
Descubren cómo evitar el mal de Río Cuarto
Un trabajo de los científicos del INTA
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La genómica está cambiando no sólo la ciencia médica, sino también la agricultura. El Departamento de Biotecnología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) identificó los genes para la multiplicación del virus del mal de Río Cuarto, una enfermedad que sólo existe en la Argentina y que provoca pérdidas millonarias en los cultivos de maíz.
Este nuevo desarrollo del INTA permitiría en un futuro contar con semillas resistentes -existen variedades sólo tolerantes- contra esta enfermedad que en la campaña agrícola 1997/98 afectó hasta un 25 por ciento de los cuatro millones de hectáreas sembradas. El dato no es menor, dado que actualmente la Argentina es el segundo exportador del mundo (exporta por US$ 900 millones) y se ubica entre los primeros diez productores de maíz.
"Aislamos por primera vez en el nivel molecular el gen del virus. Por lo tanto, podemos caracterizar qué proteínas le permiten multiplicarse", explicó la doctora Mariana del Vas, que desde hace cinco años trabaja en el proyecto. Pero los científicos fueron aún más lejos y diseñaron una estrategia para obtener plantas transgénicas que resistan cualquier ataque del virus. Los desarrollos, que ampliarían el horizonte agrícola del país, según opinó el presidente de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), Oscar Domingo, ya fueron patentados por el INTA. "Esto no quiere decir que mañana tengamos las plantas. El desarrollo es totalmente original y encierra todos los requisitos para su patentamiento, porque obviamente hay una visión de rentabilidad, aunque eso dependerá de las empresas", consignó Del Vas.
El titular de la ASA -la organización que reúne a las principales firmas comercializadoras de semillas del país- sostuvo que "si esto se concreta en el aspecto comercial puede provocar un avance extraordinario del cultivo", pues significaría "la solución al problema más grave" del maíz en la Argentina.
Un mal de los años sesenta
La historia de la enfermedad se remonta a la década del sesenta, cuando algunos agricultores cordobeses advirtieron con desazón su presencia en la zona de Río Cuarto. Precisamente, esta zona más tarde le daría nombre al mal. Se trata de un virus que se manifiesta dependiendo de las condiciones agroecológicas del momento y se transmite a través de un insecto vector, denominado chicharrita en el ambiente rural. Resultado: las plantas que normalmente miden dos metros sólo alcanzan los 20 centímetros y los rendimientos son nulos. El virus aparece en algunos años con menor intensidad que en otros, aunque anticiparlo resulta todo un ejercicio de prestidigitación. De ahí, entonces, la importancia de este desarrollo alcanzado por el INTA.
"Sin duda, la principal condición limitante para el avance de este cultivo en el país ha sido el mal de Río Cuarto", consideró Domingo. Desde su laboratorio en Castelar, la doctora Del Vas reflexionó: "Hacer ciencia básica en un país subdesarrollado no es un lujo. Esta enfermedad no existe en otra parte del mundo y por lo tanto nadie se hubiese ocupado de estudiarla".






