículos presentan una reducción de peso (hasta un 30% menos frente a otros modelos con tecnologías similares, como el sistema DM-i) y un esquema de mantenimiento diferente.

En concreto, un vehículo 100% eléctrico tiene un costo de mantenimiento cercano a $130.000 cada 20.000 kilómetros, mientras que en un híbrido asciende a unos $260.000. También los cambios se notan claramente en los consumos, ya que, al tratarse en su mayoría de autos híbridos, el consumo de combustible es notablemente menor, sin resignar potencia ni torque.
Impulsada por esta aceleración tecnológica, la industria automotriz china no sólo gana terreno, sino que empieza a reconfigurar el mapa global. En ese escenario, Belcastro proyecta que, en tres años, los autos de ese origen podrían llegar a representar cerca del 40% de las operaciones en la Argentina.










