
El negocio de divorciar la ética de la eficacia
Por Mariana Davidovich (*) Para LA NACION
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En Internet se suman los sitios dedicados a presentar la anorexia, la bulimia y otros desórdenes alimentarios no como enfermedades, sino como filosofías de vida.
¿Qué hay detrás de esto?
Básicamente, un enorme negocio.
Sus principales "clientes" son un grupo que parece casi diseñado a medida para ser captado por cualquier clase de intereses. Aun los peores.
Ese grupo siempre ávido de cuestiones nuevas son los adolescentes. Ellos recorren la vida con la pasión de ser "algo". Han perdido todos sus ejes identificatorios: ya no son niños, pero tampoco pueden sentirse adultos; sus cuerpos experimentan cambios día a día y están muy pendientes del espejo, de la imagen que de sí les devuelven los otros.
Si acceden a estos sitios, ¿todos se volverán bulímicos o anoréxicos? No necesariamente. Pero es muy probable que sí se sientan identificados con las "propuestas" quienes no sepan bien qué quieren, qué son y hacia dónde dirigirse. Serán terreno fértil especialmente aquellos con muchas dificultades para formar parte de un grupo de pertenencia, los que no estén afirmados en su relación con sus pares y con el sexo opuesto y también aquellos cuyas historias personales signifiquen especialmente en lugares donde los signos expuestos los hagan sentir representados.
Allí, participando de esa red virtual, pasarán a tener un nombre, ellos mismos y aquello que les pasa.
En tanto, silenciosamente, los que realmente arman estas trampas disfrutarán del trofeo: nuevos consumidores. Consumidores de "medicamentos", "tratamientos" y distintos tipos de "servicios", una auténtica industria vinculada con estos padecimientos.
Hoy asistimos a un divorcio profundo entre la ética y la eficacia. Estos sitios de Internet son eficaces porque logran captar adolescentes vulnerables que buscan pertenecen a un grupo. Pero esto se encuentra totalmente separado de la ética. La disyuntiva parece ser: o se piensa en sujetos que atraviesen la crisis de la adolescencia sin necesidad de meterse en patologías como la anorexia y la bulimia (u otras) o se piensa en la eficacia de captar adolescentes vulnerables y negociar con esto. Lo primero es ético. Lo segundo, simplemente eficaz.
Es posible trabajar con estos problemas sin recurrir a una pastilla mágica y sin poner cadenas a las heladeras, sino dejando que la palabra fluya. Ver qué mensaje existe detrás de ese "no comer" o "comer y expulsar lo que se come" y dar espacio a la verdad y el sufrimiento de esa persona.
La autora es psicoanalista y docente de Centro Dos ( www.centrodos.com.ar )






