
Jóvenes: al 70% no le gusta su cuerpo
Si bien los trastornos alimentarios son más frecuentes entre las mujeres, también los varones los sufren
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María Soledad recién ha terminado de almorzar. Sentada con las manos sobre las rodillas, traza dibujos imaginarios con el dedo índice sobre su jean, y sus ojos verdes se vuelven más grandes al hablar.
"Yo sé que esto es difícil de entender, que parece un capricho -explica-. Peso equis kilos, observo a chicas que pesan lo mismo y las veo reflacas... Pero cuando me miro yo al espejo me veo gorda. Es increíble, hay que padecerlo para comprender. Uno no se puede ver como realmente es..."
María Soledad, de 24 años, ex estudiante de Odontología (cursó hasta 3er año y proyecta comenzar Farmacia), realiza un tratamiento para recuperarse de la anorexia. Llegó hace 10 meses al Hospital de Día para Trastornos de la Conducta Alimentaria que funciona en el Pabellón Central del 3er piso del hospital José T. Borda.
Sí, el mismo hospital que a tantos molesta o impresiona porque es sinónimo de enfermedad mental -que tanta marginación, dolor y estigma social produce- es sede de un servicio público y gratuito único en su tipo, dependiente de la Red Interhospitalaria de Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Secretaría de Salud Mental del gobierno porteño.
Los adolescentes y jóvenes con anorexia o bulimia concurren a diario o varias veces por semana allí, entre las 8 y las 14, realizan una colación y almuerzan y son atendidos por un equipo multidisciplinario: psiquiatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales, nutricionistas, enfermeros, médicos clínicos y sociólogos.
La visión sociológica permite no perder de vista la impronta cultural de estos trastornos, que aumentan al compás del desarrollo del consumo y de los nuevos ideales de belleza en las culturas urbanas y occidentales.
"Los trastornos alimentarios aparecen durante la adolescencia y la primera juventud en personalidades endebles, frágiles. A veces tener bulimia o anorexia significa adquirir una identidad", explica el doctor Humberto Persano, jefe del servicio.
Persano, psiquiatra y psicoanalista, indica que este tipo de trastornos se incluyen dentro de las patologías del narcisismo, es decir, una excesiva preocupación y dependencia hacia la imagen, y por lo que puedan opinar los otros.
Los motivos que explican por qué alguien rechaza la comida (ya sea no comiendo o eliminando lo que ha comido) han dado origen a miles de páginas de bibliografía, pero nadie tiene la última voz. "Los trastornos alimentarios son predominantemente femeninos, en un 90% -dice el psiquiatra-. Ocurren en todas las clases sociales, porque el modelo que se difunde traspasa las fronteras sectoriales y el hecho de que aparezcan en jóvenes que ya vienen con déficit nutricionales por falta de una buena alimentación agrava el panorama, ya que seguramente estarán en riesgo de desnutrición severa más rápido."
El especialista señala que al llegar la pubertad las niñas deben aceptar cambios contundentes en su cuerpo y que esto puede resultar amenazante si no están contenidas en el nivel emocional. "Y pretender un ideal de apariencia al que quieren llegar, y toda la vida se condiciona detrás de eso, pero ese ideal nunca se alcanza."
Detrás de lo imposible
El experto afirma que en tanto la anorexia es más frecuente hasta la pubertad, desde la adolescencia en adelante es la bulimia el trastorno más habitual. Las dificultades comienzan en forma larvada, pero hay dos indicadores que deben llamar la atención: expresar disconfort con el cuerpo e iniciar alguna dieta autoadministrada, indicada por la amiga o la revista de moda. Entre los varones es más común la dismorfofobia .
"Que consiste -dice Persano- en una obsesión por alguna parte del cuerpo. Por ejemplo, que le falte medio centímetro de bíceps, o que no le guste su nariz, sus piernas... Un varón obsesionado por su cuerpo, aunque no tenga trastornos de la conducta alimentaria, está en riesgo." Persano agrega que un enemigo siempre al acecho es la depresión.
"Siento hambre afectiva -dice Enrique, de 21 años, que estudia Psicología y viene al Hospital de Día desde febrero-. Tengo bulimia. ¿El motivo? No saber cuál es el motivo... Es angustia, sensación de que me falta algo, vacío... Desde que vengo me siento mucho mejor. Valoro enormemente la terapia familiar, porque en mi casa hay problemas. Pinto, escribo, ahora descargo por ahí..."
Como uno de los pilares del tratamiento (que se extiende un año e implica supervisiones luego del alta) es ayudar a que los jóvenes se interesen por algún otro tema que exceda el trastorno, el servicio cuenta con talleres de cine, cultura, terapia ocupacional, convivencia, familia, grupos terapéuticos, además de abordajes individuales terapéuticos y reunión para padres, para que mejoren su propia relación con la comida y transmitan eso a los hijos.
Periódicamente se realizan otros talleres. El próximo será de cocina, donde los jóvenes aprenderán a prepararse la comida, además de ayudar a poner la mesa y lavar los platos, que es la forma en que se ayudan día tras día a comer con alegría.
Espejos tiranos
- Entre el 1 y el 3% de los adolescentes y jóvenes tienen trastornos alimentarios.
- Están en mayor riesgo los hijos muy exigidos, pero cuyos padres son distantes y, por ejemplo, no comen en familia.
- El servicio del Borda atiende por el 4304-2305 int. 308. Ramón Carrillo 375, 3er piso






