Degradación de ecosistemas: alertan sobre el peligro que representa para la humanidad

Hoy se da a conocer en París un informe sin precedente sobre el estado de la naturaleza; 145 científicos analizaron 15.000 trabajos y fue aprobado por representantes de más de 130 países
Hoy se da a conocer en París un informe sin precedente sobre el estado de la naturaleza; 145 científicos analizaron 15.000 trabajos y fue aprobado por representantes de más de 130 países
Martín De Ambrosio
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6 de mayo de 2019  

Un panorama horrible, pero aún en condiciones de ser revertido. Tras una semana de negociaciones y discusiones palabra por palabra en París , esa es la mezcla de información y sensaciones en las que se deja resumir el informe que dará a conocer hoy el Ipbes (siglas en inglés de Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services).

Dentro del panorama problemático y complicado para la subsistencia humana está el hecho central de que hay un millón de especies en riesgo de extinción, y cada vez hay más animales y vegetales en esa categoría. Las conclusiones, extraídas de unos 15.000 estudios, compilados por 145 científicos de cincuenta países, también incluyen que el 75% de los ecosistemas terrestres y el 66% de los marinos fueron alterados por acciones humanas; la degradación de tierras redujo su productividad en un 23%; las áreas urbanas se duplicaron desde 1992, y la contaminación por plásticos se multiplicó por diez desde 1980, entre otros puntos.

Lo que busca subrayar el Ipbes es que no se trata de la naturaleza como una abstracción: también la vida humana y sus posibilidades culturales se ven afectadas. "Estamos erosionando la propia base de nuestras economías, estilos de vida, la seguridad alimentaria, la salud y la calidad de vida en todo el mundo. La salud de los ecosistemas de los que nuestra especie y todas las demás dependen se está deteriorando más rápido que nunca", dice Robert Watson, presidente del Ipbes. El achicamiento, deterioro o extinción incluye también variedades de plantas y animales domesticadas.

El Ipbes es para la biodiversidad lo que el IPCC para el cambio climático: un organismo de base científica, multilateral y con participación de políticos y diplomáticos. Esta es la primera vez que realiza un informe así sobre el estado de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos con fundamentos en los cambios observados en las últimas cinco décadas y un rango de escenarios posibles para el futuro. Está planteado para los "decisores políticos" y tiene un resumen de unas cuarenta páginas, y subraya la importancia del conocimiento local y de indígenas para mantener esa naturaleza que ahora parece tan esquiva.

Dada su condición política y proactiva, el informe no olvida detallar que todavía queda espacio para la acción, pese a la multidegradación. Explicita que "no es demasiado tarde, si se trabaja a nivel local y global; la naturaleza puede ser conservada, restaurada y usada de modo sustentable". Y aclara que el cambio debe ser "fundamental, una reorganización amplia de sistemas en lo tecnológico, económico y social".

Menciona manejos integrados y acercamientos intersectoriales que tengan en cuenta los intercambios entre la producción de comida, la energía, la infraestructura, el agua potable y la conservación de la biodiversidad. Es interesante que también deja en claro la necesidad de "alejarse del actual y limitado paradigma del crecimiento económico", algo que se discute poco entre los economistas.

Si bien hay una relación entre la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, este ocupa el tercer lugar entre las causas que identifica el informe para la caída en la biodiversidad, después del cambio en los usos del suelo y la directa explotación de otros organismos por parte de los humanos. En cuarto lugar aparecen la contaminación y las especies invasoras, que se convierten en plaga (como los castores en Tierra del Fuego).

Presencia argentina

Sandra Díaz, la bióloga argentina que copresidió el reporte (junto con el alemán Josef Settele y el brasileño-norteamericano Eduardo Brondízio), mencionó ayer en diálogo con periodistas latinoamericanos que "se trata de un informe inédito en varios aspectos". Primero, porque -como el mencionado IPCC para cambio climático- tiene la aprobación de 130 gobiernos de todo el mundo. También por la cantidad de evidencia que lo respalda No es solo una mala noticia para el resto de la naturaleza, sino para todos. El informe documenta bien que todos los aspectos de la vida están en íntima dependencia, aun cuando vivamos en el piso sesenta de una capital. Desde la comida que ponemos en el plato hasta la continuidad de la vida cultural se ven afectadas", dijo Díaz, profesora en la Universidad Nacional de Córdoba e investigadora del Conicet.

Pero Díaz recalca también que este informe ofrece esperanza. "Si hay un cambio fundamental, hay posibilidad de un planeta justo y sustentable". ¿Se puede hacer ese cambio dentro del panorama global actual de relaciones sociales y de comercio? "Si seguimos así, no. Con las proyecciones a treinta años de los negocios tal como se hacen en la actualidad, no hay forma de cumplir con los objetivos de protección mínima de la biodiversidad, bienestar para todos y mitigación del cambio climático. Necesitamos cambios drásticos, no solo atacar los síntomas del problema. Por ejemplo, crear áreas protegidas, o restaurar, hay que hacerlo, pero no alcanza, hay que ir a la raíz, con cambios profundos en los modelos económicos, en el comercio, gobernanza, cómo organizamos el consumo y sus impactos colaterales. No hay opción; la otra es renunciar a la trama de la vida sobre la Tierra".

Fin de las sesiones: aprobación del informe y euforia

Tras cinco días de deliberaciones, en los que se revisó palabra por palabra la redacción del documento para tomadores de decisión, hubo euforia entre los participantes del evento que reunió a científicos y funcionarios en París. Se espera que este informe tenga un impacto comparable con el del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. En 2020 se celebrará en la ciudad china de Kunming la Convención Marco sobre Biodiversidad, que fijará los objetivos globales que habrá que concretar en las próximas décadas.

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