
Angustia: cómo la viven las mujeres
A diferencia de los varones, ellas tienen más libertad interior y cultural para poder expresarla
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Si bien la angustia afecta tanto a hombres como a mujeres esta condición tiene sus particularidades en el sexo femenino.
"La angustia es una sensación de malestar generalizado -afecto displacentero, según el psicoanálisis- que puede tener una gran intensidad y cuyas repercusiones en el cuerpo se manifiestan como palpitaciones, ahogos, opresión torácica y nudos en el estómago o en la garganta, entre otros síntomas. Generalmente, tiene también componentes psíquicos, como el miedo a morirse o a volverse loco", definió Gabriel Jure, médico psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
"Es una reacción psicosomática frente a una situación de peligro, sea ésta real, objetiva o de diversa índole", agregó Raquel Zak de Goldstein, médica psicoanalista de la misma institución.
Algunas angustias son compartidas, como la asociada con la supervivencia y la posibilidad de disponer del amor del otro. Pero también "están las típicas de la mujer que tienen que ver con su necesidad esencial de ser reconocida como tal, para lo cual se empeña en habitar su cuerpo y en constituirse en un perfil femenino que le garantice su propia imagen y el reconocimiento de los otros" describió Zak.
Los grandes cambios de la vida de una mujer están acompañados de angustia: "En la adolescencia empieza el encuentro del cuerpo con el deseo propio, el ser mirada y deseada. Luego, en las menstruaciones, se generan angustias normales hipocondríacas, que son de origen hormonal y fantasmático -aseguró la psicoanalista-. Además, una joven se angustia y desea ante la iniciación sexual. Comienza la exploración y la apropiación del propio cuerpo como erótico y del encuentro erótico. Tiene que avanzar sobre la angustia que generan las prohibiciones ancestrales."
En el embarazo "la mujer cede el centro al bebe, debe atender las angustias de éste una vez nacido, y esto la expone ante el retorno de la angustia de indefensión. Aquí la tiene que sostener el hombre en su función, para atravesar la depresión normal del puerperio. A su vez, en esos momentos el hombre se reencuentra con su angustia de abandono. Si este proceso se elabora bien, da lugar a un progreso de la pareja y de ambos", explicó Zak.
"En la maternidad, la mujer enfrenta las angustias propias de su rol: proteger a su hijo, sostenerlo y ofrecerle juguetes y juegos para que se desarrolle en su actividad creadora y en su autonomía, y luego vendrá la separación necesaria, y la independencia -continuó la terapeuta-. En la mitad de la vida y en la menopausia siente la necesidad de consolidar su autoestima y su realización."
Diferencias
El activo papel que desempeña la mujer hace que entre en una comparación con los hombres: "Es probable que por momentos se sienta sobrecargada porque debe responder a lo nuevo y lo antiguo", puntualizó Jure.
Quizá, uno de los rasgos que diferencia al hombre de la mujer respecto de las modalidades de la angustia es que "ella tiene una forma específica femenina de expresarla, más visible, pues se manifiesta también a través el cuerpo. El hombre está educado para soportarlo todo y enmudece sus temores", dijo Zak.
Algo importante: cotidianamente estamos inmersos en distintos grados de angustia, pero"el pensar, leer, escribir, o las artes plásticas son la dimensión donde esa angustia se procesa". También vale la pena consultar con un profesional en salud mental: hablar de lo que pasa -en este caso la angustia-, siempre es saludable.
Etapas críticas
- Menarca (primera menstruación)
- Adolescencia
- Ciclos menstruales
- Independencia padres-hijos
- Embarazo y puerperio
- La crisis de los 40
- Climaterio y menopausia.






