Ciencia: ¿Por qué se asustan los animales con el eclipse?

¿Por qué se asustan los animales con el eclipse?
¿Por qué se asustan los animales con el eclipse? Crédito: Shutterstock
Ariel Torres
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2 de julio de 2019  • 13:54

Son tan raros los eclipses totales que la naturaleza no ha tenido la oportunidad de adaptarse. Se sabe desde hace mucho que los seres vivos reaccionan de formas extrañas a estos fenómenos celestes. No tan extrañas como los humanos, pero se han visto caballos, perros, pájaros, grillos y abejas comportándose de maneras raras antes, durante y después de la totalidad. Incluso Edison -nos cuenta el periodista y divulgador científico Claudio Sánchez- vio frustrado el intento de medir la temperatura de la corona solar, con un instrumento que llamó tasímetro, porque llegó tarde al lugar de observación y solo pudo colocar su instrumento en un gallinero. Por desgracia, cuando el sol se ocultó, las gallinas volvieron a su refugio asustadas y le impidieron efectuar la observación.

En rigor, no es que los eclipses totales sean raros. Se producen regularmente, como puede verse en este excelente sitio de la NASA; el problema es que no se ven siempre en el mismo lugar y, como consecuencia, la evolución no puede tomarlos en consideración. Los perros ladran, el ganado se asusta, las aves regresan a sus nidos. ¿Es así o es parte del folklore?

Así comenzó el eclipse

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Sí, es así, y, con nuevas tecnologías, un equipo de investigadores de las universidades de Cornell y Oxford confirmó durante el eclipse total de 2017 que, en efecto, las aves se comportan de formas inusuales. Las actividades inusuales se manifiestan incluso antes de que nosotros podamos detectar el inicio del oscurecimiento. Insectos crepusculares salen de sus escondrijos, al igual que los pájaros que los depredan, pero los volátiles regresan de inmediato a sus refugios cuando detectan -no se sabe cómo, pero qué susto han de llevarse- que la noche no es noche aún. Liderados por Cecilia Nilsson, una ecóloga especializada en comportamiento animal, los científicos usaron los radares Doppler de 143 estaciones meteorológicas y analizaron los datos obtenidos con sistemas de aprendizaje automático ( machine learning, en inglés) y el estudio fue publicado en la revista Biology Letters.

Candance Galen es bióloga y lideró un equipo de la Universidad de Missouri que colocó pequeños micrófonos USB en 16 estaciones ubicadas en lugares que las abejas polinizan en el camino que el mismo eclipse de 2017 recorrió por los estados de Oregon, Idaho y Missouri, y descubrió algo que anticipaban, pero con una sorpresa. Las abejas, a medida que el eclipse se aproximaba a la totalidad, siguieron volando, pero en el momento en que la Luna oscureció por completo el sol, dejaron de hacerlo, dejaron de volar de forma abrupta. El estudio se publicó en los Anales de la Sociedad Entomológica Americana.

Así que hoy, cuando los afortunados puedan observar uno de los espectáculos más sobrecogedores que ofrece la naturaleza, quizá quieran dedicarle unos segundos a ver qué hacen los animales. Podría ser casi tan interesante como el eclipse en sí.

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