
El riesgo quirúrgico en la Argentina está en rangos aceptables
Así lo afirman distintos especialistas
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Sólo la idea de entrar a un quirófano provoca mil y un temores. Sin embargo, las cifras de mortalidad durante cirugías colocan a nuestro país dentro de los rangos aceptables.
En los años sesenta, ocurría un accidente anestésico por cada 1500 cirugías. En los setenta, esa cifra pasó a un accidente por cada 10.000 anestesias, mientras que en 2000 ocurrió una muerte por cada 50.000 cirugías, según la literatura disponible.
"Hoy, es más riesgoso cruzar la avenida 9 de Julio que entrar a un quirófano con anestesia general", sostiene el doctor Alberto Torrieri, director del posgrado de Médico Especialista en Anestesiología de la Universidad de Buenos Aires, que se dicta en la sede de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba).
La disminución del riesgo quirúrgico, señala, se debe a que los enfermos reciben una mejor preparación quirúrgica, los anestesiólogos están mejor preparados y a que existen drogas y monitores que permiten un control más minucioso del paciente durante la intervención.
"El riesgo quirúrgico no sólo involucra el estado físico del paciente, sino también la pericia del equipo que realiza la cirugía (ya que no es lo mismo operar tres pacientes por mes que por día), y la asepsia del quirófano -dice-. Muchos médicos confunden riesgo quirúrgico con estado físico únicamente."
Las contingencias que se pueden sufrir dentro de un quirófano son multifactoriales: influye desde la edad y la patología, hasta las condiciones bajo las que se suministra la anestesia y la habilidad del cirujano. "Dentro de los países latinoamericanos, la Argentina está muy bien posicionada en morbimortalidad", afirma el doctor Jaime Wikinski, asesor de la Aaarba sobre mala praxis en anestesiología. "No me compararía con países como los Estados Unidos o Francia, porque están mejor dotados y hacen un estricto seguimiento del ejercicio profesional", dice.
Como fantasmas
Pero a pesar de todas estas seguridades, los temores acechan al paciente como fantasmas. ¿Despertará de la anestesia general? ¿Cómo cambiará su vida después de la intervención? ¿Es suficiente la cantidad de estudios pedidos para conocer con certeza el riesgo quirúrgico?
Toda cirugía implica un riesgo en sí. "En medicina, los principios generales se fijan sobre la base de casos particulares -señala la abogada Vanesa Di Cataldo, especialista en mala praxis-. Esto explica que en algunos casos existan resultados no satisfactorios a pesar de haberse empleado los mismos medios que en la mayoría de los cuadros tratados. El riesgo quirúrgico de toda intervención obedece a múltiples factores imposibles de prever."
Ese riesgo, para la abogada, es asumido por el enfermo y no por el profesional. "La cirugía es un procedimiento invasivo en sí, por lo que los dos grandes errores son, primero, las operaciones innecesarias y, segundo, realizar operaciones mayores cuando no se está calificado", señala. Entre los casos más habituales están: confundir a un paciente con otro o el miembro por operar, errores de anestesia, caídas de la camilla o retención de cuerpos extraños, como gasas, pinzas, tijeras...
En la evaluación del riesgo quirúrgico, no sólo tiene voz el cirujano, sino también otros especialistas, incluidos los anestesiólogos. Y en ese proceso, el debate está en la cantidad de estudios necesarios para conocer los antecedentes familiares, clínicos y quirúrgicos del paciente.
"Lo que varía más que nada es la idea de limitar la cantidad e ir sólo a lo que se cree más necesario para el paciente", explica el doctor Héctor Dacoff, coordinador del Capítulo de Normas y Seguridad en Anestesia de la Federación Argentina de Asociaciones de Anestesia, Analgesia y Reanimación, y médico principal del Servicio de Anestesiología del hospital Garrahan.
"Lo que cambió mucho el panorama es el manejo intraoperatorio con tecnología disponible en la mayoría de los centros de alta complejidad, que nos permite monitorear una mayor cantidad de parámetros", agrega.
Además de los estudios de laboratorio, en toda evaluación se debe realizar un examen físico, que delata cuestiones como si el paciente puede presentar problemas en las vías aéreas durante la cirugía, y un interrogatorio clínico sobre enfermedades anteriores y antecedentes familiares.
Con los resultados de esta rutina, se cataloga al paciente en cinco clases ASA, sigla en inglés de la Sociedad Estadounidense de Anestesiólogos. Un paciente valorado ASA 1 es "sano y normal" para atravesar una cirugía sin consecuencias; mientras que otro ASA 5 tiene fallas en varios sistemas u órganos al entrar a la sala.
"En nuestro país, se pueden hacer intervenciones quirúrgicas de cualquier complejidad, con resultados equiparables con los del resto del mundo", dice Dacoff.
También los chicos
Según el Consenso en Evaluación y Preparación Prequirúrgica, realizado por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), el procedimiento para establecer el riesgo quirúrgico infantil es similar al de los adultos.
La SAP considera indispensable un hemograma con recuento de plaquetas para detectar anemia, dos pruebas de coagulación (Quick y Kptt) para evaluar el riesgo de sangrado y un electrocardiograma por un cardiólogo infantil.
"Son muy importantes los antecedentes familiares de sangrado", dice la pediatra Nélida Valdata, secretaria de Educación Continua de la SAP y miembro del equipo que redactó el consenso. A partir de la preadolescencia, los chicos ya participan en el interrogatorio prequirúrgico, en el que se tienen muy en cuenta las vacunas según la edad.
"Existe la fantasía de que si la persona se hace más análisis, estará más tranquila -dice-. El examen clínico y los estudios básicos recomendados son suficientes; si se detecta algún riesgo en los antecedentes, se harán otros." A esto se suma la preparación emocional y mental. "Entrar en un quirófano es estresante y una evaluación psicológica ayuda a conocer cómo el chico enfrentará la cirugía, además de su nivel de comprensión", explica Valdata. "Toda cirugía tiene sus riesgos y esto es parte de los accidentes quirúrgicos -insiste la pediatra-. Y no porque se hagan más estudios, eso logrará evitarse."






