
Combinar ciencia e industria, según el Instituto Weizmann
Ilan Chet dará hoy dos conferencias
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El Instituto Weizmann, de Israel, es sin duda una de las organizaciones científicas más destacadas del planeta. Con 250 profesores, unos 150 doctores y 1400 integrantes en total, más una escuela de graduados en la que se forman 350 estudiantes de máster, 600 de doctorado y 200 de posdoctorado, exhibe un récord de realizaciones que da envidia: aunque sus investigadores trabajan en las fronteras más avanzadas de la ciencia pura, gestiona anualmente decenas de patentes y genera constantemente compañías de base tecnológica.
Para el microbiólogo Ilan Chet, autor de cuatro libros y 345 publicaciones científicas internacionales, titular de 33 patentes y presidente del instituto desde 2001, una de las claves del éxito está en las condiciones de trabajo que cultiva el instituto, un verdadero "oasis" para hacer ciencia: "Elegimos a algunos de los mejores científicos del mundo, pero después les facilitamos todo lo necesario para que se dediquen a investigar sin preocupaciones".
Multipremiado internacionalmente y padre de cinco hijos de entre 39 y 13 años, Chet está en Buenos Aires para dar dos conferencias organizadas por el Instituto Weizmann y la Fundación Instituto Leloir. Esta mañana (entre las nueve y las once) hablará en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, acompañado por Armando Parodi, presidente del Instituto Leloir, y Oscar Tangelson, secretario de Política Económica de la Nación. Por la tarde, a las 17, dará una charla en el Auditorio del Instituto Leloir (Av. Patricias Argentinas 435) dirigida a la comunidad científica.
-Israel es uno de los países en los que la ciencia más influye en la economía. ¿Cómo logran esa integración?
-En Israel el papel de la ciencia en la economía está creciendo todo el tiempo. Si uno se fija en las compañías del Nasdaq [el mercado bursátil de acciones de tecnología], en los Estados Unidos, Israel tiene entre 120 y 140 compañías. Eso lo ubica en el tercer puesto después de los EE.UU. y Canadá. Y sólo somos 7 millones de personas... El Instituto Weizmann se ocupa principalmente de la ciencia básica, pero algunas veces una buena idea conduce a la ciencia aplicada. Desarrollamos un sistema que combina la ciencia y la industria; es decir, que nos ocupamos del registro de patentes y luego las compañías pueden buscar estos proyectos y comprarlos a través de un acuerdo con el instituto.
Dado que somos una organización sin fines de lucro, poseemos una compañía que se ocupa de la comercialización. A cambio, generalmente obtenemos royalties o un paquete accionario. Después de deducir los gastos, el investigador recibe el 40% de las ganancias y el instituto, el 60%. Así, los científicos están contentos, se sienten protegidos y están interesados en desarrollar productos comerciales -no lo hacen en sus garajes o a nuestras espaldas-. El instituto utiliza el dinero que obtiene de estos emprendimientos para desarrollarse y hacer crecer su patrimonio, del que obtiene intereses... Este sistema estimula a los investigadores, que tienen incentivos para aplicar sus conocimientos. El instituto está contento y ellos también.
-¿Cuántas patentes obtienen anualmente?
-Cada año producimos alrededor de 70 patentes y formamos a partir de ellas entre tres y seis nuevas compañías, que licenciamos y de las que luego recibiremos royalties. El Instituto Weizmann obtiene una suma muy importante por ese concepto: si estuviéramos en los Estados Unidos, estaríamos en el primer puesto. En Israel somos más exitosos que todas las demás universidades juntas, incluso siendo un instituto pequeño.
-¿A qué lo atribuye?
-Es una combinación de factores. En primer lugar, seleccionamos profesores del más alto nivel. Después, seleccionamos muy, muy buenos estudiantes. Y la tercera razón es que damos muy buenas condiciones de trabajo: laboratorios muy modernos, excelentes técnicos, equipos...
Queremos que nuestros profesores tengan la mente libre para hacer investigación: les ofrecemos departamentos con renta subsidiada, hace dos años iniciamos un programa de becas especial para mujeres jóvenes, tenemos nursery para niños pequeños y un jardín de infantes en el instituto.
Todo junto permite alcanzar la excelencia. Además, en el Instituto Weizmann los profesores no tienen que enseñar mucho, porque la escuela de graduados es pequeña. La división entre departamentos no es muy estricta; estimulamos la investigación interdisciplinaria. Tenemos profesores de computación que desarrollaron computadoras basadas en ADN. Tenemos matemáticos que trabajan en biología. Tenemos un grupo que llamamos "biología de sistemas" que estudia el cáncer desde diferentes enfoques: expertos en sistemas, bioquímicos, biólogos y físicos trabajan juntos. Esto nos da una gran fuerza y nos permite estar en la vanguardia de la ciencia. Hace unos meses, la revista Science dijo que hay tres grupos que lideran las investigaciones en el mundo en este campo: el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Harvard y el Instituto Weizmann.
-¿Cómo adjudican los recursos? ¿Qué parte se asigna a la ciencia básica y qué parte a las aplicaciones?
-Antes que nada, nuestros profesores son totalmente libres, ciento por ciento. Es difícil ingresar en el instituto, pero una vez que están adentro pueden hacer lo que quieran. Nosotros no tenemos decidido de antemano cuánto queremos gastar en ciencia básica y cuánto en ciencia aplicada. Pero en general estimulamos la investigación básica, y la investigación aplicada se hace con dinero de fundaciones o personas que quieren desarrollar cierta área. Por otro lado, nuestros investigadores son muy exitosos en la competencia por subsidios, de modo que ellos deciden en qué quieren trabajar. No forzamos a nadie. Si un profesor tiene una idea y quiere desarrollarla, se lo permitimos, por supuesto.
-¿Cómo evalúan a sus investigadores?
-Los evaluamos a partir de las publicaciones científicas, pero además cada cuatro o cinco años invitamos a un comité internacional, formado por los científicos más destacados del mundo, para que durante una semana se encuentren con los investigadores del mismo tema, los evalúen y luego le den un informe al presidente.
-Frecuentemente se critica el sistema de evaluación por publicaciones en revistas internacionales porque se argumenta que puede desvirtuar las prioridades en investigación...
-La única exigencia de publicación que tienen las revistas científicas de alto impacto es que los trabajos sean de muy alto nivel. En ciencia, no hay tal cosa como hemisferio norte o sur. Personalmente, no creo que lo que es bueno para el Sur pueda no ser bueno para el Norte. Si uno empieza a argumentar que lo que es bueno para nosotros no es bueno para ellos, entonces no hace ciencia de primer nivel.






