El SUBE, en el centro de otra controversia

Marcela Ashley figura como contratada con un sueldo de US$ 24.300, pero afirma que nunca cobró ni trabajó en el proyecto
Iván Ruiz
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12 de julio de 2012  

"¿Podés creer que nunca vi un peso de la SUBE? Es más: me enteré de que era empleada cuando leí las notas en el diario", dice Marcela Ashley mientras toma el té en un estudio de Recoleta. Da un trago y se lamenta: "Qué vergüenza, por favor. Nunca pensé que iba a estar involucrada en una cosa así. Esto es una historia de Fellini".

LA NACION reveló que Ashley fue contratada en 2011 para supervisar durante diez meses el boleto electrónico, según consta en el expediente de la Secretaría de Transporte. Como stakeholders management –la persona a cargo de las comunicaciones internas y externas del proyecto– su sueldo mensual era de 24.300 dólares; su contrato sumó 247.860 dólares.

"¡Mirá si voy a cobrar eso! ¡Ya sería millonaria! Nunca firmé un contrato. Nunca trabajé para Global Infrastructure [la empresa que supervisa la tarjeta]. No entiendo qué pasó", repite Ashley.

Ashley explica que Stephen Chandler, jefe del control de la SUBE, le ofreció "el trabajo soñado": implementar la Oyster card (la tarjeta del transporte de Londres) en Buenos Aires. Un alto cargo gerencial como número dos de Global Infrastructure (GI), decenas de viajes pagos –incluida su mudanza a la Argentina– y un sueldo en dólares. Pero la ilusión terminó de golpe: tras dos años de espera, el consultor inglés, asegura, se esfumó sin dar explicaciones.

Ashley es especialista en transporte, habla cuatro idiomas, estudió en Estados Unidos y se diplomó en La Sorbona. Aunque figura como contratada para supervisar la SUBE, ella asegura que está desocupada.

"Me imaginé que Chandler no había ganado la licitación. Que le daba vergüenza decírmelo después de tanto esperar", relata Ashley. Y, entre risas, recuerda su primer contacto con la SUBE: "Cuando volví y vi esas máquinas en los colectivos no lo podía creer. No tenían nada que ver con la Oyster. «Qué lástima que no le dieron el contrato a Stephen [Chandler]», pensé".

Asegura que conoció a Chandler en julio de 2009, luego de que el consultor inglés disertara en una conferencia sobre la situación política en la Argentina. En el primer diálogo le ofreció trabajo, un puesto que fue su anhelo antes de convertirse en pesadilla.

Se reunían dos veces por mes en un restaurante cerca de Green Park. Aunque el concurso recién daba sus primeros pasos en 2009, Chandler decía que era "segurísimo" que lo ganarían. "Ibamos a trabajar en las oficinas de Iatasa [otra de las empresas que conforman el consorcio]. Chandler no quería pagar alquiler."

Fuente: Archivo

"Me hablaba sobre [el ex secretario Juan Pablo] Schiavi [a cargo de la cartera durante la licitación]. Me decía que había dos mujeres dentro de la Secretaría de Transporte que estaban organizando todo. Que el contrato ya estaba ganado", asegura.

Las únicas mujeres que firmaron los documentos clave del concurso fueron Nora Turco, directora nacional de Planificación y Coordinación del Transporte, y Gabriela Boaglio, asesora legal de Proyecto Transporte Urbano Buenos Aires (Ptuba). Las funcionarias integraron el comité de evaluación que recomendó contratar al consorcio integrado por GI, Ingeniería en Relevamientos Viales SA, Iatasa y González Fischer y Asociados pese a contar con una oferta 10 millones de pesos más económica.

LA NACION accedió a decenas de correos electrónicos que Ashley intercambió con Chandler. En esos mails, el consultor inglés sostiene que la información sobre los avances en la licitación se la entregan sus "espías" dentro de "la Secretaría". Ante la consulta de este medio, en Transporte fueron tajantes: "Ya dijimos todo lo que teníamos para decir".

En uno de los encuentros –continúa Ashley– Chandler le pidió un CV firmado. Según pudo comprobar LA NACION, ese mismo currículum consta en el expediente, traducido al español. Ella ahora denuncia que sus antecedentes fueron fraguados. "Recién me entero de que trabajé en la India, en la República Checa y Alemania. Esto es una truchada total", se quejó.

Ashley recuerda un diálogo con Chandler. "Cuando discutimos el sueldo, le sugerí ganar 10.000 dólares por mes. «¿No es un poco excesivo?», me respondió. Después, cuando me enteré de los 24.000 dólares, me moría de la risa. Esto es de Fellini", repite.

UNA HISTORIA PECULIAR

  • 50%

    Desde ayer es más cara

    Obtener la tarjeta SUBE cuesta, ahora, $ 15.
  • Diez millones de más

    La licitación?El Estado pagó $ 10 millones de más por la supervisión de la SUBE, como consecuencia de una licitación en la que fueron contratados ex asesores de la Secretaría de Transporte.El consorcio integrado por Global Infrastructure, Ingeniería en Relevamientos Viales SA, Iatasa y González Fischer y Asociados (GFA) ?se quedó con un contrato de $ 65 millones de pesos para controlar el funcionamiento de la tarjeta.
  • En dólares

    Sueldos millonarios

    El Estado paga sueldos millonarios para controlar la SUBE. Sólo entre los tres "empleados extranjeros", la suma supera los 2,5 millones de dólares. Para los contratados locales se gastan más de 32 millones de pesos.
  • La peluquería inglesa

    Una empresa sin oficinas

    Global Infrastructure, líder del consorcio, no tiene oficinas en ?la Argentina. En el domicilio legal de su sede central, en el pueblo inglés de Bicester, funciona una peluquería.
  • Datos fraguados

    El currículum

    Pese a que Marcela Ashley sostiene que nunca trabajó para la SUBE, su CV aparece en el expediente. Esta especialista en transporte denuncia que sus antecedentes fueron fraguados en el expediente oficial.
  • Ex funcionarios en la mira

    La Justicia ?El fiscal Carlos Stornelli y el juez Sergio Torres investigan la licitación para supervisar la SUBE. El fiscal pidió que el ex secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi sea citado a declarar.
  • Por: Iván Ruiz

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