
La Argentina exporta ratones transgénicos creados en el país
Permiten estudiar afecciones psiquiátricas y neurológicas
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Científicos argentinos han inaugurado un nuevo rubro en materia de exportación en el país: ratones. Pero no de cualquier tipo, sino ratones modificados genéticamente -también llamados transgénicos-, que resultan de gran utilidad para el estudio de enfermedades neurológicas o psiquiátricas, como el mal de Parkinson, el déficit de atención con hiperactividad, la esquizofrenia o la adicción a las drogas.
"Estos ratones de exportación permiten estudiar el sistema de neurotransmisión de dopamina y noradrenalina desde el punto de vista neuroanatómico, electrofisiológico, neuroquímico y comportamental", explicó el doctor Marcelo Rubinstein, director del laboratorio del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi), donde fueron desarrollados los ratones transgénicos.
A la fecha, más de 15 prestigiosas instituciones de investigación norteamericanas e inglesas han solicitado al Ingebi el envío de estos sofisticados modelos animales de experimentación. Hasta ahora, los científicos argentinos han cumplido con un envío al Instituto Nacional del Genoma de los Estados Unidos (donde fue secuenciado el genoma humano), y preparan otro cargamento para el Instituto de Investigación del Cáncer de Inglaterra.
"Hay que destacar que el desarrollo de los ratones fue realizado por estudiantes de doctorado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y financiado por becas doctorales del Conicet -comentó a LA NACION el doctor Rubinstein-. Estos chicos ven que sus posibilidades de hacer ciencia en la Argentina son muy pequeñas, aunque este tipo de cosas muestran que aún se puede."
Th-Cre es el apodo de estos ratones de exportación, y son estas siglas las que hacen referencia a las modificaciones genéticas a las que han sido sometidos. "Sus neuronas encargadas de producir dopamina expresan una enzima llamada cre a través de un promotor de la tirosina hidroxilasa ", explicó en lenguaje críptico Rubinstein.
En otras palabras, estos ratones, al cruzarse, dan lugar a una progenie sin ciertas porciones del ADN de las neuronas productoras de dopamina, un neurotransmisor que aparece alterado en enfermedades como el mal de Parkinson o el déficit de atención con hiperactividad, entre otras. "Esta suerte de minas explosivas genéticas permite a los investigadores ver qué pasa en las neuronas de los ratones cuando se borra tal o cual gen", agregó Rubinstein.
Sin fines de lucro
Los ratones fueron desarrollados entre 2001 y 2003 por los becarios doctorales Daniela Noaín, María Elena Avle y Diego Gelman, en el Ingebi, en colaboración con tres licenciados en ciencias biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Pero una vez listos para comenzar a cumplir con los pedidos recibidos desde el exterior, los científicos debieron resolver diversas cuestiones técnicas y legales, ya que ésta era la primera vez en que la Argentina exportaba animales modificados genéticamente.
"Es importante destacar la tarea fundamental de Norberto Malarini, técnico principal del Conicet encargado de importaciones, quien junto a los profesionales de Senasa logró que los ratones fueran admitidos en los Estados Unidos", apuntó el doctor Rubinstein.
El primer envío al Instituto Nacional de Genoma constó sólo de ocho especímenes, ya que, como explicó el biólogo, "la idea es que ellos armen una colonia a partir de estos animales, que ya se reprodujeron al poco tiempo de llegados".
De aquí en más, los envíos a los Estados Unidos se harán con un intermediario. Los investigadores del Ingebi firmaron un convenio con los Institutos Nacionales de Salud (NIH), organismos de referencia en materia de investigación en los Estados Unidos, para que se encargaran de la distribución de los ratones transgénicos argentinos en ese país.
Rubinstein aclaró que el Ingebi no ha recibido dinero a cambio de los ratones: "Son exportaciones académicas sin fines de lucro, en las que los destinatarios son instituciones científicas públicas -dijo-. Para nosotros es un reconocimiento que los mejores centros de investigación del mundo, a los que estamos acostumbrados a pedirles herramientas biológicas sofisticadas, sean los que nos piden estas herramientas a nosotros".






