Gitanos: una comunidad que lucha contra la estigmatización

Según los expertos, el asesinato en la zona de Congreso, por el que se investiga a dos miembros del colectivo, profundizó los prejuicios; cómo hacen para vivir en una sociedad que les es esquiva
Jorge Nedich y Voria Stefanosky, dos referentes de la comunidad gitana en la Argentina
Jorge Nedich y Voria Stefanosky, dos referentes de la comunidad gitana en la Argentina Crédito: Silvana Colombo
Según los expertos, el asesinato en la zona de Congreso, por el que se investiga a dos miembros del colectivo, profundizó los prejuicios; cómo hacen para vivir en una sociedad que les es esquiva
Mauricio Giambartolomei
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26 de mayo de 2019  

Rosa, Lolita, Samara y otros niños gitanos se paran frente a una cámara y cuentan lo que más les gusta hacer. "Los helados", dice una. "Irme de vacaciones y, si tuviese un barco, a Miami", agrega otro. Todo es normal hasta que los invitan a buscar y leer en un diccionario de la Real Academia Española la definición de la palabra gitano. "Trapacero" es una de las acepciones. "Que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto", leen con sorpresa, la cara, paralizada, los ojos bien abiertos. "No es justo -dicen entonces-. Yo no soy trapacero".

La escena ocurrió hace algunos años en España. Era parte de una campaña contra la discriminación y la estigmatización del pueblo romaní. Pero, sin dudas, podría haber pasado en cualquier parte del mundo donde la comunidad echó raíces desde aquel éxodo desde el norte de la India. Y la Argentina no es la excepción: el término "gitano" suele conllevar una connotación negativa o asociarse a hechos criminales.

"Todo el ´'clan mafioso de gitanos' detenidos", escribió en su cuenta de Twitter la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich , el 10 de mayo pasado cuando fueron capturados los acusados de asesinar al diputado Héctor Olivares y su asesor Miguel Yadón, a metros del Congreso. Un día después Bullrich escribió un nuevo mensaje, pero sin la palabra "gitanos", aunque el estigma ya había abierto una herida en la comunidad. De la misma forma en que lo hicieron algunos medios de comunicación al cubrir el hecho con contenidos cargados de prejuicios sobre una comunidad tan hermética como estigmatizada.

Literatura sobre la vida gitana
Literatura sobre la vida gitana

"La tradición y la cultura marcan que el gitano es un mal tipo del cual hay que tener cuidado. La discriminación se va mamando desde chico y para el gitano no hay segundas oportunidades. Es muy difícil que nos acepten en un trabajo o que a los chicos los reciban en las escuelas. Cuando la ministra Bullrich habla de un crimen mafioso, no ayuda, porque todo queda reducido a la mafia gitana", describe Jorge Nedich, escritor de origen gitano y militante de los derechos humanos de su comunidad. Nedich acaba de presentar su última novela, El aliento negro de los romaníes, sobre las desventuras de una familia gitana que intenta salir de la pobreza.

El hermetismo es tan fuerte que la discriminación no se ve reflejada en denuncias. Según información del Inadi, el año pasado se registraron 2664 reclamos de los cuales 98 fueron por motivos étnicos. Solo uno correspondió a la comunidad gitana: los judíos fueron los que más acudieron al Inadi con 45 denuncias. En la Defensoría del Pueblo de la Ciudad directamente no hay denuncias de la comunidad gitana. Por su parte, en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, existe una mesa de diálogo con integrantes de distintos sectores de la comunidad para darle visibilidad a su problemática. Para lograr una integración, el organismo le ofreció a la comunidad gitana dictarles talleres sobre bullying, diversidad sexual, adolescencia y violencia de género, entre otros.

De la India al mundo

La gran inmigración de gitanos hacia América, después de dejar la India y expandirse por Europa, ocurrió a fines del siglo XIX, aunque hubo otros movimientos menores en los siglos XV y XVI. En la Argentina la masa más numerosa empezó a instalarse en 1960, principalmente miembros del grupo Cale, que llegaron desde la Península Ibérica, identificados con el flamenco, e hicieron base en la zona de Congreso, Villa Devoto y Villa del Parque. Otros grupos radicados en el país son los roms, con raíces en Europa oriental; los ludar, provenientes de Rumania; y los serbia, originarios de Serbia.

Se estima que hay ocho millones de gitanos en todo el mundo y que en el país viven entre 80.000 y 120.000, aunque a falta de registros oficiales hay quienes arriesgan que el número podría llegar a 300.000. El 80% de la comunidad vive en casas o departamentos propios o alquilados, y el 20% restante lo hace en campamentos, a la vieja usanza. En los rincones más alejados de La Pampa, Salta, Tucumán o Mendoza los gitanos respetan la tradición nómade de sus orígenes y es allí donde aparecen los índices más altos de analfabetismo. Se cree que el 40% de toda la población es analfabeta.

"La discriminación afecta a toda la comunidad y a la mujer se la estigmatiza más. Hay mucha gente que ve a la gitana como una mujer fácil, infiel, mentirosa, bruja o que roba niños. Son todos mitos, estereotipos que tiene la sociedad", suelta Voria Stefanosky, con un doctorado en Literatura.

La connotación negativa que el término gitano tiene en todo el mundo, y cómo las puertas se les cierran en el ámbito laboral, obligaron a la comunidad a desarrollar actividades comerciales personales, como compra y venta de antigüedades, de tela, de autopartes y de vehículos. Se trata de nichos comerciales étnicos, como describe el antropólogo de la Universidad de Buenos Aires Matías Domínguez, que lleva diez años investigando a los gitanos.

"El desarrollo de nichos económicos a nivel familiar forma parte del ocultamiento por ser un grupo que sufre una discriminación histórica y siempre asociada a hechos delictivos, de carácter negativo o de exotismo mágico", opina Domínguez. "Como cualquier grupo marginalizado tienen conductas de defensa ante una discriminación. Se protegen entre ellos", explica sobre el hermetismo de la comunidad.

Para la antropóloga Patricia Galletti, se produce una doble operación en los estereotipos del gitano: "Por un lado el positivo que hace referencia a la romantización folclórica a partir del arte, la música y la danza. Pero el gitano real es visto a partir de situaciones vinculadas a la marginalidad, estigmatizaciones alimentadas por más de 500 años de historia".

En este contexto Galleti aclara que no es correcto hablar de clanes al referirse al pueblo gitano porque los clanes son formas de organización social que reconocen un ancestro común, real o imaginario. La forma correcta de denominar a la organización social de las familias gitanas es de grupo o comunidad.

Episodios como el ocurrido en las inmediaciones del Congreso, con gitanos involucrados, cargan de estigma a toda la comunidad y dejan abierta la pregunta de si algún día serán aceptados como pares.

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