
Comprar, comprar y comprar
La adicción al consumo es una compulsión tan nociva como cualquier otra; es más común en mujeres y en gente con alto poder adquisitivo; testimonios y opiniones de especialistas
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Salir de un shopping repleto de bolsas puede ser gratificante para los amantes de la moda, pero cuando adquirir cada vez más productos te deja al borde de la quiebra, el consumo deja de ser un simple hábito y se transforma en una compulsión.
"La persona que tiene este tipo de conducta no puede medir sus gastos con un criterio de realidad, lo que acarrea consecuencias que no tardan mucho en hacerse visibles, por las deudas, el acaparamiento de ropa, electrodomésticos o productos que todavía permanecen en sus embalajes, porque ni bien terminan la compra, agregan otro más moderno o de otro color", explicó a LA NACION LINE el psiquiatra Marcelo Gabriel Bono, director del Centro Nacional de Reeducación Social.
Para el psicólogo Pablo Rossi, director de la Fundación Manantiales, la compulsión a la compra esconde además de lo económico un sustrato psicológico. Algunas personas sienten un vacío interior que les produce angustia y ansiedad, e intentan taparlo haciendo compras. "El relato de ellos es haberse sentido mejor después de comprar, aunque también se genera culpa y se produce como un círculo vicioso", comentó el especialista.
El despilfarro sin límite constituye una adicción tan nociva como cualquier otra y radica en la imposibilidad de diferenciar entre un hábito común y un comportamiento descontrolado. El consumo no es malo en sí mismo, pero cuando se traspasa el límite de lo que es necesario y lo que no, se transforma en una compulsión.
Aunque no es patrimonio exclusivo de las mujeres, son más numerosos los casos en que ellas no pueden resistir la tentación de gastar sin parar. Generalmente es patrimonio de una clase social con alto poder adquisitivo, aunque, según relata Rossi, existen casos de gente de menores recursos que acude a los locales de todo por dos pesos, por ejemplo.
La salida grupal
Marta tenía el ropero repleto de ropa. Algunas prendas aún seguían guardadas en bolsas o con la etiqueta puesta. Con su trabajo generaba buenos ingresos, sin embargo, siempre estaba escasa de dinero y vivía tapada de deudas. Además de hacer psicoterapia se acercó al grupo de autoayuda de Jugadores Anónimos, pero en un primer momento no la aceptaron. Al año volvió y pidió participar como oyente de algunas reuniones porque estaba interesada en el mecanismo que ellos poseían para controlar la plata. Después, comenzaron a llegar más personas con el mismo problema, y en 1994 surgió Deudores Anónimos, un grupo especial de autoayuda para aquellas personas que no pueden parar de comprar. Actualmente se reúnen los lunes, miércoles y sábados en la iglesia Nuestra Señora de Loreto, en Juncal 3115.
La modalidad es similar a la de Alcohólicos Anónimos, con un esquema de 12 pasos. El primero es reconocer que la vida es ingobernable tal como está. El segundo es admitir que se perdió el sano juicio y que solamente algo superior puede devolvértelo. "Uno entrega la obsesión a este poder superior y se pone en manos de él, del grupo en este caso, para tener la voluntad de que sólo por hoy, por este minuto, por este segundo, se suelte esa compulsión y se entre en programa", detalló Marta.
Entrar en programa significa seguir una serie de consignas que ayudan a superar la adicción. Salir con el dinero justo, no usar tarjetas de crédito ni pedir dinero prestado, tener anotado los gastos junto con un plan detallado de las cosas que realmente se necesitan son algunas de las instrucciones, además de buscar una manera de cancelar de a poco las deudas.
Marta siguió al pie de la letra las indicaciones y hoy puede decir que es una deudora recuperada. "A parte de ordenar mi patrimonio, hizo que mis necesidades no pasen por una compra, por algo superficial. Me di cuenta de que mis necesidades tenían que ser satisfechas desde adentro", contó.
Yo consumo
El consumo es la base de toda sociedad capitalista. Por eso, se hace difícil hacer frente a una realidad que tienta desde cada vidriera. Marta la define como una adicción gris, porque no se puede dejar totalmente el hábito -algo imposible desde hace siglos- sino que se debe aprender a no ceder ante la necesidad de gastar sin freno.
Sin embargo, la exacerbación de la cultura del consumismo hace su gran aporte para que este trastorno se multiplique. "El consumo se va metiendo en la vida de las personas como una pauta que reglamenta la diferencia entre ser alguien bien mirado y el sentirse afuera. En nombre del progreso y del avance tecnológico se termina confundiendo esos valores con la real valía de las personas", opinó Bono.
Para hacer frente a este trastorno, Rossi recomendó que, además de la concurrencia a grupos de autoayuda, se realice una psicoterapia que busque resolver el problema de fondo, es decir, llenar el vacío con acciones productivas o, en el mejor de los casos, que ese hueco interior desaparezca.






