Adicción al sexo, un trastorno cuya existencia está en discusión

Los manuales diagnósticos no lo contemplan, pero investigadores definen su alcance
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26 de diciembre de 2009  

Días atrás, el diario británico The Times dio a conocer la decisión de Tiger Woods de estar dispuesto a realizar un tratamiento para vencer su adicción al sexo, para así tratar de salvar su matrimonio con la modelo sueca Elin Nordegren, relación que entró en crisis tras conocérsele al mejor golfista del mundo una lista de amantes de dos cifras.

Woods no es la primera celebridad en tratar de explicar sus infidelidades a través de un supuesto diagnóstico psiquiátrico. Vale recordar el caso del actor norteamericano Michael Douglas, que incluso llegó a internarse voluntariamente en una clínica para someterse a un tratamiento similar al que reciben los adictos a las drogas.

La lista de autopostulados adictos al sexo incluye también a los actores David Duchovny y Robert Downey Jr., y a la cantante Amy Winehouse. Pero ¿existe realmente lo que ellos llaman adicción al sexo?

"En la actualidad, el manual diagnóstico de enfermedades mentales DSM-IV no contiene ninguna categoría en la que se haga referencia a la adicción al sexo", respondió a LA NACION el doctor Amado Bechara, experto en disfunciones sexuales y director del Instituto Médico Especializado (IME).

Pero si bien en su cuarta y más reciente edición el DSM (o Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Estados Unidos, no contempla la adicción al sexo, es probable que la quinta edición sí lo haga.

"La adicción al sexo es una categoría controvertida, pero hay algunas investigaciones y algunos investigadores que hablan de adicciones sexuales", comentó el doctor Adrián Helien, médico psiquiatra y sexólogo del sector de Disfunciones Sexuales del hospital Durand.

"Los que proponen incluir las adicciones sexuales en el DSM-V sostienen que se trata de un comportamiento que puede funcionar para producir placer y aliviar sentimientos dolorosos y que responde a dos patrones: se caracteriza por una recurrente falla en el control del comportamiento y tiene continuidad a pesar de las consecuencias destructivas que pueda tener para la persona."

En otras palabras, la persona adicta al sexo no puede controlar su comportamiento, que se repite aun cuando eso impacte negativamente en su vida familiar, social o laboral. Basta pensar en Tiger Woods: la prensa ya ha contabilizado, por lo menos, unas trece relaciones extramatrimoniales, cuya salida a la luz ha dado lugar a que Accenture, Tag Heuer y Gillette hayan decidido levantar las campañas publicitarias protagonizadas por el mejor golfista del mundo.

Eso sin contar que su esposa le ha pedido el divorcio.

Detrás de una fantasía

"El comportamiento sexual compulsivo -llamado hipersexualidad, ninfomanía o adicción sexual- puede implicar una experiencia sexual normalmente disfrutable, pero que se convierte en una obsesión. O un comportamiento sexual compulsivo que involucra fantasías o actividades que van más allá de los límites culturales, legales o moralmente aceptables para el comportamiento sexual."

Esa es la descripción de adicción sexual de la Clínica Mayo, de los Estados Unidos. En ella se encuentra una de las características de la adicción sexual que, en palabras de Helien, es "la presencia repetida de fantasías o de escenarios sexuales muy específicos que son los que provocan en el individuo la excitación".

Dicho en forma llana: el adicto al sexo no es adicto al sexo, sino a ciertas fantasías específicas que son las que trata de cumplir compulsivamente y que, muchas veces, no son compatibles con los deseos de su pareja o con lo que se considera culturalmente aceptable.

"Si una persona, por ejemplo, tiene la fantasía de incluir a una tercera en la relación sexual, esto puede ser complejo de satisfacer en algunas parejas -comentó Helien-. Por otro lado, estas fantasías o escenas pueden ser más o menos obligatorias: la persona a veces puede controlarlo. Pero existen ciertas situaciones, un episodio de depresión o de ansiedad, que pueden hacer que esto sea más inmanejable."

En general, agrega Helien, "estas personas consultan sólo cuando su adicción al sexo les trae problemas de pareja, familiares, sociales o incluso legales. O también pueden consultar porque como no cumplen con estas fantasías o escenarios no se excitan y padecen disfunciones sexuales".

Un dato aún no explicado, pero que se observa en la consulta, es que la adicción al sexo es un trastorno casi exclusivamente masculino. En cuanto a su tratamiento, el abordaje es múltiple e incluye fármacos, psicoterapia y hasta terapias de grupo similares a las de alcohólicos anónimos.

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