
El desafío es lograr la comunicación
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La licenciada en fonoaudiología Silvana Veinberg es jefa del área de sordos e hipoacúsicos de la Dirección de Educación Especial de la provincia de Buenos Aires y conoce bien la problemática de la integración y el nivel de aprendizaje que alcanzan aquellos alumnos que tienen déficit de audición.
"En la provincia de Buenos Aires hay unos 5000 sordos de hasta 14 años -afirma Veinberg-. Allí no hay escuelas secundarias especiales: la política de integrar a los chicos con discapacidad en escuelas comunes supuso que si los sordos se preparaban bien durante la primaria podrían ingresar en una secundaria común ya recuperados. Sin embargo, sólo un 10% termina la primaria y, de ese 10%, el 14% finaliza la secundaria. Esto significa que la gran mayoría no tendrá bien incorporada la lectoescritura: serán analfabetos funcionales."
Para la fonoaudióloga, que no está de acuerdo con la rehabilitación únicamente oralista , el problema tiene solución: la incorporación del sistema que se utiliza en España, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y países escandinavos, que consiste en que los sordos e hipoacúsicos sean identificados lo antes posible y aprendan la lengua de señas (LSE), que varía de país en país.
"La primera lengua debe ser una lengua accesible para el sordo; es decir, una lengua visual -dice la fonoaudióloga-. Desde hace siglos, desde que los sordos se juntaron entre sí, desarrollaron sistemas lingüísticos visuales que les permiten comunicarse naturalmente, como a los oyentes la lengua oral. Cuando se le enseña a un niño sordo una lista de palabras sin una base lingüística anterior, es imposible que aprenda una lengua, que se aprende a través de interacciones con otros que la comparten."
Veinberg explica que en los países mencionados se incorporan sordos adultos en la casa de los pequeños (la mayoría de los bebes sordos son hijos de oyentes) y que ya a muy corta edad aprenden a comunicarse de un modo natural con ellos. A menudo, los padres incorporan también esta lengua.
"Y en forma simultánea -dice la especialista- aprenden la lengua oral y escrita como segunda lengua. En la primaria van a escuelas de sordos, aprenden los contenidos en lengua de señas, y el castellano oral y escrito como segunda lengua. Dentro de esta filosofía, los chicos hablan en lengua de señas con compañeros y profesores. No existe riesgo de marginación, porque la gente no vive sólo en las escuelas y los sordos también aprenden lengua oral y escrita..."
Para Veinberg, esta metodología permite la integración de sordos e hipoacúsicos a la secundaria o universidad. Y explica que en las escuelas de sordos el 80% de la currícula se orienta a que el chico aprenda a hablar. "¿Y qué padres mandarían a su hijo a la escuela sólo para que aprenda a hablar? -se pregunta-. La escuela no debería rehabilitar; para eso están los servicios de salud. La escuela es un lugar para aprender."






