
Aumentaron los casos de intoxicación por un hongo
Los especialistas aconsejan no comer variedades desconocidas
1 minuto de lectura'

Tras la lluvia, el adolescente advirtió que habían crecido dos enormes hongos en el fondo de su casa. Los "sombreros" medían como quince centímetros de diámetro. Entonces, no se le ocurrió nada mejor que cortarlos, freírlos y comérselos. Horas más tarde estaba en el hospital.
La anécdota, reciente, es sólo uno de entre los más de diez casos de intoxicación por un hongo silvestre -el "hongo sombrilla" o Chlorophyllum molybdites- notificados sólo durante febrero al Laboratorio de Micología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, perteneciente al Programa de Hongos que Intervienen en la Degradación Biológica (Prhideb). Esta cifra representa casi cuatro veces más de lo habitual.
"Sí, hay más gente que come estos hongos de lo que uno se imagina -comenta el doctor Daniel Cabral, director del Prhideb, organismo encargado de identificarlos-. Y precisamente en esta época se dan las condiciones ambientales para que éstos crezcan en abundancia."
Según el investigador -que para ilustrar este punto recordó haber encontrado ayer mismo ejemplares de "hongo sombrilla" frente a su casa-, quienes deciden ingerirlo probablemente se confundan con otra variedad que es comestible, sean muy jóvenes o un tanto imprudentes.
"Los afectados son generalmente personas que tienen quinta o chicos a los que les llama la atención, lo agarran y se lo ponen en la boca -afirma-. Es muy llamativo porque es grande, blanco y con escamas color beige. Este tiene las laminillas verdes, como la yerba mate; el comestible es otro muy parecido que las tiene blancas, color crema."
La toxina del hongo sombrilla es desconocida y no se encuentra en otros, pero bastan apenas dos horas para que, una vez ingerido, se presenten los síntomas: vómitos, diarrea, depresión del estado de conciencia, mareos, visión borrosa, fotofobia (intolerancia a la luz), impotencia funcional en los cuatro miembros, a veces fiebre, sudoración, escalofríos y palidez de aspecto cianótico.
"La toxina no es mortal, de modo que si la víctima es joven todo esto puede resolverse -aclara Cabral-. Pero en los ancianos puede causar una deshidratación capaz de llevarlos a la muerte."
Según el especialista, los problemas suelen comenzar en marzo. "Es porque hay más lluvias y las temperaturas no son ni tan bajas ni demasiado altas -explica-, y éstas son las condiciones más apropiadas para la proliferación de los hongos, que prosperan en los ambientes húmedos. La parte que se ve a simple vista es la fructificación, porque el cuerpo se encuentra generalmente bajo tierra o bajo la corteza de los árboles: sus filamentos pueden invadir grandes extensiones y formar lo que se llama un «anillo de brujas» [ver fotos]."
Además del Chlorophyllum, se estima que en la Argentina existen entre 10 y 12 especies de hongos tóxicos. Uno de ellos es el Amanita phaloides. "Es un hongo que causa la muerte -advierte Cabral-. Las toxinas de este hongo destruyen las células hepáticas. El Amanita muscaria produce efectos alucinógenos. Los síntomas aparecen entre 30 minutos y tres horas después de haberlo comido y son similares a los de una intoxicación alcohólica. Una característica que permite individualizar a los hongos tóxicos es un engrosamiento que se encuentra en la parte inferior del tallo. Lo que sucede es que para verlo hay que desenterrarlos un poco con un cuchillo."
Ante una intoxicación, el científico recomienda consultar rápidamente con el médico y, si se puede, llevar los restos del hongo. Los hongos no cocinados o ingeridos deben mantenerse en la heladera envueltos en papel o dentro de una bolsa de plástico durante no más de 24 horas.
El Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos está en el cuarto piso del Pabellón II de la Ciudad Universitaria. Los días hábiles se puede llamar por el (011) 4787-2706 o por el (011) 4576-3300, internos 419 y 202. Los fines de semana y feriados por el (011) 4576-3324.






