Cerrará por un tiempo la histórica confitería Ideal para su puesta en valor

Pasado mañana será el último día que el tradicional local del microcentro estará abierto al público
Valeria Musse
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29 de marzo de 2016  • 13:52

De fondo suena una milonga. Cinco parejas bailan en el centro del salón principal de la confitería Ideal. Hay quienes saben qué pasos corresponde hacer. Otras personas tienen su mirada clavada en el suelo para no pisar a su compañero. Mientras en el microcentro los oficinistas corren de un lado a otro, los visitantes del histórico bar disfrutan de un momento de ocio bien porteño. Tienen que aprovechar el tiempo: pasado mañana será el último día en el que el local estará abierto al público ya que comenzarán los trabajos para que el edificio "vuelva a brillar", según anunció la tradicional confitería a través de un comunicado.

"Se trata de una puesta en valor del edificio en su totalidad pero, desde ya, no se va a tocar la esencia del lugar, eso que lo distingue desde 1912", aclara una y otra vez Fabián Norese, a cargo de la operatividad de la confitería. Aunque no precisó detalles sobre las obras que se harán en el emblemático bar de Suipacha 384, el encargado contó que se pulirán las placas de bronce que decoran los dos salones y se arreglarán las luminarias y los apliques, entre otros trabajos.

El jueves será un día especial tanto para los clientes como para los trabajadores de la confitería. Cuando finalice esa jornada, el aire de tango que se respira en el imponente local se tomará un descanso. Gregorio Meza es uno de los mozos con mayor antigüedad en la Ideal. Después de 23 años allí, dice: "Es como mi casa". Confiesa que siente un poco de nostalgia porque no habrá actividades en el bar durante un tiempo –no se precisó cuánto durarán los trabajos para la puesta en valor–, "pero será un volver a nacer", asegura.

Detrás de Gregorio, en el salón de la planta baja, hay ocho mesas ocupadas. Las personas casi no hablan entre sí. No hay murmullo. Sólo se escucha una milonga y las miradas apuntan al centro de la pista donde, entre los adultos, un niño con la camiseta de Boca intenta bailar con un allegado. También hay un mozo que tiene tomada a una mujer por la cintura y parece ser todo un experto en danza. La confitería está a poco más de 100 metros del Obelisco. Es un día hábil en pleno microcentro porteño, pero la realidad dentro del bar es otra.

Farah es una de las espectadoras. Cada vez que viaja desde los Estados Unidos no pierde la oportunidad para poner en práctica los movimientos de tango que aprendió en su país. "Es un lugar muy amistoso", dice en inglés, mientras acompaña la música con un leve movimiento de su pie derecho, que lleva un zapato especial de baile bien brilloso. "Es el mejor lugar en el que tuve la chance de bailar aquí, en Argentina", enfatiza, emocionada.

La puesta en valor de la Ideal tuvo sus primeros pasos en 2015, cuando se decidió restaurar el histórico escenario de "Orquesta de Señoritas" que está ubicado en una especie de sobrepiso en la planta baja de la confitería. Agrupaciones femeninas como Sciammarella Tango, China Cruel y Cuarteto de Señoritas participaron de su reinauguración.

Más de 100 años de historia

La Confitería Ideal funciona desde 1912 en un edificio de dos plantas y fue fundada por Don Manuel Rosendo Fernández, un comerciante oriundo de Galicia. Los materiales para decorar el local provienen directamente desde Europa: arañas francesas, sillones de Bohemia, el mármol para las escaleras y, entre lo más destacable del bar, se encuentra la boiserie de roble de Eslavonia tallada por artesanos que engalana gran parte del lugar. La "Flor de Lis" no sólo forma parte de la identidad del local, sino que se encuentra en cada punto de la decoración: está en los cielorrasos, paredes y hasta en las vitrinas.

Sólo en la planta baja de la confitería hay 14 imponentes arañas. En la antesala, dentro de una vitrina, se expone la guitarra original de Carlos Gardel, aquella que utilizara para la filmación de la película El día que me quieras, en 1935. El espacio cuenta con viejos espejos y dos pianos que sobrevivieron al paso del tiempo.

Entre sus visitantes ilustres se pueden mencionar: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Luis Sandrini, Juan Domingo Perón, Evita y Joan Manuel Serrat. También pasaron por allí Maurice Chevallier, María Félix y Robert Duvall, Yoko Ono, la cantante islandesa Björk y más recientemente Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones.

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