Son jóvenes de distintas carreras que trabajan hace años en la fabricación y preparación de una unidad para correr en la Fórmula SAE
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Tanto se podría hablar del talento argentino, de los logros en diferentes aspectos de la vida y de los miles de ejemplos y reconocimientos conseguidos a nivel mundial. En la medicina, en ciencias diversas, en deporte, en arte y en otros sectores han quedado registrados nombres de argentinos que se distinguieron en el pasado, otros que lo hacen en el presente y tantos otros que vendrán.
Poner el ojo en el ámbito académico es invertir a futuro porque los resultados más tarde o más temprano, van a llegar. En el mientras tanto, el acompañamiento en la divulgación de proyectos o procedimientos es un aporte que hace a ese todo que, además del o los talentos, incluye esfuerzos de todo tipo, no solo económicos, sino en dedicación, sacrificios y todo lo que insume dar a conocer la creatividad.
El proyecto que tiene a este grupo de estudiantes de carreras de ingeniería de la UBA se postula como un caso a tener en cuenta como posible futuro logro, aunque ya el recorrido hecho hasta acá sienta un precedente; lo conseguido no se borra, sino que deja una puerta abierta para los estudiantes que vendrán. Ese es uno de los objetivos del proyecto, un logro que va más allá de los resultados.

El hoy conocido como FIUBA Racing Team nace como un proyecto iniciado en octubre de 2022 y presentado en diciembre de 2023. El objetivo es investigar e innovar con un desarrollo dentro del terreno de la movilidad y puntualmente en el ámbito de la competencia.
Este proyecto tiene como meta un concurso de diseño de carácter internacional a partir de la participación en la Fórmula SAE Internacional, siglas que representan a la Society of Automotive Engineers, entidad con unos 120 años de historia y que en su registro de fundadores figura un tal Henry Ford.

Ese es un organismo con un importante peso a nivel internacional, ya que establece estándares de consenso dentro de la industria automotriz. De la competencia participan alumnos de carreras de ingeniería de todo el mundo, que se medirán con autos de carrera monoplaza diseñados, construidos y puestos a punto técnica, mecánica y dinámicamente por ellos.
Anualmente, de la Fórmula SAE participan 600 universidades de más de 20 países. El dato clave para la edición 2026 es que por primera vez tendrá como participante a un grupo de estudiantes de la universidad pública de la Argentina. Antes de la pandemia lo había hecho un equipo de estudiantes de Ingeniería Mecánica de la universidad privada Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), quienes en 2017 obtuvieron un segundo puesto entre más de 50 vehículos de todo el mundo.

Equipo en crecimiento y en pleno trabajo
En el detrás de escena de este proyecto que fue tomando forma y avanzando, hay cientos de horas de cálculo, diseño, ensayo y trabajo en equipo que, originalmente estaba compuesto por 8 integrantes, y hoy son casi 50 los universitarios embarcados en una iniciativa que combina formación académica, innovación tecnológica y espíritu competitivo.
No solo son estudiantes de Mecánica, sino también de ingeniería Electrónica, Industrial e Informática, además de carreras como Diseño, Imagen y Sonido de la FADU, junto con áreas como Marketing y Comunicación.

Es una combinación necesaria, ya que, además de poner en pista el “fierro” en sí, tienen que presentar y defender su modelo de negocio con el propósito de atraer a potenciales inversores. Es la etapa de simulación de empresa en la que deben demostrar cómo operar como tal, considerando aspectos como el presupuesto, la fabricación y la comercialización.
Son ocho áreas trabajando en conjunto. Guido Paganini (Presidente), Lukas Aiello (jefe de Equipo), Iván Peronace (líder de Chasis), Lautaro Domínguez (líder de Electrónica), Francisco Devereux (tesorero), Santiago Heidenreich (líder de Management), Lucas Mondino (líder de Motor y Transmisión), Agostina Pulen Serra (jefa de Comunicaciones), Agustín Strohmayer (jefe de Aerodinámica), Romeo Cabello Alberti y Gianna Lucchini (productores Audiovisuales) son algunos de los integrantes de este proyecto surgido en las aulas de la universidad nacional.
Cuentan que cuando el proyecto nació, hace poco más de tres años, era todo ideas y entusiasmo, pero faltaban recursos, herramientas y un taller. En julio de 2024 obtuvieron un espacio físico de trabajo y desde ahí los esfuerzos se destinaron a profesionalizar la organización del equipo, incorporar nuevos miembros, y trabajar, “cranear” y seguir trabajando, todo bajo reglas claras de convivencia y una esmerada planificación.
Ahí construyeron el primer prototipo. Luego fue el turno de refaccionar el taller y, al poco tiempo, llegó el tan ansiado motor (con inversión propia), lo que les permitió empezar a diagramar de manera más concreta ya que les abrió paso para hacer los cálculos de la transmisión a partir de piñón y corona.
Luego arrancaron con el diseño para montaje en 3D para acoplarlo al chasis. Más tarde se diseñó admisión y escape, siempre cumpliendo con las reglas fijadas por la organización. En el camino fueron dando pasos clave, como es el apoyo empresarial, tal es el caso de RUS Med Team y Prestige Auto —empresa que lleva adelante los destinos de Mercedes-Benz Argentina—, Götter, RaceTec, entre otros.
La cita: el mítico circuito de Interlagos, en Brasil
La Fórmula SAE es una de las competencias universitarias de ingeniería más exigentes del mundo y se realiza en uno de los circuitos más icónicos del planeta: el “José Carlos Pace”, mundialmente conocido como Interlagos, en San Pablo, Brasil.
La competencia evalúa tanto el desempeño dinámico del vehículo, midiendo aceleración, maniobrabilidad, resistencia y eficiencia, como también aspectos estáticos; es decir, diseño, análisis de costos y modelo de negocio antes mencionado.

Los participantes suman puntos en cada instancia, hasta alcanzar un total posible e ideal de 1000. Cada prueba tiene su puntaje máximo, como por ejemplo los 275 puntos que otorga la de resistencia, o los 100 que entregan tanto la de eficiencia, como las de aceleración y análisis de costos.
Una de las pruebas más duras de la cita es la denominada “Endurance”, en la que el auto debe completar 22 kilómetros girando sin parar. En esa exigente instancia se mide el tiempo y el desempeño del motor.
Otro aspecto que los tiene entusiasmados y con un fuerte compromiso es el proceso de monitoreo de datos en tiempo real, que se compone de tres pilares fundamentales: la recolección a través de un micro controlador; el almacenamiento y posterior envío a través de telemetría; y la visualización a través de gráficos y análisis.
Algunos de los parámetros controlados son: velocidad, fuerza G, presión de neumáticos y de frenos, fuerza en la suspensión, aceleración y deformación del chasis, entre otros.
Cómo es el auto argentino que busca su lugar en el mundo
El monoplaza tiene un motor bicilíndrico de moto, con pistón de 4 tiempos y una cilindrada de 649,3 cc (el reglamento indica que no de superar los 710 cc) que desarrolla una potencia máxima de 45 kW (algo más de 60 CV) a 8750 rpm y un torque de 56 Nm a 7000 vueltas.
Una vez separado del cuadro de la moto, le hicieron el reconocimiento y luego le instalaron la computadora ECU. Cada parte del motor, ya sea de estructura como mecánica y de electrónica, debe ajustarse a los requisitos técnicos impuestos por la Fórmula SAE.

El chasis debe respetar una distancia al suelo mínima de 30 mm y una distancia entre ejes no inferior a 1525 mm. A su vez, las 4 ruedas deben montarse fuera del eje longitudinal y contar con suspensión en los cuatro puntos de contacto. El sistema de frenos, en tanto, debe ser dual.
Para cumplir con el nivel estándar de seguridad requerido, la estructura tubular de acero cuenta con protección ante vuelcos, atenuador de impactos, tiene un arnés de 5 y 7 puntos y también protección lateral.
Aseguran que es clave el trabajo aerodinámico ya que un buen diseño permite mejorar considerablemente el agarre en curvas, la estabilidad en frenadas y el comportamiento general del vehículo.

El área de Aerodinámica se dedica al diseño de alerones, difusores, canalizadores y carrocería, utilizando herramientas de simulación, validaciones experimentales y pruebas en pista. Esto les permite analizar cómo fluye el aire alrededor del vehículo sin necesidad de un túnel de viento, para evaluar diferentes configuraciones y optimizar cada componente aerodinámico antes de su fabricación.
Semanas atrás le llegaron los tubos para armar el chasis mediante el proceso de soldadura. El límite para presentar el diseño del monoplaza a la competencia es en estos días de enero, para entonces tienen que tener lista la construcción con el chasis y la suspensión.
Para otros detalles de la carrocería hay plazo hasta marzo. La prueba exige la presentación de cuatro pilotos para conducir el monoplaza, que saldrán del mismo equipo, aunque aún faltan definir los nombres.
Hacia la grilla de partida
Ahí están, metiendo horas y horas de taller. Quieren ser la primera universidad pública argentina en competir y generar tecnología para la industria automotriz nacional.
Cuentan con alianzas estratégicas de privados que les dan su aporte, aunque siguen abiertos a otros apoyos necesarios para completar el proyecto hasta llegar al momento de la competencia, como la logística para llevarlo hasta San Pablo, uno de los desafíos más grandes en el camino hacia la cita.
A través de su página web, los jóvenes comparten información del proyecto al mismo tiempo que reciben a nuevos socios al programa. Además, manejan sus redes sociales donde actualizan constantemente las novedades referidas a su avance (@fiubaracing).
Queda claro que el objetivo es competir en Brasil. Sin embargo, el proyecto como alumnos de la UBA va más allá, ya que busca generar una comunidad que perdure en el tiempo, asegurando un espacio de formación y aprendizaje para futuras generaciones. “La carrera comienza en 2026, pero para nosotros no hay línea de meta. Este es un proyecto que llegó para quedarse”, sostienen desde el equipo.









