Coronavirus en la Argentina. Controversia por la aplicación CuidAR: privacidad, confianza y vulnerabilidad

La lucha contra el coronavirus: la aplicación CuidAR despertó polémica por la utilidad y por la privacidad
La lucha contra el coronavirus: la aplicación CuidAR despertó polémica por la utilidad y por la privacidad
Nora Bär
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11 de mayo de 2020  • 20:16

¿Cómo salir del aislamiento sin echar leña al fuego de la epidemia? Esa es la pregunta del millón que están intentando contestar decenas de países. El consenso generalizado es que, hasta que no haya un tratamiento o una vacuna contra el coronavirus, es esencial contar con un monitoreo muy preciso de la situación epidemiológica que permita sofocar brotes.

Corea sentó un ejemplo mundial con el rastreo de contacto (contact tracing), una tecnología para detener la propagación del virus usando datos de celulares y tarjetas de crédito para la búsqueda y el aislamiento de los contactos estrechos de personas con tests positivos para coronavirus. Sin embargo, más allá de las limitaciones técnicas, muchos consideran que la invasión a la privacidad y las medidas draconianas que se dispusieron en el sudeste asiático serían impracticables en esta parte del mundo.

Para ofrecer una alternativa, un grupo de investigadores del Conicet en conjunto con el Ministerio de Salud de la Nación y la Secretaría de Innovación Pública, con el apoyo de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi) y la Fundación Sadosky desarrollaron la aplicación CuidAR, que desde esta semana deberán descargar obligatoriamente todos aquellos cuyas tareas estén exceptuadas de la cuarentena y que funcionará como un permiso para circular.

Según escriben Sebastián Uchitel, Diego Garbervetsky, Fernando Schapachnik y Sergio Romano, del Instituto de Ciencias de la Computación de la UBA y el Conicet, el grupo que ayudó a desarrollarla, en una nota publicada en Medium.com , la aplicación funciona como una especie de pasaporte sanitario digital: combina el permiso de circulación con información de salud que provee el propio usuario mediante un autodiagnóstico que se realiza automáticamente contestando algunas preguntas. Si indica que uno tiene síntomas compatibles con la infección por el coronavirus, ofrece información para ponerse en contacto con el sistema sanitario de cada jurisdicción o el centro de salud más cercano, pero al mismo tiempo dispara un contacto con las autoridades sanitarias para que hagan el seguimiento.

El autodiagnóstico deberá realizarse cada 48 horas, se verá en la pantalla en color verde, azul o rosa, y puede bloquear el permiso de circulación. Podrá ser solicitado por individuos o autoridades policiales para constatar el estado de salud del portador.

Pasaporte sanitario

"Lo que hace la aplicación es reemplazar los papelitos impresos que teníamos hasta ahora por algo que aparece en tiempo real en una pantalla -explica Garbervetsky-. Es básicamente como la licencia de conducir digital. Pero una cosa muy importante que tiene la aplicación, que para mí es la clave, es que combina el permiso de circulación con la información de tu estado de salud. Si no tenés la aplicación, salís con tu permiso de circulación aunque tengas síntomas de Covid-19".

Sin embargo, surgieron algunos cuestionamientos. Daniel Penazzi, doctor en Matemática por la Universidad de Minnesota y profesor asociado de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Famaf), de la Universidad Nacional de Córdoba, expresó públicamente sus reparos, en particular por la geolocalización. "Si ni siquiera hace rastreo de contactos, no se justifica la invasión de privacidad -esgrimió-. Con la primera versión, que era voluntaria, era un método no muy confiable, pero algunos datos se podían analizar. Con esta, que penaliza, sospecho que muchos directamente van a mentir. En suma: en una app de contact tracing hay un beneficio tangible para la sociedad y el individuo que justifica violar derechos individuales. Con ésta, no solo no hay beneficio, sino que es probable que haya daño".

Otros mencionaron también que un pequeño porcentaje de la población no tiene celular o no tiene uno apto para cargar la aplicación. Y que no es deseable almacenar los datos en servidores de entidades extranjeras.

Juan Andrés Fraire, también profesor del Famaf y de la Universidad de Saarland, en Alemania, además de investigador del Conicet, realizó un detallado informe sobre las fortalezas y debilidades que encontró en la aplicación. Para Fraire, CuidAR "puede volverse una herramienta central en la liberación incremental de la cuarentena". Pero consideró que su uso no está libre de controversias. Entre otras cosas, ningún software está libre de errores y dado que CuidAR recolecta datos personales de manera masiva, resulta fundamental reducirlos al máximo y eliminar vulnerabilidades que posibiliten su distribución maliciosa, afirma. En cuanto a la privacidad, hace notar que por medio de la licencia bajo la cual se distribuye, el Gobierno se reserva el derecho de usar la información de geolocalización para denunciar incumplimientos, así como de cederla a otras entidades estatales. "No queda del todo claro cuándo se recolectan nuestros datos de ubicación, qué se hace con ellos, ni por cuánto tiempo permanecerán almacenados", advierte.

Abrir la discusión

Garbervetsky reconoce que hubo varias críticas y algunas son correctas. Tienen que ver con errores o bugs de programación que fueron resueltos. "Algunas personas hacen el test de autodiagnóstico, esperan la pantalla verde y les sale la azul -explica-. Esto se está ajustando con el sistema de Argentina.gob.ar. Como el país es federal y hay sistemas que todavía no están centralizados, puede pasar que en algunas provincias o entes autárquicos no les aparezca el QR".

Y enseguida agrega: "Acerca de los reparos con la geolocalización, el único momento en el que en principio haría falta utilizarla es en el autodiagnóstico para derivar a uno de los centros de operaciones para la emergencia. En una futura versión podría incluso no hacerlo, aunque es lo mismo que ocurre cuando uno llama al SAME desde su casa, que saben dónde está por el número de teléfono".

Ante la objeción de que se puede mentir en la declaración de los síntomas, contesta que ocurre lo mismo con cualquier declaración jurada: está dentro de la órbita de la responsabilidad individual, pero al Estado le conviene que más gente se autodiagnostique para no saturar las líneas telefónicas.

"Entiendo las dudas -subraya Garbervetsky-. Todas las preocupaciones son muy respetables y hay que tomarlas en consideración, pero no hay que perder el foco de cuál es el objetivo de esta aplicación: ayudar y de alguna manera tener un mecanismo para manejar el aislamiento administrado. La app es una herramienta para simplificarnos la vida, no para complicarla".

Por su parte, Roberto Etchenique, químico analítico de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, es categórico: "CuidAR tiene que ser obligatoria -afirma-. No se trata de salvarse de a uno, ni de imaginar que tenemos 'privacidad'. Muchas empresas privadas hoy tienen conocimiento de todos nuestros movimientos, y no es cierto que podamos elegir. La única forma de elegir es quedarnos sin acceso a internet ni a telefonía celular. ¿Y quien hace eso?"

Y concluye Fraire, "hacer público el código de CuidAR, resolver posibles vulnerabilidades y asegurar que los datos se almacenen transparentemente en el país parece estar entre los planes de la aplicación y ayudaría a generar confianza entre los usuarios. Inclusive, podría ser el puntapié inicial para funcionalidades más avanzadas como el rastreo de contactos digital. Más allá de los aspectos técnicos, resulta relevante abrir la discusión a la población a través de sus expertos para entender si la entrega de nuestros datos personales con el fin de controlar la pandemia es algo que todos estamos dispuestos a aceptar".

Por: Nora Bär
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