Acuerdo para desarrollar un radar aeronáutico de tecnología local

El dispositivo se utiliza para identificar y localizar aviones durante el aterrizaje
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20 de mayo de 2003  

De aquí a dos años la Argentina habrá desarrollado su primer radar secundario monopulso -dispositivo que permite controlar el tránsito aéreo en el momento del aterrizaje- para su instalación en diversas estaciones aéreas del territorio nacional.

La iniciativa partió del Comando de Regiones Aéreas de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), con décadas de experiencia operativa en el tema. El objetivo es incrementar la seguridad y mejorar el control del tránsito aéreo comercial y civil.

El costo del proyecto -13 millones de dólares- se pagará con recursos provenientes de la ley de tasas de aeropuerto (número 13.041).

El "socio tecnológico" de la FAA en este emprendimiento será la firma de tecnología Invap, de Bariloche, un tradicional exportador nuclear.

Desde 1991 Invap es el contratista principal de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el organismo para el cual está desarrollando un complejo radar, llamado "de apertura sintética", para observación de la Tierra, que usarán los satélites SAOCOM. Este acuerdo con la FAA representa para el país el ingreso a un terreno nuevo y un mercado mucho mayor: los radares que operan desde tierra.

En los aeropuertos, los radares primarios detectan y monitorean el tránsito aéreo dentro de un radio de 110 kilómetros y a una altura de 20.000 metros. En la detección, cada avión es un objeto pasivo, un conjunto de superficies metálicas que se limitan a reflejar las ondas emitidas por el radar del mismo modo involuntario en que una pared devuelve el eco de la voz.

Los radares secundarios, en cambio, tienen otro funcionamiento y finalidad, ya que operan en un radio de 360 kilómetros y hasta 30.000 metros de altura. Además, interrogan en forma automática a un transpondedor , un dispositivo electrónico incluido en cada avión, que contesta automáticamente la identificación y la altura de vuelo de la aeronave.

Un avión sin este transpondedor sería detectado por el radar primario pero no por el secundario. Los aviones comerciales están legalmente obligados a llevarlo por su propia seguridad y la del espacio aéreo.

En suma, la diferencia fundamental entre ambos tipos de radar -más allá del alcance- es que el primario no necesita de la cooperación del avión para detectarlo. En los grandes aeropuertos, los datos de ambos tipos de radares se integran sobre la base de datos constantemente actualizados para su uso por los controladores aéreos.

Cuando se producen congestiones de tránsito aéreo en horas pico, los aviones que ingresan a la zona de control deben volar en círculos sobre lugares preasignados a la espera de que el controlador aéreo les indique un turno de aterrizaje. En la jerga de la aeronavegación, esto se denomina torta .

Seguridad aérea

Para evitar accidentes, cada avión dentro de la torta tiene un piso, es decir una altura asignada por la torre que le garantiza al menos 300 metros de despeje vertical respecto de sus vecinos inmediatos hacia arriba y hacia abajo.

Ningún piloto puede abandonar su piso sin la autorización de la torre de control. Aquí es donde el radar secundario es un componente importante de la seguridad aérea.

En la Argentina, los aeropuertos con mayor tráfico (Ezeiza, Córdoba, Mar del Plata, Mendoza y Paraná) poseen radarización primaria y secundaria, pero con aparatos importados.

"El total de radares argentinos por instalar es de once en cinco años -dijo a LA NACION el subgerente general de Invap, Hugo Albani-. Todavía no sabemos en qué lugares van a dar servicio porque ésa es competencia del Comando de Regiones Aéreas de la Fuerza Aérea", agregó.

Según Albani, las ventajas que la Argentina espera lograr de un sistema de radar secundario propio son varias.

"Lo primero es que cada uno de esos radares será de última generación, con una obsolescencia que tal vez tarde 15 o 20 años en llegar -puntualizó el subgerente de Invap-. Lo segundo es que al ser propios el diseño y la fabricación, el costo de modernización y de mantenimiento va a ser muy razonable. Y, por último, creo que se está creando un nuevo renglón tecnológico argentino que tal vez le dé al país oportunidades de exportación y de emplear materia gris nacional."

Todo esto no es tan utópico como parece. Invap cuenta con varios reactores nucleares exportados a Argelia, Egipto y Australia, además de los tres satélites construidos para la Conae y lanzados al espacio, que garantizan calidad internacional a este emprendimiento conjunto.

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