Dolor y un renovado reclamo de justicia a 10 años de Cromagnon
Familiares de las víctimas y sobrevivientes se concentraron en la Plaza de Mayo; leyeron un durísimo documento en el que acusan al poder político; misa en la Catedral y mensaje del Papa
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El dolor y el reclamo de justicia signaron ayer los homenajes realizados por el décimo aniversario del incendio en Cromagnon, que en la noche del 30 de diciembre de 2004 se convirtió en la peor tragedia no natural de la historia nacional. Durante el acto central de la jornada, familiares de las 194 víctimas y sobrevivientes denunciaron la existencia de vínculos corruptos entre empresarios y los gobiernos nacional y porteño, que, de espaldas a los intereses de la gente, conducen a la muerte de trabajadores y sus hijos. Como sucedió en el boliche de Once y en la línea Sarmiento.
"No existe Levy [Rafael, el gerenciador de Cromagnon] sin Ibarra, ni Cirigliano sin Kirchner. Eso es la lógica Cromagnon: el funcionamiento perverso del Estado y los empresarios, que, enceguecidos por acumular poder político o maximizar ganancias económicas, toman decisiones que ponen en peligro la vida del pueblo. Y que se agrava cuando mediante corrupción se violan las normas", sentenciaron.
Además, acusaron al actual jefe de gobierno, Mauricio Macri, por reforzar con la Agencia Gubernamental de Control esa misma lógica y denunciaron que "el negocio de la ilegalidad también sostiene este gobierno", para recordar a las víctimas del incendio del conventillo de La Boca, el derrumbe de Beara o el incendio de Iron Mountain.
La lectura del duro documento fue realizada por cinco sobrevivientes, pertenecientes a diferentes agrupaciones de víctimas, que consensuaron el contenido. Y fue presenciada por una multitud de personas que se acercaron a la Plaza de Mayo para participar de las actividades en memoria de los víctimas del incendio. En su gran mayoría, también acompañaron la marcha de los familiares, sobrevivientes y organizaciones por los derechos humanos hasta la plaza Miserere.
Poco antes, al final de la misa celebrada en la catedral metropolitana por el arzobispo Mario Poli, sus colaboradores transmitieron un emotivo mensaje enviado por el papa Francisco: "Nunca podré olvidar aquellos días recorriendo los hospitales, hoy sigo caminando junto a ustedes. Saben los padres y los familiares que siempre los acompañaré y tendrán mi apoyo en esta causa. Esta tarde no sólo quiero acompañarlos en la oración, sino en esta causa justa. Reciban ustedes la bendición de Dios".
Después, en la Plaza de Mayo, los familiares insistieron en el reclamo de justicia. "Hablar de Cromagnon es hablar de injusticia. La primera y más grande fue la muerte antinatural y evitable de jóvenes. Se desprendieron otras (...): padres que han muerto de dolor, la tardanza en el dictado de sentencias, cambios de carátulas, condenas insuficientes y la permanente repetición de Cromagnones a lo largo y lo ancho del país", dijeron.
En ese sentido, señalaron: "No queremos que mueran nuestros hijos o amigos en un incendio por salir a bailar, en un choque por ir al trabajo en tren o en una inundación en su casa por un temporal", como sucedió en La Plata. "Se habla de la década de los derechos humanos... Es necesario entenderlos integralmente, no sólo fueron violados durante la última dictadura militar, sino también en democracia", agregaron.
La intensa jornada de homenajes había comenzado a la mañana. Sumidos en un ambiente de profundo respeto, familiares y amigos de las víctimas se acercaron desde temprano al santuario de la calle Mitre, frente al boliche, a saludar a sus seres queridos, cuyos rostros quedaron inmortalizados en el paseo peatonal inaugurado anteayer.
Cada uno, a su manera, homenajeaba los muertos de aquella fatídica noche; el reclamo de justicia los congregaba. Fabián Guzmán no encontró mejor manera de recordar a su hermano Lucas que confeccionar, con sus propias manos, un collage que colgó en el frente del local bailable. "No fue sólo una bengala, fue una cadena de irregularidades que derivó en que yo no pudiera compartir más tiempo con él, que ya no lo viera crecer. No hay responsables por esos errores", explicó a LA NACION el joven, de 30 años.
Por momentos, Guzmán optaba por alejarse del boliche. "Es como retroceder, pasaron tantos años", dijo.
Carlos Leiva, papá de Julio, fallecido en Cromagnon, sólo tuvo fuerzas para acercarse ayer al santuario con el objetivo de reclamar, de manera enfática y de una vez por todas, justicia. Con el dolor a flor de piel, que se materializaba al quebrarse en llanto cada cinco minutos, el hombre resaltó: "Es una situación injusta. Aníbal Ibarra es un soberbio. Nos sigue provocando. Tendría que haber estado acá presente esa noche, pero no; miró para otro lado y le importó nada lo que nos pasaba".
La inexplicable muerte del menor de sus seis hijos, que tenía 23 años, "me cambió la vida", describió. El paso del tiempo no curó sus heridas y es un permanente "dolor terrible".
Los transeúntes también se acercaron a recordar a las víctimas. Algunos se detenían ante las gigantografías que rodean el local bailable; otros se sentaban en silencio.
Alrededor del mediodía, los familiares de las víctimas empezaron a congregarse en la Plaza de Mayo, donde continuaron las actividades. En medio de oficinistas que pasaban por el lugar, artistas independientes realizaron pintadas de remeras, pancartas y zapatillas. También se dibujó en el piso de la plaza una rayuela.
Otro hito fue un panel con protagonistas de distintos hechos aún impunes, como la tragedia de Once, la inundación en La Plata y la trata de personas. Desde las 16, tocaron diferentes bandas de rock, cantó el Coro Kennedy y hubo un show de murga. Una galería de retratos de Ignacio Coló, reportero gráfico de LA NACION, puso la última pincelada a un paisaje pintado de dolor y la demanda de justicia.
Informes de Valeria Musse y Juan Landa






