Un relojero que ayudó a descubrir tesoros
El reconocido Alberto Selvaggi aportó fotos del edificio original
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Poco se sabe de la agitada vida del el arquitecto milanés que diseñó el Palacio Biol, Atilio Locati: no hay registros de su llegada al país ni del período en que se mantuvo activo. Sí se sabe que construyó pabellones de la Exposición Industrial del Centenario, que proyectó el teatro Vera de Corrientes y que, en 1927, inauguró su obra maestra a metros del Congreso, coronada por un reloj inspirado en la torre de la plaza San Marcos.
Este reloj monumental sobre la avenida Rivadavia, como tantos otros íconos de la ciudad, padeció años de desidia y abandono hasta que, en los 80, el experto relojero Alberto Selvaggi comenzó la búsqueda de documentación que diera cuenta del momento en que la empresa italiana Fratelli Miroglio lo fabricó y lo instaló por encargo en Buenos Aires. "Conseguí unas fotos en sepia de cuando el reloj estaba en construcción. Me apasioné con el tema", contó Selvaggi, que, con una trayectoria de 60 años, restauró el reloj de la Legislatura porteña y es el único argentino invitado todos los años a la ceremonia de dar cuerda al Big Ben de Londres.
Así fue como un día le mostró las fotos del Biol a un colega de un anticuario, que casualmente conocía al nieto de Atilio Locati. A la semana, el nieto le mandó un sobre con un montón de fotos que mostraban cómo su abuelo había encargado y mandado a construir el reloj. Por ese entonces, lo que llamó la atención de Selvaggi fue que "entre la documentación había una postal de la Torre del Moro de Venecia acotada con lápiz por un pariente de Locati, que relevó las medidas de la obra para enviársela al arquitecto".
Lo que jamás pensó es que su investigación iba a tomar rumbos impensados. Gracias a una de esas fotos, los restauradores descubrieron además que varias de las pinturas originales del Salón de la Cátedra, del primer piso del palacio, habían sido escondidas bajo gruesas capas de pintura. "Ayudar aportando documentación para la restauración me llenó de orgullo", dijo antes de partir a dar cuerda al reloj de la Iglesia del Salvador, tal como lo viene haciendo desde hace tres décadas. "Diga que mi profesión es relojero monumental", se autodefinió.




