
La anorexia, en la antesala del quirófano
Cada vez son más frecuentes las consultas de personas con desórdenes alimentarios que solicitan una cirugía estética
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La anorexia y la bulimia, esos dos trastornos alimentarios que se han vuelto motivo de conversación obligado a raíz de la muerte de dos famosas modelos brasileñas, salen a la luz cada vez con más frecuencia en el consultorio del cirujano plástico, adonde quienes los padecen acuden en busca de un recurso más para alcanzar una siempre escurridiza e inasible idea de perfección corporal.
"Cada vez es más frecuente en los consultorios las demandas de cirugías plásticas por parte de jóvenes y no tan jóvenes que cursan otras enfermedades o trastornos psicológicos como depresión, síndrome dismorfofóbico, adicciones y, aún más frecuentemente, anorexia y bulimia", dijo a LA NACION el doctor Jorge Pedro, miembro titular de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires.
El problema es que, advirtió este especialista en cirugía plástica, la anorexia y la bulimia pueden dar lugar a complicaciones durante y con posterioridad a la intervención. "Operar a una anoréxica o bulímica que no está en tratamiento es una bomba de tiempo -aseguró el doctor Pedro-. Si están malnutridas o atraviesan una crisis depresiva, llegan con las defensas bajas [lo que predispone a infecciones] y pueden tener diversos problemas en el posoperatorio, como por ejemplo alteraciones en la cicatrización."
La creciente consulta de mujeres con estos trastornos de alimentación -que se caracterizan por una distorsión de la imagen corporal, que lleva a buscar el descenso de peso, aun cuando la persona se encuentra por debajo de un peso saludable- llevó a este cirujano a incluir en el consentimiento informado que las pacientes deben firmar antes de operarse la pregunta: "¿Ha padecido o padece anorexia y bulimia?".
En su primera entrevista, Paula, hoy de 33 años, contestó que sí. "Comencé con la anorexia a los 14 años, y llegué a pesar 39 kilos [con una altura de 1,64 metros], y muchas veces pensé en someterme a una cirugía para sacarme costillas y verme aún más delgada", contó esta abogada santafecina a LA NACION.
Hoy, Paula dice estar estable, lejos de la enfermedad, lo que no significa estar curada. "Sigo en tratamiento porque la anorexia no se cura nunca -aseguró-, pero pude superar el fantasma de la comida."
Recientemente, Paula se sometió a una cirugía plástica, pero no para seguir desfigurando su cuerpo en busca de una delgadez incompatible con la salud, como planeaba años atrás. "Me puse lolas para verme más agradable, más femenina -dijo-. Todo lo contrario a lo que buscaba en la anorexia, por lo que quería ser una tabla, ser amorfa."
Lo que sale a la luz
Para el doctor Pedro, el aumento de las consultas por cirugías plásticas realizadas por pacientes bulímicas y anoréxicas es un fenómeno que va de la mano de la cada vez mayor accesibilidad de esta especialidad. "Las cirugías estéticas han dejado hace años de ser sólo para una elite -dijo-. Hoy, las prepagas cubren las consultas y las cirugías se realizan en el ámbito público, con lo que es mucho más fácil acceder al consultorio del cirujano plástico."
Este boom de las cirugías plásticas, sostiene Pedro, está detrás del creciente número de personas que llegan a la consulta escondiendo trastornos de la alimentación o de la imagen corporal, como las dismorfofobias, en virtud de las cuales las personas están obsesionadas con algún rasgo físico que consideran insoportable.
"Estas pacientes que se ven gordas aun estando por debajo de un índice de masa corporal saludable y solicitan una lipoaspiración, o que teniendo un cuerpo que reúne todos los parámetros de estética y armonía quieren cambiarlo, hacen que el cirujano plástico deba extremar su ojo clínico para eventualmente descubrir alguno de estos trastornos", señaló Pedro.
Trastornos como la anorexia y la bulimia pueden incluso sospecharse a través de los resultados de algunos de los estudios de laboratorio que se piden antes de someter a una persona a una cirugía estética o de cualquier tipo. "En los análisis de sangre de personas con trastornos alimentarios se pueden encontrar niveles muy bajos de potasio (que pueden ser mortales, por llevar al paro cardíaco) o de proteínas, que revelan la presencia de un estado de desnutrición", dijo Pedro.






