San Valentín: declaraciones, reencuentros no deseados e infidelidades en restaurantes

Locales como Il Matterello, decorados ad hoc
Locales como Il Matterello, decorados ad hoc Crédito: Tomás Cuesta
Dueños, encargados y mozos contaron sus anécdotas de San Valentín
Belén Negrello
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14 de febrero de 2020  

Propuestas de matrimonio, infidelidades, reencuentros no deseados con exparejas y pedidos peculiares. Son algunas de las situaciones que suceden en los festejos de San Valentín en algunos de los restaurantes más solicitados de Buenos Aires.

Hernán García, socio de Nemuri Sushi (Belgrano), recuerda que el año pasado una pareja de dos hombres de unos 35 años celebró en el local. Uno le hizo la propuesta de matrimonio al otro y al tiempo festejaron el civil en el mismo lugar. "Son fanáticos del sushi y el que hizo la propuesta nos pidió que dentro de las cabezas de mono que ponemos de decoración con el cuenco de soja le mandáramos la alianza. Tuvo final feliz", dice.

Manuel Miragaya, socio de Growlers de Caballito, comentó que una pareja estaba pidiendo una cerveza en la barra cuando de pronto el novio le dejó el anillo a la novia al lado de la cerveza y se arrodilló. "Todo el local se aproximó y aplaudió con emoción cuando la chica le dio el sí. Decidimos invitarles una cena y poner música de fondo que amenizara el momento", detalló. Volvieron para celebrar su matrimonio.

Iñaki González, gerente de Cosi mi Piace (Palermo), describió que en el San Valentín 2019 un hombre le pidió si a las 24 podía llevarle a su mesa una botella de champagne y en simultáneo poner una determinada canción. "Me dejó una caja de alianzas con una nota para que le llevara y le propuso casamiento. Nunca lo había vivido. Ella aceptó y hubo aplausos de las mesas de alrededor", concluye.

Tullio Pinna, encargado de La Locanda (Recoleta), cuenta una anécdota de un matrimonio casado hace años que era asiduo del lugar, tanto que incluso se separaron un día de San Valentín, en el restaurante. Y siguieron yendo. "Han venido en esta fecha otros años, pero cada uno con su pareja", cuenta Pinna. No obstante, para hoy ninguno había reservado aún.

Pablo del Valle y Paula Felice, dueños y encargados de Sushi Club Devoto, relatan una tensa situación que vivieron un Día de los Enamorados, con el salón lleno. "Viene una mujer con una amiga y se sientan. Luego llega un hombre con su pareja y se sientan en la mesa de al lado. A los pocos minutos se acerca el hombre al mostrador".

"'Necesito cambiar de mesa', solicitó el hombre.

"'¿Por qué? ¿Tiene algún problema con el camarero o con la ubicación?', le preguntó el encargado.

"'No. Mi exmujer está en la mesa de al lado', respondió, incómodo".

Yamilé, camarera del restaurante Cabernet, en Palermo Soho, refiere otra situación muy peculiar. "Vino un hombre con una señora a celebrar San Valentín. Toda la noche estuvieron refiriéndose el uno al otro como mi esposo y mi esposa. Cuando llegó el momento de pagar, el hombre me dio la tarjeta de crédito y se le quedó pegada la foto de otra mujer que tenía en la billetera. Evidentemente, era la de su verdadera esposa".

Pedidos extravagantes

Cristian Alarcón, de 25 años, encargado del restaurante Alicia (Devoto), habló sobre algunos detalles románticos que ponen en práctica los varones en el Día de los Enamorados. Por ejemplo, "el hombre que citó a la pareja a las 21.15 en el restó. Ella llegó antes y se sentó. Pero él nos había encargado que le sirviéramos dos copas de champagne de recibimiento y luego entró con un ramo de flores".

Hablando de sorpresas, en el restaurante La Pescadorita (Palermo), la moza Josefina Tesini, de 31 años, cuenta que una vez para un San Valentín un hombre pidió si podían venir unos mariachis. "Lo único que le pedimos fue que debía ser en una mesa de afuera. Eran como cuatro mariachis, no entraban. Y con los mariachis tocando le hizo la propuesta de matrimonio". En La Dorita, del mismo barrio, un chico le pidió al mozo que lo filmara mientras pedía casamiento a su novia.

En La Cabrera, el mozo Pablo Jara, de 35 años, suma su anécdota de pedidos extravagantes de los clientes. "Uno que viene siempre me pidió un rato antes si podía cantarle la canción 'Cásate conmigo' , de Silvestre Dangond, a la novia", explica. Jara debió aprendérsela en el auto mientras se dirigía al restaurante. Cuando la cantó, el cliente le pidió matrimonio a su novia.

Solicitar para esta fecha "la mejor mesa" es otro cliché. "Y uno se pregunta cuál es la mejor, porque todas están muy bien ubicadas", reflexiona una empleada de Mecha (Palermo). "El box de cuatro es el que ofrece mayor privacidad, pero a veces una pareja pide cerrarlo para ellos solos y eso no lo hacemos", concluye.

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