Cuatro compañías realizaron una alianza para que la conducción autónoma revolucione la movilidad; qué rol juega Estados Unidos
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La conducción autónoma dejó de ser una promesa futurista para convertirse en el próximo gran salto de la movilidad. Lo que hasta hace pocos años parecía una utopía de la ciencia ficción comienza a tomar forma con la combinación de inteligencia artificial, sensores de alta precisión, aprendizaje automático y conectividad permanente.
Este tipo de vehículos promete transformar no solo la manera de desplazarse, sino también el propio concepto de propiedad, infraestructura y responsabilidad vial.
Los beneficios potenciales son múltiples: reducción de accidentes causados por error humano, optimización del tráfico, menores emisiones por conducción más eficiente y un acceso más inclusivo al transporte, especialmente para personas mayores o con movilidad reducida. Sin embargo, también plantea interrogantes profundos. Los marcos regulatorios todavía buscan adaptarse a una realidad en la que la homologación técnica y la responsabilidad civil y penal podrían recaer en fabricantes, desarrolladores de software o incluso proveedores de datos.

Aun así, la industria avanza. En los próximos años, las principales automotrices y tecnológicas planean desplegar flotas de vehículos capaces de circular sin intervención humana bajo determinados entornos controlados.
Esa etapa, conocida como nivel 4 de autonomía, implica que el vehículo puede conducirse por sí mismo en la mayoría de las situaciones, aunque el sistema puede requerir asistencia en casos extremos o fuera de las zonas geográficas habilitadas.

En ese escenario, el gigante Nvidia dio un paso decisivo al anunciar un acuerdo con Uber para desplegar 100.000 robotaxis a partir de 2027, en una alianza que también involucra a Stellantis y Foxconn (una de las mayores fabricantes electrónicas, conocida por ensamblar productos para Apple, Microsoft y Amazon, entre otras).
La iniciativa, presentada en la conferencia GTC DC en Washington, apunta a consolidar un ecosistema global de movilidad autónoma de nivel 4.
Durante el evento, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, presentó la nueva plataforma Drive AGX Hyperion 10, desarrollada para dotar a los vehículos de las capacidades necesarias para operar sin conductor humano. “El sistema está pensado para crear vehículos listos para operar como robotaxis”, explicó el ejecutivo, quien definió a estos autos como “robots sobre ruedas” que marcan el inicio de una nueva era.

El proyecto prevé una colaboración a gran escala: Nvidia aportará la plataforma informática y el hardware de inteligencia artificial; Uber gestionará la red de datos y la infraestructura operativa; Stellantis proveerá las bases vehiculares y Foxconn asumirá la integración de sensores y software de alta precisión.
Mientras tanto, empresas como Waymo, filial de Google, ya operan la flota comercial de robotaxis más grande del mundo, con alrededor de 2000 vehículos activos en Estados Unidos. Sin embargo, el salto a una escala masiva como la que propone Nvidia podría marcar un antes y un después en la adopción global de esta tecnología.
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