
El país importa unos 100 millones de dólares de derivados de la sangre
Alcanzaría con que se separara y enviara el plasma de las donaciones que se realizan
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Fundado en 1965 por el presidente Arturo Illia con sus fondos reservados, el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC Hemoderivados) enfrenta, todavía hoy, el desafío de abastecer con estos productos de la sangre a todo el país. Actualmente, se compra cerca del 80% de los hemoderivados en el exterior. Son importaciones por unos 100 millones anuales.
En las condiciones tecnológicas en que se encuentra hoy, el laboratorio podría responder a todas las necesidades argentinas de albúmina y gammaglobulinas (utilizadas, fundamental y respectivamente, para grandes hemorragias y problemas inmunitarios). Pero enfrenta un problema: su materia prima es el plasma, obtenido de la sangre. Es un producto bastante preciado, ya que para quedarse con un kilo hacen falta 5 unidades de sangre.
En teoría, y si se cumpliera con lo que prevé la ley de sangre (los bancos están obligados a enviar el plasma al laboratorio cordobés) el millón y medio de donaciones anuales de nuestro país permitirían obtener 300.000 litros de plasma, y debería alcanzar para fabricar todos los hemoderivados. Pero Córdoba recibe sólo 50.000 kilos, porque de los 745 bancos de sangre sólo 280 envían su plasma.
Empresa estatal de autogestión
"La nuestra es una empresa estatal sin fines de lucro -explican el licenciado Daniel Giacomino, director ejecutivo del laboratorio y el doctor Jorge Zarzur, director de planta-. Trabaja el personal universitario y con la venta de nuestros productos prácticamente nos devolvemos los salarios... Somos el único laboratorio de esta envergadura en el país y el más grande de América latina." En los últimos diez años, UNC Hemoderivados afirma haber crecido: mientras en 1990 fraccionaba 10 mil kilos de plasma por año, de 50 mil donaciones de sangre, hoy recibe 50.000 kilos de la Argentina y 20.000 de Chile y Uruguay, ya que la planta es un centro regional de fraccionamiento.
"El producto más importante siempre fue la albúmina -dicen Giacomino y Zarzur-. En los últimos tres años lanzamos las inmunoglobulinas y en poco más de un año tendremos tecnología adecuada para producir factores de coagulación, utilizados en casos de hemofilia, gracias a un crédito de 350.000 dólares que nos otorgó el Fondo Tecnológico Argentino (Fontar). Nosotros agregamos 150 mil."
En diez años, la planta aumentó su producción de albúmina siete veces. Ahora cubre el 60% del mercado local y un 25 a 30% de gammaglobulinas. Pero mientras en el primer caso el laboratorio procesa todo el plasma que le llega, fabrica albúmina y la vende integralmente, con las gammaglobulinas ocurre otra cosa.
"El problema es que muchos hospitales no nos compran y por eso no producimos más -explican los funcionarios-. Hay hospitales que piden en los pliegos de licitación que los oferentes tengan trabajos en revistas internacionales con referato... Tenemos trabajos, pero en el nivel local. Los otros llevarán más tiempo."
Así las cosas, Córdoba no compite en las licitaciones. ¿Consecuencia? Se eleva el precio del producto, porque los otros laboratorios saben que Córdoba no juega ."Teniendo producción nacional cantidad y calidad adecuadas actuamos como reguladores del precio. Y, de hecho, la albúmina y las inmunoglobulinas bajaron a partir de nuestros productos", aseguran.
Ese plasma que no llega
Los especialistas cordobeses afirman que los bancos de sangre no envían su plasma, en la mayoría de los casos, por falta de tecnología para separarlo de la sangre. Además, es usado para transfusiones en lugar de la albúmina. En estos casos, se utiliza más del doble de plasma.
Por otra parte, parece una utopía que -aun cuando se disponga de la nueva tecnología- los bancos de sangre argentinos envíen los 250.000 mil kilos de plasma fresco congelado imprescindibles para elaborar factores de coagulación: en la mayoría de los muchos bancos locales no es posible procesar de este modo el plasma.
"Lo lógico es imitar a los países más avanzados-dicen Giacomino y Zarzur-, donde existen pocos y grandes bancos de sangre. Están creados y pensados para ofrecerle al donante, que en la mayoría de los casos es voluntario y altruísta, el mejor confort y atención. Esos bancos reciben la sangre, toman los componentes y los envían luego adonde sean necesarios. Es el modelo que acá intenta aplicar, y con importantes logros, la provincia de Buenos Aires."
Un extraño anuncio italiano
Nadie es profeta en su tierra, dice el refrán. Y una vez más se repite. Al menos, es lo que sintieron el 12 de este mes los directivos del Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad de Córdoba. En un matutino porteño leyeron que una empresa italiana inauguraría en la ciudad de Buenos Aires una planta de hemoderivados.
Pero la respuesta oficial no se hizo esperar. "Soy el máximo responsable en el nivel nacional del tema de la sangre y estoy en condiciones de afirmar que no existe ningún convenio firmado con ninguna empresa hasta el día de hoy para instalar una planta de este tipo en la Argentina", dijo el secretario de Políticas y Regulación Sanitaria, doctor Héctor Moguilevsky, que depende del Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación.
La empresa italiana (cuyo representante fue contactado por La Nación , pero no respondió a los mensajes) existe, e integra el Grupo de Trabajo Proyecto Plasma, donde intervienen también funcionarios argentinos.






